José C. Paz: que el Estado garantice una casa para Teresa y sus hijos

Escribe Catalina Díaz

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Teresa es una compañera del barrio La Base-Néstor Kirchner, de José C. Paz. Junto a otras vecinas y vecinos, sostienen comedores y se organizan en asambleas. En enero pasado, la ex pareja de Teresa quemó la casa donde vivían ella y sus hijos, luego de que ella decidiera separarse por reiteradas situaciones de violencia. Para la justicia, no habría pruebas suficientes para dictaminar que la ex pareja fuera culpable y sólo dictó una orden de restricción.

Hace dos meses, en asamblea, los vecinos votaron un pliego de reivindicaciones y la necesidad de movilizar al municipio y hacer piquete hasta arrancar al estado lo que necesitaba el barrio: alimentos, vacunas, postas sanitarias, anticoncepción. Además, votaron exigir lo necesario para que Teresa y sus hijos tengan una casa y la asistencia que necesiten. En esa movilización arrancaron partidas alimentarias para los comedores, el compromiso de vacunación y postas sanitarias. En cuanto a Teresa y su familia, le otorgaron vales para un corralón de construcción y la promesa de que la llamarían por la asistencia psicológica. Cuando fue a cambiar los vales, resultó que no tenían respaldo y la asistencia consistió en una sola llamada. Lejos de quedarse de brazos cruzados, los vecinos movilizaron a 197 y Panamericana junto a otras organizaciones para poner en agenda todos los reclamos de los barrios.

Ahora el municipio le dice que no podrán otorgarle lo que necesitan para su vivienda ya que se encuentra en “terreno tomado” y el municipio, dicen los funcionarios, “no puede fomentar que la gente viva gratis”. Está claro que el acceso a la vivienda no es prioridad para el distrito con mayor cantidad de asentamientos del conurbano, donde la cuarentena debutó con la represión a los vecinos que peleaban por un pedazo de tierra para construir una casilla.

Teresa no ha dejado de sentir en carne propia la desidia del estado. Ella y sus hijos llegaron al barrio La Base escapando de su anterior marido, que también los violentaba, y la justicia tampoco se hizo eco de sus reiteradas denuncias.

El estado es totalmente responsable de la situación que viven Teresa y miles de mujeres que sufren violencia a manos de sus parejas. La asistencia inmediata y el cuidado de la vida de mujeres y niños que se encuentran en peligro no está en la agenda de ningún gobierno. Al contrario, el golpe a las condiciones de vida de las familias obreras aumenta, aumenta la miseria y con ello la descomposición social que termina en el peor de los casos con la vida de las mujeres.

La falta de un trabajo genuino y vivienda propia nos pone a las mujeres en una situación de vulnerabilidad. Las pocas casas refugios que existen no tienen las condiciones para albergar a las compañeras; las denuncias (cuando son tomadas) y las perimetrales no solucionan nada. Las mujeres violentadas se encuentran totalmente libradas a su buena suerte.

La única salida que tenemos las mujeres es organizarnos contra todo tipo de violencia y por nuestros reclamos. Discutamos en asambleas las reivindicaciones y salgamos a las calles, como lo hacen las compañeras del Barrio La Base.

Desarrollemos una campaña para que Teresa y sus hijos tengan un hogar y asistencia psicológica de verdad. El estado debe garantizar su integridad física. Teresa no puede esperar: su propia experiencia le ha demostrado que solo con organización y lucha podemos arrancar al estado lo nuestro.

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