Un funeral que devela la muerte del régimen político

Escribe Ana Belinco

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El miércoles 25 de noviembre, tras el anuncio del fallecimiento de Diego Armando Maradona y la declaración de tres días de duelo por parte del gobierno nacional, su velatorio se convirtió en un cuadro que pintó de cuerpo entero la improvisación y el oportunismo del régimen y de sus gobiernos que, en un intento de apropiación política, (des)organizaron el funeral para el usufructo mediático de la situación.

A lo largo de la vida de Maradona los presidentes, uno tras otro, buscaron la foto con el ídolo de multitudes para embanderarse de ̈pueblo ̈ mientras pasaban ajustes. Su muerte no fue la excepción: un acontecimiento popular, que terminó dejando adentro a los poderosos y al pueblo trabajador de la reja de la Casa Rosada para afuera.

Quedó a las claras que el Palacio Presidencial lejos estuvo de ser un lugar apropiado para organizar un evento de esta envergadura que implicaba recibir a miles y miles de personas que querían despedir a su ídolo en medio de la pandemia covid-19. La situación implicaba un protocolo sanitario adecuado y la coordinación de los operativos de seguridad de Nación y de la Ciudad de Buenos Aires dado que la Casa Rosada es un edificio bajo jurisdicción federal situado en jurisdicción metropolitana de la CABA.

Lejos de ocurrir esto la improvisación fue absoluta: la gente encimada se agolpaba contra las rejas del vallado policial. Mientras nos dicen que en el período de Distanciamiento Social Preventivo y obligatorio no podemos organizar reuniones de más de diez personas, los gobiernos generan una masa humana arrojada al virus.

Al mismo tiempo la descoordinación en materia de seguridad fue total: terminó en una represión brutal con gases lacrimógenos, heridos y detenidos en la 9 de julio que fue el costo de este intento apropiador de la figura de uno de los máximos ídolos populares del país y del mundo. Alberto Fernández y Sabina Frederic salieron a apuntar contra la policía de Larreta. "Me parece que hubo una acción desmedida de la Policía de la Ciudad, me parece que es muy evidente"; dijo el presidente en relación a los incidentes que tuvieron lugar en la 9 de Julio y la Avenida de Mayo, y sostuvo que dentro de la Casa de Gobierno la situación "nunca estuvo fuera de control". La Ministra de la cartera nacional se encargó de desmentir al Vicejefe del gobierno porteño, Diego Santilli, quien había dicho que "pasado el mediodía, nos pidieron que se cortara el avance de la fila en Avenida de Mayo y 9 de Julio". Según Frederic esa orden nunca existió.

Más allá de los deslindes de unos y de otros, el cuadro que quedó pintado es el de un régimen político fracturado y comandado a tientas por gobiernos totalmente incapaces de organizar un velatorio y que se tiran la pelota torpemente, totalmente ajenos a la destreza de la gambeta del Diego y de las masas de trabajadores a los que dejaron con la ñata contra el vidrio sin poder despedir al hombre que, siendo humano, demasiado humano, con sus grandezas y bajezas, fue y es para millones de personas en Argentina y en el mundo un símbolo de que el pibe de Fiorito puede tomar el cielo por asalto. Un funeral para despedirlo era necesario, pero debería haber sido de cara al pueblo trabajador

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