La caracterización de la clase obrera

Escribe Jorge Altamira

Extraído de "La estrategia de la izquierda en la Argentina" (1988)

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Reproducimos a continuación la segunda parte del texto de Jorge Altamira referido al III Congreso del Mas (1988), referido a la caracterización de las situaciones revolucionarias. El texto original y el desarrollo completo de la crítica a las tesis de ese Congreso puede encontrarse en el libro “La estrategia de la izquierda en la Argentina”, a cuyo PDF se puede acceder en este mismo sitio (ver sección “Archivo”).

Una de las contradicciones más violentas del documento presentado al congreso del Mas consiste en que, de un lado, caracteriza a la situación nacional como revolucionaria y, del otro, afirma que la clase obrera argentina no es revolucionaria. Sin una clase obrera revolucionaria, sin embargo, no puede haber una situación revolucionaria. El Mas carece, por lo tanto, a pesar del empeño que pone, de una caracterización de la situación política y de una caracterización de la clase obrera. Por encima de las peripecias de las dos últimas décadas, el Mas sigue fiel a la tesis del fallecido Milciades Peña, quien desilusionado de la completa falta de frutos del "entrismo" aplicado por Nahuel Moreno en el peronismo entre 1956 y 1964 (mejor habría que hablar de "peronización" total y completa), afirmó que la clase obrera argentina era "quietista" y "conservadora", superando en atraso político a los trabajadores norteamericanos, a los que caracterizaba también como "conservadores", pero de ninguna manera como "quietistas". El proletariado argentino, sostenía Peña, no lucha por sus reivindicaciones, sino que las espera pasivamente desde arriba (ver revista Fichas N°2, 1963). En esta misma línea, Silvia Díaz declaró recientemente que "el Mas (era) un partido minoritario" (porque) "el pueblo trabajador quiere mejorar su situación económica sin lucha" (El Periodista, 24/7/87). El documento del Mas retama esta misma caracterización. Afirma que el proletariado argentino se caracteriza por una "ideología" específica, la cual consistiría en que "la clase obrera no ve la necesidad de ejercer el gobierno ni por vía electoral, ni, mucho menos, revolucionaría". Esta "conciencia peronista" como la denomina, sigue vigente aun hoy, dice el Mas, aunque "muy deteriorada", pues "todavía hace decir a los trabajadores: 'Tienen razón, muchachos, estos dirigentes son una porquería, pero yo tengo mi corazoncito peronista e igual los voto' ". Para el Mas esta "ideología" es "brutalmente atrasada", pero esta caracterización todavía no lo ha inducido a revisar la política que lo llevó a colocarse "bajo la jefatura del general Perón".

La ideología del proletariado

El proletariado sólo puede luchar por su propio poder por la vía revolucionaria; si pretende hacerlo "por la vía electoral", como lo plantea el Mas, es evidente que desconoce la naturaleza de esta lucha por el poder. Esta lucha significa siempre y en todos los lados la acción directa, el desarme de la burguesía y el armamento de la clase obrera. En el texto del Mas y en el programa del Frepu, que el Mas reivindica, no se plantean ni una sola vez estas tres cuestiones que hacen a la lucha por el poder y el gobierno obrero. Es obvio que el Mas mide la "conciencia peronista" con la vara electoral, y no con cualquier vara electoral sino con la vara de la última elección. Todo el mundo sabe, sin embargo, que la "doctrina peronista" tiene más interpretaciones e intérpretes que la Biblia. Rico y el Comando de Organización se consideran peronistas, y lo mismo ocurre con los trabajadores que rodearon Campo de Mayo en abril del ‘87. Pero no sólo varían las interpretaciones; también varían los intérpretes. Antes de ordenar la formación de las tres A, Perón apoyó a los Montoneros y la lucha armada, y antes de esto a Frondizi y Onganía. Ongaro y Guillán, otrora jefes del "peronismo combativo", representan hoy a los grandes capitales de sus ramas. "Se va a acabar la burocracia sindical" (peronista) llegó a ser una consigna de los activistas sindicales de izquierda del peronismo. ¿A qué variante de esta "conciencia peronista" pertenece la "conciencia peronista" de la clase obrera? En la historia abundan los ejemplos de ideologías confusas o aun reaccionarias sirviendo a movimientos progresivos e incluso revolucionarios. Es necesario descubrir el contenido de clase que se esconde en las ideologías. Apoyar a la clase obrera "peronista" que luchaba contra Isabel es progresivo: llamar a esa misma clase a obedecer la "jefatura del General Perón" o defender políticamente al "gobierno constitucional peronista", como lo hiciera el morenismo, para citar sólo dos ejemplos, es reaccionario. El proletario puede ser furgón de cola de la burguesía aun con una Ideología "socialista" y hasta "comunista" (por ejemplo, Mitterrand y Salvador Allende) y puede comenzar una acción histórica propia aún considerándose peronista, como en el "cordobazo". La teoría de la "conciencia peronista" no es más que un comodín para justificar las agachadas pasadas y presentes del morenismo ante Perón, el peronismo, la burocracia sindical, las multipartidarias del 74/75 y del 84/85 y recientemente el Frepu, calificado como un frente con "trabajadores peronistas independientes". La caracterización del movimiento de luchas que protagonizan las masas debe ser realizada en su totalidad histórica, no puede basarse en ningún elemento aislado por importante que sea, las masas son movidas a la acción revolucionaria y a la revolución por una necesidad histórica, no por ideología. El programa de transición de la IV Internacional reposa precisamente sobre la convicción de que las masas pueden superar su conciencia presente y arribar a una conciencia revolucionaria por medio de un programa de acción que ligue las reivindicaciones del momento a la lucha por la revolución socialista.

Acción histórica

La clase obrera, en realidad, ha entrado hace mucho por la vía de la acción directa, es decir revolucionaria. Las huelgas con piquetes y las ocupaciones de fábrica contra la "libertadora" y contra Frondizi; la Ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre y la huelga general de Junio y julio de 1975; e incluso las huelgas de setiembre del ‘76 y de febrero y octubre del ‘77, y la movilización del 30 de marzo del ‘82 contra la dictadura militar; toda esta lucha aplicada empecinadamente, tipifica a una clase que ha comenzado una acción histórica propia; a una clase que ya ha dado los primeros pasos por la vía revolucionaria, La clase obrera del "corazón peronista" le hizo la huelga general a Isabel y eligió como direcciones propias a los clasistas de Sitrac-Sitram, de Villa Constitución, del Smata Córdoba y otros numerosos sindicatos. Lo realmente importante, y que el Mas de ningún modo plantea, es la contradicción que existe entre esta acción revolucionaria (y no la ausencia de esta acción) y la falta de un partido revolucionario. Sin un partido revolucionario la acción revolucionaria no puede concluir en la victoria revolucionaria. La burguesía, en este caso, goza de un amplio margen político para desviar a la clase obrera con el apoyo de la pequeña burguesía. La derrota en la lucha, cuando en ella no ha intervenido el partido revolucionario, deja a la clase obrera sin conclusiones políticas, lo cual facilita que regrese a las viejas direcciones. Todo esto ocurrió con el ascenso de masas iniciado con el "cordobazo", que estuvo dominado por la presencia política nacionalista y pequeño burguesa, tanto peronista como "marxista". El fracaso político de esta dirección se produjo mucho antes del 24 de marzo de 1976, pues ya desde fines de 1974 había dejada de representar cualquier movimiento de masa. La vanguardia arrastrada por el nacionalfoquismo fue terriblemente decapitada. Este fracaso liquidó políticamente a la izquierda nacionalista, cuyos sobrevivientes se han pasado a Alfonsín y a Cafiero, o Menem. Lo que está, precisamente a la orden del día, para la vanguardia obrera es la superación de este nacionalismo pequeño burgués. Pero el programa del Frepu, que el Mas reivindica, es un calco, aunque mucho más derechista, del programa de aquellos movimientos de hace dos décadas. Las consignas estratégicas son las mismas, "liberación o dependencia" y "democracia con justicia social". Es decir, el planteo de la unión democrática de todas las clases de la nación, en oposición a la dirección obrera de la revolución nacional. El Frepu ha declarado blanco sobre negro que su objetivo es reconstruir ese movimiento nacionalista de izquierda, y por eso se presentó en las elecciones nacionales de 1985 y en la de Córdoba de 1986 encabezado por peronistas. Por su programa y su objetivo, el Frepu es un instrumento político candente del seguidismo del proletariado a la burguesía. En 1983, el violento giro de la pequeña burguesía, que en el ‘73 fue camporista, al alfonsinismo, permitió a Alfonsín refutar, en beneficio propio, la teoría de la "conciencia peronista". Ahora una gran parte de las masas va a realizar, y ya está realizando, una experiencia catastrófica y brutal con el justicialismo. En estas condiciones el problema es qué programa y qué estrategia permitirá a los explotados una superación definitiva del nacionalismo de contenido burgués. A partir de aquí, la cuestión del carácter de la clase obrera argentina, que ya ha entrado por la ruta revolucionaria, se reduce, en definitiva, a la cuestión del programa que debe servir para formar a su vanguardia: si a la nacionalista y democratizante, o a la marxista.

Memoria histórica

Según el documento del Mas, "el corte en la memoria histórica de los trabajadores, producido por la dictadura genocida, hizo que se olvidaran muchas experiencias sindicales y políticas acumuladas y favoreció a que el peronismo y la burocracia volvieran a entronizarse". Semejante afirmación es un verdadero lugar común entre los democratizantes, pero en especial el stalinismo. Lo que preocupa a esta gente no es la reconstrucción de la memoria revolucionaria de clase del proletariado, sino la reconstrucción de la memoria nacionalista de izquierda vigente en aquella época. Pero la memoria del uno y del otro son contradictorias y, en última instancia, excluyentes; la reconstrucción del nacionalismo pequeño burgués significará un nuevo estrangulamiento de la posibilidad de una acción histórica independiente del proletariado. Desde el momento en que el Mas reivindica al Frepu y su programa, se inscribe con ello en la línea nacionalista que frustró las posibilidades revolucionarias inauguradas por el cordobazo. Las crecientes luchas obreras, la huelga docente, los semitucumanazos provocados por el no pago de los salarios, las movilizaciones sobre Campo de Mayo; todo esto prueba que la cinta de la memoria histórica de la clase obrera no se ha borrado. Pero tampoco se ha borrado la dolorosa experiencia nacional foquista cuya frustración la vanguardia obrera no quiere repetir. Sin embargo, la esencia, del planteo del Frepu, es decir del PC y del Mas, consiste en reconstruir el programa y la organización pequeño burguesa democratizantes... En definitiva, el advenimiento de la dictadura militar agotó las posibilidades del nacional-foquismo pequeño burgués y destruyó las ilusiones más multitudinarias que haya creado la pequeña burguesía argentina y un sector del movimiento obrero ligado ella. La masa de esta pequeña burguesía se ha ido al alfonsinismo y en mucha mayor medida al cafierismo y al menemismo. Este hecho puso fuera de moda a la izquierda dentro de la "opinión pública". Pero la pretensión de superar esta situación recreando una izquierda democratizante y nacionalista es reaccionaria. La vanguardia obrera sólo puede sacar a las masas de la catástrofe actual mediante una política independiente, Antimarxista.

El conjunto del documento del Mas puede ser perfectamente caracterizado de "objetivista" o "mecanicista", esto porque considera a los factores económicos y sociales aisladamente de la lucha conciente entre las clases, como si el hombre fuera una ameba que se limita a reaccionar frente a su medio. "Es un proceso objetivo", reza la primera parte del capitulo referido al "surgimiento de una nueva dirección política y sindical". (Por el otro lado, el documento se caracteriza por el "subjetivismo", pues pretende justificar la situación política por entidades abstractas como la "conciencia peronista"). El "objetivismo" o "mecanicismo" del Mas se aprecia cuando afirma que los cambios en la dirección del movimiento obrero son el producto más o menos automático de las condiciones económicas, las cuales hoy harían inviable a la conciliación de clases y por lo tanto a la burocracia. Este mecanismo es obviamente unilateral y por lo tanto falso. La descomposición del capitalismo puede provocar un gran salto hacia adelante o un gran salto hacia atrás; ahí está para probarlo Bolivia. La alternativa progresiva depende, al menos, en gran parte, de la calidad de la dirección del proletariado, es decir de su programa y política, no sólo a nivel nacional sino internacional. Es por esto que el problema fundamental del proletariado en la actualidad se concentra en la dirección que tome la evolución de la vanguardia obrera que encabeza las presentes luchas; es decir, si se producirá por vía del nacionalismo pequeño burgués y de la izquierda democratizante, representada ejemplificadoramente por el programa del Frepu, o si se producirá por la vía del socialismo revolucionario. A todo lo largo del documento del Mas está completamente ausente, por esto mismo, la lucha de ideas. No hay una sola caracterización de las fuerzas políticas actuantes en el país -desde el imperialismo hasta el arco opuesto de la izquierda. No se caracterizan a las diferentes fuerzas de la burguesía, ni por lo tanto las características del nacionalismo burgués, que es la principal fuerza política de la actualidad, ni hay una delimitación política respecto a ellas. El apoyo político a la democracia pone en el mismo campo a la UCEDÉ y al Mas; la moratoria tiene el mismo resultado, como el mismo Mas lo reconoce, con el campo de Sarney, Alan García y Cafiero. Se habla de la crisis del PC o del PI, pero se evita escrupulosamente una delimitación programática de ellos. Se trata de un documento que deja abiertas todas las puertas y admite todas las combinaciones políticas, encubriendo para ello a todas las fuerzas efectiva o potencialmente hostiles a la independencia de la clase obrera. Debido a estas características, el documento es un monumento a la confusión política. Esta es la función obligada del "objetivismo".

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