Berni y la “policía local”

Escribe Ana Belinco

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Transcurrida una semana de la asonada policial en la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni salió a la crisis, asegurando que la fuerza está “tranquila". “Esta crisis fue de la policía local”, apuntó el sheriff. Dejó declarada de este modo una guerra entre Kicillof, él y CFK, de un lado, y los intendentes que no llamó por su nombre personal, del otro.

Las policías locales fueron creadas bajo la gobernación de Daniel Scioli. Tienen como función exclusiva una seguridad que debiera ser preventiva o de ‘proximidad’ en los municipios. El curso de formación de oficiales dura dos años y contempla un tramo de formación teórico-práctico y un espacio de pasantía-práctica profesional. Cuenta con una beca, y una cursada obligatoria. En los hechos, distintas miradas coinciden en denunciar un reclutamiento dudoso, un entrenamiento exprés de seis meses, la entrega de un arma sin práctica de tiro y salarios de miseria, como se supo a raíz de la chirinada. Si para muestra basta un botón, el policía Chocobar es un exponente de esta sub policía municipal.

El intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde -con quien Berni viene enfrentándose desde hace meses, pese a pertenecer ambos al Frente de Todos-, salió en defensa de la institución y de los “barones” del conurbano. “La enorme mayoría de los intendentes creemos en el sostenimiento de las Policías Locales: nosotros estamos en el territorio, representamos a los vecinos y ellos quieren una policía de proximidad”.

Por más que Berni quiera bajarle el precio a la asonada policial, ésta dejó en evidencia una enorme crisis de gobernabilidad en el distrito más importante del país. De otro lado se extienden las tomas de tierras, los reclamos de trabajo genuino y alimentos, la lucha por el esclarecimiento de la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo Castro y de más del centenar de casos de gatillo fácil desde que comenzó la cuarentena.

El gobierno del Frente de Todos exhibe una gobernabilidad precaria y trae bajo el brazo la agenda antiobrera que implicará el acuerdo con el FMI, un bidón de nafta a una situación social y política explosiva. Los políticos de la burguesía debaten la orientación de un aparato represivo cuestionado hasta la médula por su descomposición sin atenuantes y su entrelazamiento con el delito.

Está a la orden del día un frente único de lucha de todos los trabajadores por una salida independiente para nuestra clase y en defensa de las libertades democráticas.

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