Asado “cuidado”, las sobras de la patria exportadora

Escribe Rita Marchesini

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El gobierno de Alberto Fernández ha recurrido a uno de los expedientes más remanidos en materia de “control de precios”. Siguiendo a Macri en 2018, y al propio kirchnerismo de la década anterior, puso en marcha un acuerdo de rebaja de precios sobre una decena de cortes vacunos. Los precios serán retrotraídos a diciembre de 2020, el año donde la carne registró un aumento escalofriante del 75%, duplicando a la inflación general. Si se tiene en cuenta que el acuerdo que se pondrá en marcha implica descuentos del orden del 30% sobre diciembre, los precios “cuidados” de la carne consolidarán un aumento anual de entre el 40 y 50% para los diferentes cortes de carne.

Los cortes rebajados serán vendidos a través de las grandes cadenas de supermercados, como ya ocurre con los precios cuidados. Para estos capitalistas comerciales, esas rebajas actúan como gancho o acicate para compras de mayor alcance, donde ingresan los productos con precios “liberados”. Pero en cualquier caso, el 'acuerdo' -que tiene como proveedores principales a los grandes frigoríficos de exportación- apenas representa unas 6.000 toneladas de carne mensuales, cuando el consumo total orilla las 200.000 por mes. Ocurre que el tope en el volumen de los cortes “cuidados” está dado, precisamente, por la exportación. A diferencia de otros controles de precios, el de los cortes de carne goza de la complacencia de la patria exportadora, y por razones muy claras: en los precios “cuidados”, sólo ingresan el asado y otros cortes “parrilleros”, que el mercado internacional no demanda. Por lo tanto, para el frigorífico exportador, la tira y otros productos son un rezago que debe liquidarse en el mercado interno. Adicionalmente, los frigoríficos le arrancaron al gobierno el compromiso de no colocar trabas o límites a las exportaciones en curso.

Los voceros del capital agrario suelen afirmar que, en el mercado de la carne, los intereses de la exportación se pueden conciliar con “la mesa de los argentinos”, porque los consumidores de afuera prefieren ciertos cortes de carne que no son los que se consumen acá. Se trata de una impostura que naturaliza a uno de los componentes de la actual miseria social, que es el infraconsumo de carne y otros alimentos. Las cosas son al revés: la clase obrera argentina ha debido renunciar a los cortes más nutritivos y rendidores de carne, debido a sus precios exorbitantes. El asado -ofrecido hoy con “precio cuidado”- no es un alimento cotidiano.

Los “nacionales y populares” celebran un acuerdo de precios que está lejos de mitigar la carestía, y que marcha al compás de la patria exportadora.

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