En nombre del padre, del hijo y del espíritu santo

Escribe Lautaro B.

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El Papa Francisco envió más de 50 rosarios a los genocidas argentinos, por medio del obispo Castrense Santiago Olivera. Muchos de ellos cumplen prisión domiciliaria. El mismo Olivera, clérigo superior de las FFAA, relató el interés que mostró Bergoglio por aquellos oficiales que “están siendo juzgados injustamente”. Olivera fue felicitado personalmente por Francisco debido a su trabajo. Tras la disconformidad entre los criminales de lesa humanidad porque el Papa recibió tanto a Hebe de Bonafini como a Milagro Sala, Bergoglio y Olivera concordaron, según La Nación, en la posibilidad de hacer un encuentro con “los familiares de los genocidas y víctimas de la subversión”. Los dos coincidieron en las “exageradas” prisiones preventivas que tienen los procesados, y no en la demora de una condena judicial. Entienden que existe “falta de justicia para ellos”. Incluso Olivera habló de hacer un encuentro con su principal feligrés, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Alberto Fernández, para trabajar por el encuentro de todos los argentinos y la fraternidad. La Iglesia que fue partícipe de la dictadura como de la impunidad y de la maniobra del fallo del 2x1 de la Corte Suprema para liberar a los represores. Estamos ante una tentativa de retornar a eso. Aunque el kirchnerismo quiera imponer a Bergoglio como un Papa liberador, democrático y progresista, y ocultar su pasado en los años 70 y 80, el Papa y el episcopado criollo siguen siendo la misma iglesia de la cruz y la espada, que bendijo los fusilamientos, como los vuelos de la muerte.

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