Después de la revaluación, el tarifazo

Escribe Marcelo Ramal

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Con el aumento de las naftas anunciado en las últimas horas, las subas acumuladas en este mes y medio del 2021 llegan a un 12% respecto de los valores que presentaban los combustibles en diciembre. Aunque la cifra ya es impactante para sólo 45 días, lo es mucho más si tenemos en cuenta qué representan estos aumentos medidos en dólares: ocurre que, en el mismo período, el dólar oficial sólo se devaluó un 3,5%, tres veces menos de lo que subieron las naftas. Como consecuencia de ello, mientras que a comienzos de año un litro de nafta súper costaba 0,74 centavos de dólar, hoy cuesta 0,80 centavos, o sea, un 8% más. Si el dólar hubiera crecido igual a lo que aumentaron las naftas, las petroleras hubieran necesitado un aumento del 20% en 45 días para lograr el ingreso en dólares que obtuvieron ahora. En definitiva: con la política de “planchar” el dólar, los “minitarifazos” representan, para los monopolios petroleros, tarifazos en regla.

Pero lo que está ocurriendo en este “veranito” de las naftas es apenas un anticipo de lo que podría pasar con la política oficial de revalorización del peso, que el gobierno pretende alcanzar al calor de un ingreso de divisas asociado a los altos precios de la agroexportación. Guzmán acaba de anunciar una devaluación “programada” del dólar mayorista del 25% para todo el 2020, cuando la inflación proyectada para el año orilla al 50%. Si fuera así, todos los capitalistas que ajusten sus precios con esta última pauta lograrían elevar en un 20% sus ingresos y beneficios medidos en dólares. Es lo que ocurrirá, desde ya, con las privatizadas de servicios públicos, que fatigan los despachos oficiales a raíz de lo que llaman el “atraso tarifario”. Con este otro “atraso” –el cambiario- lograrán que aumentos relativamente menos importantes de las tarifas en pesos engorden más que proporcionalmente sus ganancias, medidas en moneda dura. Como estas empresas están controladas por fondos internacionales –así ocurre con las generadoras de energía pero también con YPF- se trata de un dato fundamental a la hora de hacer sus cuentas. Significativamente, el aumento del 8 % en dólares de las naftas locales coincide con el cierre de la reestructuración parcial de la deuda de YPF, con fondos que –como BlackRock- son acreedores y también accionistas de la petrolera mixta. En la mesa de negociaciones, el dato de este tarifazo en dólares tiene que haber sido crucial.

Deuda

Esta política de reflotamiento del peso también sacude otra estantería, la de los especuladores financieros. Por lo pronto, la deuda pública en pesos y atada a la inflación ha subido en las últimas horas, apostando a su revalorización en “moneda dura”. Esto parece subir las chances del mercado financiero en pesos al que apuesta el ministro Guzmán. Es evidente, sin embargo, que la “revaluación” refuerza o acrecienta el peso de la deuda en pesos sobre el conjunto de la economía nacional. Por eso mismo, la apuesta de fondo de Guzmán es resucitar el ingreso de capitales especulativos del exterior, bajo el acicate de una tasa de interés –de default- muy superior a los inexistentes rendimientos internacionales. En definitiva, todo “nacional y popular” tiene un Cavallo escondido, y dispuesto a desenfundar. Pretende apuntalar esta tentativa con los ingresos de la cosecha, que el gobierno no afectará con mayores retenciones. Es indudable que esta intentona revaluatoria ha sido colocada también en la discusión con el FMI: el kirchnerismo está reclamando que el acuerdo de “facilidades extendidas” se extienda por 20 años. En medio de una plétora de capitales sobrantes (liquidez internacionales), los nacionales y populares pregonan una acumulación de reservas para ofrecerle al capital financiero un nuevo ciclo especulativo.

El otro atraso

En cualquier caso, la operación “revaluatoria” plantea límites y contradicciones muy claras. Por lo pronto, ubica en la fila de perdedores a los especuladores que han acumulado deuda pública en dólares, y aspiran a “realizarla” a cambio de activos devaluados. La revaluación, por lo tanto, deberá pasar por una lucha intercapitalista. Pero la batalla principal se librará en otro campo: la premisa fundamental de Guzmán y los Fernández es que la “revaluación” apenas roce los salarios y jubilaciones El sueño cavalliano, otra vez, es una Argentina “redolarizada” con los salarios desvalorizados que han dejado, primero, la crisis de 2018/2019, y, luego, la regresión general planteada por el Covid. Por lo pronto, la burguesía se serviría de una revaluación del peso para retacear aumentos en las próximas paritarias, tal como explica Altamira en su nota “La vulgaridad de la economía” (https://politicaobrera.com/economia/3968-una-critica-a-la-vulgaridad-de-la-economiacitar link). La pauta salarial oficial –del 29-30%- está muy por debajo de la inflación real que se prevé para 2020. El 30% de desocupación real que ha dejado la pandemia (cuando se cuentan a todos aquellos que han dejado de buscar trabajo) es el arma que una peste –el Covid- le ha dejado a otra peste, la de los explotadores argentinos que pretenden consolidar una caída histórica del salario.

Superficialmente, la política oficial de revaluación monetaria ha sido interpretada como un plan electoral, ello, porque suponen que moderaría la inflación en curso. Visto de conjunto, el esquema que acarician Guzmán y los Fernández es una gran operación de confiscación económica a los trabajadores y jubilados. Como todos los que se deshacen en palabras “contra la oligarquía”, la piedra angular de esta operación económica es la transitoria bonanza del comercio agroexportador, a la que pretenden asociarse. Esa bonanza, sin embargo, está atada a una aguda volatilidad mundial, de la que forman parte las crisis políticas y las rebeliones populares. La cuestión del salario y de las próximas paritarias serán el tenso laboratorio de esta lucha de clases.

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