La pandemia ‘se ameseta’, pero la desocupación crece

Escribe Marcelo Ramal

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Las cifras publicadas ayer por el INDEC dan cuenta de una desocupación real del 20% y 4 millones de personas. A partir de julio, la cuarentena se fue flexibilizando, al punto de incorporar a buena parte de la gran industria, que informa una utilización de la capacidad instalada del 65 por ciento. Aun así, cuando se considera a la población que ha dejado de buscar trabajo, la desocupación supera al 20%. De otro lado, la tasa de sub-ocupación, que registra empleos entre una hora y 35 horas por semana, una buena parte de ‘changas’, alcanza al 21 por ciento. Los trabajadores sufren una ‘crisis de empleo’ del 41% y a cinco millones de personas. Es claro que las patronales han aprovechado la pandemia y en especial la complicidad del gobierno y la burocracia sindical, para avanzar en la creación de un “ejército de reserva”, con la intención de avanzar en una ‘reforma laboral’, que legalice el trabajo precario. Las patronales iban despidiendo a medida que el gobierno las ‘socorría’ con centenares de miles de millones de pesos.

Los datos publicados dan cuenta precisamente de eso: del avance de la precarización laboral. El informe señala que “la recuperación de la población ocupada respecto del trimestre anterior fue mayor para los trabajadores por cuenta propia y para los asalariados sin descuento jubilatorio” – sin destacar que la ausencia del “descuento”, como llama al aporte patronal y personal, es ilegal. La progresiva salida del aislamiento arrancó con una caída del empleo registrado de 290.000 puestos, en la comparación entre el primer semestre de 2020 y el del año anterior. Pero esa caída estuvo muy lejos de revertirse en los meses recientes: la incorporación de trabajadores tuvo lugar con empleo en negro, o sólo se trató de changas. Justamente por ello, la subocupación creció del 5 al 8% respecto del trimestre anterior.

A la salida del aislamiento, por lo tanto, se está operando un reemplazo de trabajadores efectivos y formales por otros precarizados, lo que tiene lugar a través de diferentes mecanismos de despido encubierto -retiros, jubilaciones anticipadas o licencias por “razones de riesgo” que anticipan un desenlace contra el trabajador. Esos compañeros son reemplazados por trabajadores contratados en forma precaria.

La encuesta del INDEC da cuenta también de una permanencia del trabajo domiciliario, incluso cuando ya se ha producido la apertura. El nivel de trabajadores que llevan adelante sus tareas desde la vivienda, que había saltado del 5% al 22% en el segundo trimestre del año, permaneció casi en los mismos niveles en el tercer trimestre. O sea que el “home working”, que traslada un conjunto de gastos operativos al trabajador –conectividad, corriente eléctrica- y opera como variante precarizadora –jornadas sin límites de tiempo o intensidad-, ha llegado para quedarse.

La encuesta de empleo se completará el martes que viene, cuando el INDEC publique su relevamiento de ingresos. Sin perjuicio de ello, los datos que acaban de revelarse son concluyentes: bajo el gobierno “de Todos”, ha tenido lugar un salto fantástico en la desocupación, de un lado, y en la precarización y sobreexplotación laboral, del otro.

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