Acerca del pseudo congreso del Partido Obrero oficial

Escribe Jorge Altamira

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El reciente congreso organizado por el aparato del Partido Obrero oficial ha sido una farsa.

Por lo pronto, no incluyó en su temario la expulsión de 372 militantes (que luego se convirtieron en 1.200) por un puñado de ´dirigentes´, efectuada a la sombra de un sábado a la noche de finales de junio de 2019. De acuerdo a los estatutos del PO una determinación semejante es atribución irrevocable del congreso del partido, con la admisión del derecho a la defensa de los militantes excluidos. La amputación de esta facultad política del congreso es, por sí misma, un reconocimiento de que el PO oficial ha dejado de ser un partido para convertirse en un aparato. Para el registro, señalemos que la expulsión fue repudiada de inmediato en las redes por un miembro destacado del Comité Nacional. Como agravante, si cabe, entre los expulsados figuran tres miembros suplentes del Comité Nacional, electos en el congreso precedente.

El desconocimiento al derecho (y también la obligación) a la soberanía del congreso para decidir sobre esta cuestión es una violación de principios al centralismo democrático como método político estratégico de construcción de un partido socialista. Es claro que la intención ha sido evitar la reapertura del debate público de estas expulsiones, incluido el derecho a que los compañeros expulsados ejerzan su defensa política, incluso públicamente. Estamos ante un aparato que ha buscado blindar su propia impotencia y que aborrece de la discusión política abierta. En este sentido, el congreso ha clarificado las diferencias entre el aparato y lo que hoy constituye el Partido Obrero (Tendencia). Es importante señalar que desde la fecha de la expulsión se han producido nuevos desarrollos, en primer lugar, en el Polo Obrero y en la UJS. Regionales enteras y varios agrupamientos han pasado del oficialismo a la Tendencia. Un debate franco no habría podido soslayar este proceso. Otro aspecto es que un número indeterminado de compañeros han dejado de militar, lo que expone el retroceso ulterior que ha sufrido el oficialismo y, por otro lado, el carácter eminentemente político de la crisis. La ´irregularidad´ estatutaria del procedimiento del congreso muestra, entonces, el carácter liquidacionista del aparato en lo que tiene que ver con desarrollar un partido revolucionario de la clase obrera.

En línea con lo anterior, no se ha hecho público ningún balance con relación a otros aspectos relevantes de esta crisis del partido. Nos referimos al auxilio solicitado al poder judicial para intervenir regionales del partido que adhirieron, por un voto de mayoría, a la Tendencia. Este recurso a la intervención del estado convierte en una falacia, para decirlo con suavidad, la pretendida “independencia política” de la que se jacta el aparato. Poco falta para que nos preguntemos cómo fallaría, en última instancia, la Corte – de qué lado Rosenkrantz y de qué lado Lorenzetti o Maqueda. Como se dice con frecuencia, el aparato ´judicializó´ la política. Esta judicialización tuvo el efecto inesperado de poner al descubierto que la dirección legal del partido ha sido atribuida a un grupo familiar, que por esta razón se ha hecho cargo de las intervenciones. En resumen, este enorme paquete político ha sido sustraído al congreso, el representante real del partido mismo. Estamos ante una cuestión política de primera magnitud, porque tiene que ver con la naturaleza del partido y, en definitiva, con la naturaleza del poder político que este partido opone al estado burgués, o sea con el carácter que atribuye a un gobierno de trabajadores y a la transición política al socialismo. La indiferencia o el desinterés por estas cuestiones tipifica precisamente a un aparato. ¿Qué clase de vanguardia obrera puede desarrollarse con este método de evasiones?

En el lapso transcurrido desde las expulsiones, unos y otros tuvimos también la oportunidad de poner en evidencia la mayor o menor trascendencia de las posiciones políticas respectivas. El congreso oficial no ha ofrecido, sin embargo, un balance político del apoyo brindado a Capitanich para la sanción, primero, del Presupuesto de Chaco y, después, para una legislación de venta de tierras fiscales. ¡Nada menos! Habría que ver qué opinan los trabajadores de Guernica acerca de este descomunal despropósito. El congreso debió haberse pronunciado acerca de si compartía el planteo de que estas conductas habían sido ´errores´ repetidos de la organización partidaria en la provincia. No se conoce tampoco que el congreso se hubiera pronunciado acerca del voto a la legislación pro-sionista en la Legislatura y acerca del ´error´ que reconoció luego el “equipo parlamentario” (sic), y menos aún a la visita a la embajada de la Autoridad Palestina, para hacer profesión de fe a la “causa palestina”, que esa Autoridad pisotea al actuar como policía política de los servicios de seguridad del sionismo. Tampoco hay nada acerca del voto a la ´emergencia alimentaria´, en el congreso nacional, que marcó el primer acuerdo de la transición entre la coalición fernandecista, de un lado, y la del macrismo, del otro. Ahora bien, la adaptación parlamentaria al estado, por parte del aparato, ha sido una de las diferencias marcantes entre el oficialismo y la Tendencia antes de las expulsiones, como, para dar un ejemplo, el voto por la ley Micaela, que confiere al estado burgués y clerical la formación en la perspectiva de género de la burocracia estatal, incluida la policía, los servicios de seguridad y los militares.

Crisis histórica del PO

Lo señalado hasta aquí es un juicio severo e irrefutable acerca del aparato que ha usurpado al Partido Obrero, pero no es sino la introducción a la cuestión fundamental. Las expulsiones masivas y sumarias han desatado una crisis histórica del Partido Obrero. Constituyen un golpe brutal al desarrollo de una vanguardia revolucionaria en Argentina y también en el plano internacional. El aparato lo caracteriza como un progreso. Por eso ha abordado con un método de ´ajuste de cuentas´ una diferenciación política al interior del partido, que requería la discusión política más amplia y el involucramiento de los partidos que defienden la refundación de la IV Internacional. El congreso no cumplió con su obligación de discutir las expulsiones porque ello lo hubiera obligado a reconocer esta crisis histórica y a caracterizar su contenido. Las expresiones del aparato, como “se apartaron”, en referencia a la Tendencia, o “grupo de Altamira” es la expresión vulgar de esta incomprensión política, por un lado, y de la adopción de una política liquidacionista, del otro. Las expresiones señaladas se pueden encontrar en los textos del stalinismo rancio – el aparato que liquidó el primer estado obrero de la historia. Cuando los elementos más representativos del aparato tuitean que la crisis del PO obedece a que “un 20% no acató las decisiones del 80%”, dicen algo mucho más profundo que una mentira: disimulan que se trata de una crisis histórica del PO y un golpe a la vanguardia de los trabajadores, para justificar una salida de aparato y convertir al PO en una escuela de arribismo.

Cuando impulsamos la formación del Frente de Izquierda, escribimos con claridad que se trataba de una experiencia oportunista, que debíamos atravesar en las condiciones políticas concretas, con una política revolucionaria. Los acontecimientos demostraron el acierto de la decisión, porque por un lado representó la posibilidad de un mayor acercamiento a las masas, y por el otro nos permitió avanzar con un Manifiesto Político, en 2013, decididamente revolucionario. La conquista de posiciones parlamentarias reforzó, sin embargo, las tendencias oportunistas, no solamente en el PO. El PTS, por caso, pasó del ´luchismo´, verbalmente antiparlamentario, y de la oposición indiscriminada a cualquier planteo legislativo en el parlamento, a un electoralismo y parlamentarismo sin límites, montado en un aparato mediático. O sea, una propaganda sin contenido estratégico ni socialista. Estos intereses sociales explican la estigmatización iniciada por el PTS y seguida por el aparato del PO a las rebeliones populares, las caracterizaciones ambiguas sobre la decadencia del capitalismo y su tendencia a la bancarrota. El PTS describe esta adaptación parlamentaria al estado como “una guerra de posición”, que se distingue de la “guerra de movimiento”. La terminología bélica disfraza la política práctica que se observa en forma cotidiana. No es casual que la Tendencia haya sido convertida por estas corrientes de adaptación parlamentaria al estado en la guardiana del templo del “catastrofismo”. Quien resumió en forma más grosera esta adaptación, y por eso en forma más clara, fue un dirigente del aparato que aseguró, en dos plenarios, que “para hacer la revolución se necesitan, al menos, veinte diputados” – no ocho mil obreros organizados en forma política.

No es casual, entonces, que el congreso no haya hecho un balance de la trayectoria política que han tenido las conquistas de la izquierda en el movimiento obrero y en la clase obrera. Son, sin embargo, la referencia más sólida para construir un partido obrero. ¿Han avanzado, han retrocedido? La ausencia de este balance, que hubiera demostrado francos retrocesos y resultados menguados o desfavorables, es reemplazada por una reivindicación del Plenario Sindical Combativo, que representa al aparato de la izquierda en el movimiento obrero, pero no a las masas de sindicatos y agrupaciones que se encuentran en ese Plenario. No se ve a ninguna organización de izquierda reivindicando un crecimiento en el activismo, o si lo hace no consigue demostrarlo. ¿O el reclutamiento en el proletariado no es más importante que una representación electoral – o que ésta debe servir para ese reclutamiento? Sea como fuere, la izquierda se encuentra en retroceso electoral, a pesar de su despliegue mediático. Después de todo, si la expulsión de 1.200 militantes hubiera redundado en un gran reclutamiento en el activo de la clase, podría llegar a encontrar una justificación, inclusive si fuera condicional. Pero ocurre lo contrario, y esta crisis de reclutamiento no ha sido puesta a debate. Pero será puesta inevitablemente, uno, por nuevas crisis en la izquierda, dos, porque lo plantearán las camarillas políticas patronales en sus ataques a la izquierda. A cuenta de un mayor desarrollo, que haremos próximamente, la afluencia de compañeros al Polo Obrero (T) ha mostrado el carácter de aparato del Polo oficial.

La crisis del PO es histórica porque el PO, a diferencia del conjunto de la izquierda, atravesó, por medio de mayores desarrollos políticos, la crisis de conjunto en la izquierda que desató la disolución de la URSS, o las tentativas previas de adaptación democratizante, como lo fueron el Frente del Pueblo e Izquierda Unida. Es una crisis que se proyecta sobre toda la izquierda - y sobre la vanguardia de la clase que había encontrado en el FIT y principalmente en el PO una fuerte referencia política. Para la Tendencia la crisis histórica del PO es una crisis de conjunto; por eso no pretende convertirse en un grupo más que libra su lucha particular, sino en una salida al pantano mortal del democratismo y la adaptación parlamentaria a la burguesía. La Tendencia representa la continuidad histórica del Partido Obrero y de la lucha por la refundación de la IV Internacional.

Vaivenes, inconsistencia, centrismo

El congreso del aparato no ha suscitado el menor interés político, precisamente lo que el aparato mismo ha buscado con las ´deliberaciones´ clandestinas que lo jalonaron. Por eso, nadie ha advertido que las conclusiones votadas por ese congreso no tienen nada que ver con los planteos llevados a su discusión. El congreso se ha impugnado a sí mismo, y mostrado la liviandad de sus conclusiones. La consigna central ya no es “que la crisis la paguen los capitalistas”, sino “abajo el régimen de hambre y saqueo de los que nos gobernaron en las últimas décadas”.

Con lo difícil que resulta tirar abajo al gobierno de turno, el aparato propone hacerlo con todos los que lo antecedieron. Esto parece una chicana, pero está muy lejos de serlo, porque esa consigna iguala experiencias políticas de las masas muy diferentes, desde el primer peronismo hasta la dictadura militar. Si, por acaso, ´las últimas décadas´ se refieren al ´retorno a la democracia´, la consigna absuelve a la historia política de Argentina. Abatir el ´régimen de hambre´, sí, pero de los gobiernos del pasado reciente, no del régimen político vigente, es instalarse en el cuadro del estado capitalista. La consigna es, en realidad, un acto de autocensura, para no incurrir en un ´abajo el gobierno de los Fernández”, aunque la implica, porque es el único que existe. Si bien esta consigna sería ahora un verdadero disparate y hasta un frente de hecho con el golpismo, ningún partido revolucionario debe esconder que aprovecharía cualquier oportunidad real -de crisis política, bancarrota económica, rebelión popular y un real y profundo fortalecimiento de la izquierda en la clase obrera- para consumar ese objetivo. El planteo del aparato carece de todo contenido.

El punto, sin embargo, no termina aquí, porque, como un eximio mago, el congreso ha llegado a la conclusión inesperada de que Argentina atraviesa “una crisis secular” – o, en el lenguaje de Milei, ´una decadencia de setenta años´. La porosidad de la vida social, en especial en medio de crisis extraordinarias, produce este entrelazamiento ´sui generis´ entre las caracterizaciones manipuladoras de la derecha y los macaneos repentinos de la izquierda.

Uno. Estamos ante una caracterización de la crisis de Argentina separada de la crisis mundial. Si la ´decadencia´ es una peculiaridad de Argentina, la salida más próxima es que se aproxime a los demás países, que a diferencia de Argentina no atraviesan esa ´crisis secular´. Macrismo puro, Espertismo puro, Mileiismo puro. La revolución socialista queda excluida del escenario histórico. En realidad, ni Argentina, ni cualquier otro país de la periferia se ha desarrollado al margen de la economía mundial, o sea fuera de los golpes del capital financiero, del imperialismo y de las crisis internacionales. Todas las independencias americanas han sido el resultado de las crisis mundiales – desde la crisis de la dominación continental de Napoleón hasta el ascenso de Gran Bretaña. La industrialización de Argentina, desde 1825, se ha dado a fuerza de los golpes de las crisis y las guerras mundiales. El aparato ha logrado retroceder al período anterior a la aparición del primer número de Política Obrera, cuyo eje era el papel determinante de la economía y política mundiales. Bravo.

Dos. Es claro que la presentación del momento histórico actual de Argentina como parte de un estancamiento secular, disuelve el carácter explosivo del presente – una conclusión muy conveniente para un aparato, que teme perder el primer lugar en la lista del FIT-U, de la provincia de Buenos Aires, en las elecciones del año que viene. Es que la crisis actual (arranca a comienzos de 2018), que se intensifica como tendencia, tiene un lugar propio - tanto nacional como internacional. Es más explosiva que cualquier crisis pasada, sufre el impacto de una crisis mundial y enfrenta una crisis humanitaria, la pandemia, de características históricas inéditas. Ninguna crisis anterior ha puesto en debate la propiedad privada como la que transcurre en la actualidad. Se enlaza con el pasado del modo siguiente: es más explosiva, y la salida a ella es más restringida, más gravosa para las masas, y proyecta una duración más corta.

Tres. La “decadencia” de Argentina se ha desenvuelto como un acentuado desarrollo capitalista. Las crisis que se desarrollan en intervalos de tiempo más cortos dan lugar a procesos de concentración y centralización de capital más intensos. Esto se ve en el avance del capital financiero y la industria internacional no sólo en la región pampeana, y no solamente en la extensión de la frontera agrícola. La monopolización en la industria, bancos y fondos financieros de todo tipo es cada vez mayor. Las pequeñas industrias se han convertido en sub-contratistas de la gran industria, por eso las pymes tienen tan buena prensa. La explotación de la fuerza de trabajo ha crecido en forma acelerada. Este desarrollo entra en contradicción con la capacidad de los mercados dominados por monopolios más poderosos. En definitiva, por la crisis mundial, que tiene también ciclos más breves y estallidos financieros más intensos. Las crisis se tornan más frecuentes, asimismo, por la lucha de los trabajadores, y la resistencia de sus organizaciones en numerosas fábricas. La tendencia histórica de la economía de Argentina está dibujada por un serrucho muy marcado. La presión que la economía mundial ejerce sobre la periferia comprime en el tiempo desarrollos capitalistas más prolongados en las metrópolis. La pauperización acelerada de las masas es un producto del capitalismo que se desarrolla a golpes de crisis, no de la falta de ese desarrollo.

El relato de la decadencia secular, en términos económicos, convoca a un mayor desarrollo capitalista, cuando se plantea su abolición.

A todas estas conclusiones desconocidas se llegó en un congreso virtual sin haberlas anticipado en los debates previos. Como ocurre con el capitalismo periférico, el aparato también sufre los golpes de la crisis capitalista, dando palos a ciegas en direcciones contradictorias. Ha perdido el asiento teórico que desarrolló el Partido Obrero a lo largo de su historia, no ya de luchas, sino de elaboraciones y polémicas que se proyectaron más allá de las fronteras nacionales.

Pandemia y estado de excepción

La irrupción de la pandemia ha pasado casi desapercibida en el período de discusión hacia el Congreso, y fue descripta en un informe previo, que la Tendencia sometió a una crítica escrupulosa, como un problema sanitario. Lo mismo hicieron el ministro Ginés, que la comparó con el dengue; o Bolsonaro y Trump, para quienes sigue siendo una gripe. El parecido no se agota aquí, porque también la “inserta” en el mecanismo de la crisis capitalista que “la precede”. Cuando en marzo pasado, el gobierno decretó el “aislamiento obligatorio”, decidió que en Argentina se había establecido una “estado de excepción”, un ´cuasi´ estado de sitio, y advirtió sobre la inminencia de una militarización. Nos preguntamos si a alguien se le ocurrió hacer un examen retrospectivo de estos pronósticos fallidos y de esas caracterizaciones disparatadas. Lejos de haber impuesto un estado de sitio en Argentina, los Fernández parecen un gobierno asediado (estadositiado) por un impasse histórico y por una creciente movilización de todas las clases – banderazos, octubrazos, ocupaciones de terrenos, disputas de propiedad y asalto financiero contra el peso. Es imposible una política revolucionaria sin una caracterización histórica de la pandemia.

Marx ya había advertido que el desarrollo de las fuerzas productivas del capital se convierte en su contrario, en fuerzas destructivas, en las crisis, las guerras (condicionadas a su carácter) y en la acción sobre el ser humano y el medio natural. Con independencia de su acción desestabilizadora en la acumulación capitalista, la pandemia es una expresión de esa fuerza destructiva y el resultado del desarrollo mismo del capital. El régimen social presente confronta a la sociedad con una crisis humanitaria. Una crisis precedida por cataclismos y epidemias, cada vez más frecuentes. Como ha ocurrido con las guerras imperialistas a escala mundial, plantea la alternativa de socialismo o barbarie. Rebajar la condición histórica de esta crisis deja ver un economicismo grosero, que reduciría la crisis del capital a un parate en el ciclo de acumulación, y no a un modo de producción innatamente destructivo.

Esta crisis plantea en forma directa la cuestión del socialismo – esto es lo que evade la caracterización que el aparato hizo votar al congreso (siempre, en todos los puntos e incisos, por unanimidad – si hubo una disidencia no se dio a conocer). La famosa consigna del reformismo socialista “socialización de la medicina” vuelve a la actualidad en su acepción revolucionaria – nacionalización de todos los servicios de salud, laboratorios y monopolios farmacéuticos. La cuestión de la vacuna ha introducido un elemento nuevo a esta crisis, debido a los costos y precios, guerras comerciales, vigencia y efectividad, nuevos desarrollos ante la perspectiva de mutaciones y nuevos virus. La elevación de la condición laboral del personal de salud, de los salarios, de la ampliación y reconocimiento de la formación; hay una nueva necesidad de cuidados personalizados, al menos en una transición histórica hacia otra forma de humanidad. La crucial cuestión de la vivienda y el planeamiento urbano (transporte) es insuperable sin la nacionalización del capital financiero en todas sus formas, para sustentar un salto histórico en el hábitat y en el equilibrio medioambiental. Este programa supera cualquier propaganda electoral de ocasión, pues solamente puede imponerse si es asumido como vital por las masas mismas.

El congreso del aparato ha remendado la advertencia de un inminente estado de excepción, con caracterizaciones bizarras, como la presencia de un gobierno bicéfalo y hasta tricéfalo, y otras especies animales que acosan en una pandemia. La pandemia ha desarrollado una tendencia pequeño burguesa fascistizante, en nombre de la libertad de circulación, que hace eco a la apertura que reclama el capital financiero, y que anida planteos y acciones de guerra civil. Esta tendencia ha sido holgadamente superada por las rebeliones populares, que expresan las necesidades humanitarias de los pueblos. Los gobiernos y corrientes fascistoides han retrocedido electoralmente en Europa, o caen en los sondeos, o se dividen. Es lo que ocurrirá a Trump. No asistimos a la revitalización de la democracia sino al lastre que echan los ´demócratas´ en su afán de contener las rebeliones populares. El mundo se encuentra en la segunda fase de una etapa abierta por las revoluciones árabes de 2011, y antes por las que atravesaron a Argentina, Grecia, Bolivia, Perú, Venezuela, alrededor del comienzo del siglo. Todo este señalamiento del PO en los últimos veinte años, el congreso del aparato lo tiró por la rejilla, sin mayores consideraciones previas.

La vida es una grieta absurda

Solamente como un pretexto para justificar su propia impotencia se puede entender otro capricho de este congreso, que caracteriza “una polarización permanente”. Este planteo deja a la izquierda fuera de los octavos de final. River-Boca, Barça-Real, Fla-Flu, Nacional-Peñarol. Incluso esta imitación futbolera es esencialmente inadecuada, porque no tiene en cuenta la evolución del juego en cada uno de los mencionados. El aparato ha comprado el relato de la grieta, como si Alberto Fernández fuera Perón, Macri fuera Alvear, o los trabajadores tuvieran en los Fernández la expectativa que tenían en Perón o en Yrigoyen. El peronismo actual guarda con el pasado la misma relación que un tataranieto con su tatarabuelo, con todas las combinaciones que permiten las sucesivas ramas paternas y maternas. La afirmación del aparato, por caso, de que el Pro dejó de ser un partido de CABA para ser nacional, es mentira; hasta podría perder, como ya ocurrió con la Ucedé, sus características porteñas. El régimen político de Argentina, en su conjunto, se encuentra en estado de disgregación. Sus miembros se han convertido en ´habitués´ de Comodoro Py y de las páginas de Tribunales. Un síntoma de esta debilidad han sido los resultados del FIT en 2013, no solamente en Mendoza y en Salta.

La cúpula del aparato sigue pontificando, aún más después de este lamentable congreso, acerca de la necesidad de “superar el nacionalismo burgués”. Luego de recontra difamarlo por su acuerdo con los fondos internacionales y las migas con el FMI, da vuelta la almohada y vuelve al ´nacionalismo burgués´. Salvo un breve período, 2005-11, de los Kirchner, el nacionalismo burgués dejó de estar en la agenda histórica de los trabajadores. En la política electoral, desandan alternativas todo el tiempo, como lo han demostrado los últimos cinco comicios al hilo. El aparato grita “abajo los gobiernos del hambre y el saqueo”, y dos párrafos después aluden a la ilusión en los saqueadores y hambreadores, y en su capacidad de contención. La crisis de dirección de la clase obrera se refiere al impasse del proletariado cuando el capital ha perdido la capacidad de contención y la clase obrera no encuentra un liderazgo político en las organizaciones con alguna posibilidad de asumirlo.

La agenda actual no es la superación de un nacionalismo burgués en estado catatónico, sino el método y el programa de lucha por el poder, en medio de crisis sociales y políticas a repetición. La “superación del nacionalismo burgués” ha sido un planteo en la época de ascenso de sus expresiones, y partía de la inevitabilidad de sus límites. Usarla ahora es una deformación ideologizante y un truco electoral. Se trata de una divergencia de caracterización que el PO antes y la Tendencia ahora, tiene con el resto de la izquierda y con el aparato que se ha sumado a las posiciones de ella.

El FIT y la crisis de dirección

La crisis del Partido Obrero ha sido un golpe a la posibilidad de una evolución revolucionaria del FIT, sea en su conjunto, o por medio de diferenciaciones y delimitaciones. Ahora existe como una coalición electoral eventual en retroceso. Las disputas constantes por espacios de representación (el oportunismo al palo) amenazan con su desaparición. Caracterizamos esta posibilidad, como antes ocurrió con el MAS, como un retroceso. Los aparatos de los partidos del FIT procesan la realidad política con los sondeos aplicados a la fuerza (ínfima) de cada uno.

De nuevo, la crisis del PO es un reflejo o expresión de una evolución hacia el oportunismo del conjunto de la izquierda y del FIT. El oportunismo en períodos de crisis conduce a un callejón sin salida. Nada lo advierte mejor que la disolución en que se encuentra el NPA, de Francia, o la evolución, incluso hacia la derecha militar, del brasileño Psol. En estos términos se delimitan los campos en la izquierda en la actualidad.

Desde el Partido Obrero (Tendencia) planteamos la necesidad de un congreso programático del FIT, con la participación activa, naturalmente, de todos los militantes – e incluso activistas obreros que se sientan ganados a la perspectiva que ofrece ese congreso. Cuando el aparato propone “frente único”, “acto público”, siempre con el pretexto de la necesidad de ofrecer una “alternativa”, por supuesto que a “la polarización permanente”, es claro que está pensando en elecciones y en reservar un puesto ´expectable´ para uno o dos candidatos. Es una invitación a la ruina. Contra una división sin principios en la izquierda en general y en el FIT en particular, llamamos a organizar un Congreso programático, debidamente organizado, en los tiempos y en las formas.

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