Mars o la depredación capitalista más allá de la Tierra

Escribe Alejandro Guerrero

Tiempo de lectura: 2 minutos

Mars es una serie de ciencia ficción, es cierto, pero resulta mucho más realista -sobre todo en estos días- que la mayor parte del material que puede verse en TV.

Como puede saberse por el título, se trata de la conquista de Marte. Hacia allí marcha un grupo de pioneros, pero he ahí lo interesante cuando uno de ellos dice: “El primer grupo siempre está integrado por científicos, a quienes se considerará héroes de la humanidad; después llegarán las multinacionales”.

Y las multinacionales llegan.

En principio, la serie no se aparta (o casi) de principios científicos. Esa primera expedición busca hielo, condición indispensable para la vida en ese planeta. Y, en verdad, la geografía de Marte presenta indicios fortísimos de incidentes que deberían haber sido producidos por la acción del agua en eras geológicas remotas.

La presión atmosférica y de temperatura en Marte es inferior a la de la Tierra, por lo cual el agua debería pasar directamente del estado sólido al gaseoso, pero también eso es tenido en cuenta por los expedicionarios de Mars para obtener agua líquida. Del mismo modo se encargan de contrarrestar el exceso de dióxido de carbono.

Dejan todo preparado, en fin, para la llegada de las multinacionales.

En Mars hay un organismo internacional equivalente al organizado por la NASA a comienzos del siglo XXI: el Programa de Exploración de Marte (MEP, su sigla en inglés), que puso en el espacio, entre otros estudios, el orbitador Mars Express, además de programas orientados a explorar recursos marcianos como el Mars Odyssay (2001) y otros que envían datos desde el planeta vecino. La serie no hace más que adelantarse a los resultados de esos experimentos que han costado hasta ahora miles de millones de dólares. Y el imperialismo, se sabe, no es amigo de gastar dinero en vano.

Como se recordará, en 2018 la nave InSight, de la NASA, fue la primera en buscar minerales en las entrañas marcianas. InSight costó 1.000 millones de dólares. Japón se propone ahora hacer lo mismo, como ya lo hacen Rusia y China. Ahora se ha incorporado a la llamada “carrera espacial” Emiratos Árabes Unidos. Esa “carrera” es una competencia entre pulpos y la serie tiene el mérito de mostrarlo.

Pero hay bastante más.

Mars, con el mérito de ser anterior a la pandemia, señala que millones de años atrás hubo en Marte vida microbiana y bacteriana, parte de la cual permanece en estado latente. Al explorar con explosivos, la empresa saca a esas bacterias de la latencia y crea las condiciones de una epidemia severa.

Pero ese desastre marciano es en la serie sólo una consecuencia de lo que sucede en la Tierra. Con el doble mérito de nombrar a los pulpos petroleros por su nombre (Shell, British Petroleum, Exxon, Chevron y otras) muestra no sólo de qué manera destruyen el medio ambiente, sino de la posibilidad de que también aquí saquen de la latencia bacterias o virus como el Covid.

En definitiva, aun en la ficción, la serie tiene el interés de mostrar que pandemias como la que sufrimos actualmente no son un simple problema sanitario sino un producto del capitalismo en decadencia, destructivo y depredador.

Suscribite a Política Obrera