La cuestión de la deuda en la cornisa

Escribe Marcelo Ramal

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La crisis que se ha planteado en Buenos Aires en torno del vencimiento de deuda del próximo domingo 26, ha puesto en un cono de sombra al conjunto de la cuestión de la deuda pública nacional. El 85% de ella está nominada en dólares y se rige por legislación extranjera. En 2020 hay vencimientos por alrededor de u$s60 mil millones, la mitad en manos de acreedores privados. En estos términos, Argentina se encuentra de hecho en cesación de pagos

Este domingo, la provincia debía pagar un vencimiento de capital de 250 millones de dólares de capital, con intereses de 27 millones. Kicillof declaró “impagable” el capital a vencer, y quiere correr el plazo de pago al próximo mes de mayo. Para esa fecha la situación fiscal no habrá cambiado nada, de modo que se supone que el gobernador pretenderá subirse a la negociación que el gobierno nacional quiere tener finalizada con los acreedores para esa fecha.

El miércoles pasado, venció el plazo para conseguir el apoyo a esa propuesta del 75% por parte de los acreedores privados del bono (el porcentual establecido para llegar a un acuerdo). Si persiste el desacuerdo, luego de la semana de gracia habilitada para ello, además del defol de ese bono, podría entrar en cesación de pagos el conjunto de la deuda provincial, por las llamadas cláusulas de defol cruzado. El derrumbe de la cotización de los bonos que ha provocado esta crisis incorpora a ella un elevado grado de presión de las finanzas internacionales, más allá de lo cual se hundiría el precio de toda la deuda de Argentina. Un dato poco destacado es el retiro sistemático de los depósitos en dólares en los bancos, que el mes pasado habían subido como parte de una operación para eludir el pago de impuestos. . El Banco Central se vio obligado, mientras tanto a frenar la baja de la tasa de interés, dando un paso atrás en el objetivo de “poner plata en el bolsillo de la gente”. El “plan de emergencia” ha entrado él mismo en emergencia.

“Plan integral”

Para los diarios afines al gobierno, la crisis bonaerense terminará en un final acuerdista contrarreloj; el gobierno habría demostrado su ‘muñeca’. En la ‘avivada’ algunos incluyen la foto de Alberto Fernández con Netanyahu. El antecedente del debate sobre la ley impositiva bonaerense no ofrece, sin embargo, un buen augurio, porque Kici salió de ese entrevero con el rabo entre las piernas.

Uno de los comités de acreedores, en una dura “carta”, exige al gobierno provincial y al nacional un “plan integral”, como condición para sentarse a hablar. Quieren garantías de que se pagará en el futuro, de lo contrario, los bonos de deuda de un canje no valdrán nada desde el primer día. No quieren el “reperfilamiento” “de un bono aislado, mientras está pendiente la renegociación del resto de la deuda provincial” (Ambito, 20.1). Entre los acreedores del bono, hay fondos –como Fidelity- que tienen otros bonos del distrito, y también del estado nacional. Para la fecha pedida por Kicillof –el mes de mayo- la provincia habrá incorporado nuevos vencimientos, que casi duplican el compromiso que hoy se quiere postergar. Los acreedores dicen que “si Kicillof no tiene la plata para pagar ahora, qué hace pensar que la tendrá en apenas tr.es meses más” (id). Hay que decir, de todos modos, que las garantías que piden son una fantasía – los Fernández no tienen condiciones de garantizar nada. Es lo que muestra, por caso, el descontrol inflacionario. Los registros más fieles de precios muestran una carestía en aumento. El Banco Central ha financiado al estado y a la economía mediante la emisión de $500 mil millones, la mitad de la base monetaria.

Para crear un caso testigo de reperfilamiento unilateral, Martín Guzmán se negó a cubrir el vencimiento bonaerense. A nivel nacional, sin embargo, hace lo contrario –paga los vencimientos que se van produciendo, confiscando dólares de las reservas del Central, a las que no tiene derecho. La crisis de deuda en Buenos Aires anticipa una explosión de las contradicciones del conjunto de la situación actual

La cornisa

La tesis de una negociación “dura” –pero “encaminada por expertos”- se reforzó en estos días por otro hecho: los anuncios en Davos del fernandista Stiglitz, y mentor del ministro Guzmán, de que la quita a los acreedores privados “será importante”. El editor económico de Clarín, Fernández Canedo, interpretó a este anuncio como una maniobra para bajar el valor de los bonos argentinos y, de esa manera, favorecer las condiciones de un canje con quitas significativas. Puros fuegos de artificio: es que una baja mayor de los bonos haría entrar en el juego a los fondos buitres, y de ahí vamos, sin estaciones intermedias, al despacho del difunto Griesa.

El plan oficial se encuentra en emergencia. Guillermo Mondino, un agente de los fondos, advierte que el gobierno “no tiene presupuesto” y que no ha cuantificado “el peso del aumento de los subsidios resultantes del congelamiento de tarifas”. Es un llamado a la supervisión del FMI. El “camino”, en este sentido, lo pretende mostrar Chubut. Allí, el reperfilamiento de la deuda del gobernador Arcioni incluye un congelamiento por 180 días de los salarios estatales. El massista patagónico, en definitiva, está invitando a una nueva rebelión popular.

Unión nacional

El gobierno ha llevado al Congreso su proyecto de “reperfilamiento”, para forzar el aval de todos los partidos del régimen a la negociación en curso, sin dar ninguna precisión sobre ella. . A la luz de todo lo anterior, es muy claro que quiere subir a sus opositores a la borda del Titanic. Los trabajadores no deben resignar una sola de sus conquistas en aras de ese régimen sin futuro.

Marcelo Ramal

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