Federico Peralta Ramos, el artista que eligió cambiar la vida

Escribe Diego Rojas

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Se le atribuye al poeta Arthur Rimbaud –cuya obra habría de transformar la literatura para siempre– la admonición: “Hay que cambiar la vida”, que sería el santo y seña de generaciones de revolucionarios y de artistas. Por caso, los surrealistas –que en 1925 se pusieron como movimiento “al servicio de la revolución”– fueron los principales difusores de Rimbaud y tomaron como lema las palabras de su principal animador André Breton: “Transformar el mundo, dijo Marx; cambiar la vida, dijo Rimbaud: estas dos consignas para nosotros son una sola”. Salvando las distancias, se puede afirmar que en nuestro país un artista hizo su propia insignia del “cambiar la vida”.

Descendiente directo del fundador de Mar del Plata Patricio Peralta Ramos, Federico se convirtió en un artista conceptual que hizo de su vida una obra revulsiva y cuestionadora del status quo –su origen familiar lo representaba–. El grupo Estrella del Oriente realizó el cortometraje Federico Manuel Peralta Ramos. Un mago en Mal de Plata cuyo título remite a la geografía paródica de Federico acerca del balneario familiar y que en treinta minutos pinta un fresco del artista, que desarrolla en paralelo a acontecimientos de la historia política reciente. El corto fue dirigido por Juan Carlos Capurro y se encuentra alojado en la página del Museo Nacional de Bellas Artes (bellasartes.gob.ar).

Una entrevista de Tom Lupo al artista funciona como hilo conductor para recorrer algunos hechos que signaron su trayectoria artística, es decir, su vida. Una vida que, explica Federico, estaba marcada por ser el miembro “psicodivergente” familiar, como señalaba el psicólogo Marcelo Pichon Riviere, o “el patito feo” de los Peralta Ramos, según sus propias palabras, que proponían un movimiento para abandonar el sometimiento de todos los patitos feos del mundo. No es ajeno a esta propuesta el episodio de encierro en un neuropsiquiátrico, por decisión paterna. Pero el espíritu de rebeldía de Federico alcanzaba ribetes internacionales, por ejemplo, mediante el famoso episodio de la beca Guggenheim que su amigo Pedro Roth, artista plástico y miembro de Estrella del Oriente, relata. Habiendo ganado la beca con un proyecto jamás realizado, la Fundación Guggenheim le pidió una rendición de cuentas o que devolviera el cuantioso premio. Reivindicando la vida como arte, Peralta Ramos mecanografió una carta (que luego se convertiría en parte de su obra artística) en la que enumera los gastos realizados con la beca: una cena en el hotel Alvear para 25 amigos y luego una noche de baile en una boite; cuadros comprados para regalar y para sí mismo; unos trajes, y así. Expuestos los gastos como happening, la Fundación Guggenheim no insistió en la devolución del dinero y tampoco lo haría de vuelta con los artistas que ganasen la beca luego del episodio Peralta Ramos. Era 1968. Federico señalaba que el artista era un “sismógrafo” de la sociedad y el cortometraje acompaña con sagacidad ese concepto al mostrar imágenes fílmicas de las batallas callejeras del Cordobazo.

Era un poeta de gran sensibilidad. El poema Lejos, que fue elogiado por Aldo Pellegrini –difusor de los surrealistas en la Argentina– dice así:

Una vez me quise ir muy lejos y llegué tan lejos que después no sabía cómo hacer para volver. Claro que no me acordaba de cómo había venido Y llegar tan lejos es bárbaro porque en lejos todo es mucho más liviano, la gente funciona, los pájaros... bueno, los pájaros son igual que en cualquier lado. Y cuando cae la tarde, lejos se mezcla de lejos…

Federico alcanzó una fama inédita para un artista conceptual cuando Tato Bores lo reclutó para participar de su legendario show televisivo. El absurdo de las intervenciones de Peralta Ramos llegaba al gran público que, probablemente, asistía a unas representaciones dadaístas –movimiento antecesor del surrealismo– sin saberlo.

No es objetivo de este texto encontrar revolucionarios socialistas allí donde no los hay, pero sí tiene el fin de dar cuenta de las posibilidades revulsivas, subversivas del arte más contemporáneo. Y de sus perspectivas, que convergen con el espíritu del levantamiento de todos los patitos feos del mundo.

Federico también cantaba. Prefería La hora de los magos, de Jorge de la Vega, que dice así:

Es la hora de los magos, todo de golpe es perfecto (...) La redención de la carne, resurrección de los muertos y el perdón de los pecados han sido todo un suceso.

Nadie más trabaja nunca si no lo hace como un juego, hay regalos a patadas y se libera a los presos.

No hay más disturbios raciales, baja el dólar, sube el peso, si alguno quiere morirse debe esperar a ser viejo.

Se acabó la guerra fría y empezó la de los besos y la luna, de repente, se hizo de miel en el cielo.

Y es muy fácil comprobar que es verdad lo que les cuento pues quien canta esta canción es mudo de nacimiento.

Es la hora de los magos todo de golpe es perfecto…

Federico Peralta Ramos había nacido en 1939. Falleció en 1992.

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