Cancelan “la atención de las otras patologías”: los muertos que nadie va a contar

Escribe Olga Cristóbal

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Desde el viernes 2 de abril, el gobierno porteño comenzó a “organizar” los hospitales públicos porteños ante el evidente aluvión de pacientes con Covid, una profecía auto cumplida (corroborada con solo mirar las largas colas para hacerse hisopados).

La “organización” sanitaria -“Refuncionalización de los servicios prestados en hospitales públicos”- consistió en suspender todos los turnos de laboratorio, de diagnóstico por imágenes y de consultorios externos en los hospitales, excepto los vinculados con el Covid. Las unidades coronarias y todas las prestaciones de guardia se volcaron exclusivamente hacia pacientes Covid. Cancelaron todas las cirugías programadas “salvo las oncológicas y cardiovasculares”.

El instructivo era la cruda descripción de los recursos que Rodríguez Larreta reserva para la catástrofe epidemiológica: sin agregar un mango en infraestructura ni otros recursos, desmantelar la atención de las otras patologías, derivando al Covid al personal existente – que cobra sueldos por debajo de la línea de la pobreza.

Los frutos de la mezquina “organización” se vieron una semana después, el viernes 11, con la falta de camas de terapia en los hospitales. Tampoco quedaban ya en los privados, y los pacientes de prepagas y obras sociales desreguladas comenzaron a peregrinar por algún lugar en los hospitales del conurbano.

En muchos casos, la falta de camas se debe a que no hay personal para atenderlas. Los ultraprecarizados de la primera ola fueron despedidos al terminar los tres meses de contrato. Rosa Reina, presidenta de la Sociedad de Terapia Intensiva, advirtió que “el contexto laboral es el mismo, se trabaja en al menos dos trabajos porque el sueldo no alcanza. Esta nueva ola se encuentra con un personal de salud agotado”.

El Instructivo avisaba que “la totalidad del personal podrá ser alcanzado para refuncionalización tanto de horario como de lugar de trabajo, dentro de sus áreas de competencias”. Una vez más, la herramienta para “la contingencia” es arrasar con los derechos laborales. En el caso de las empresas médicas, “pese a que los sanatorios y clínicas ahorraron, según distintas estimaciones, hasta un 70% de gastos por estudios e intervenciones que dejaron de hacerse, indican fuentes cercanas al sector de salud privado” (Clarín, 7/4).

Sobre fines de abril, el escenario del horror está desplegado: la medicación para terapia intensiva subió un promedio de 1.200%, no alcanzan las ambulancias para los traslados y, como se triplicó el consumo de oxígeno, escasea. Esto dio lugar a la extorsión: no solo subieron el precio sino que, de pago a 90 días se pasó a 30, de 30 a contra entrega y ahora directamente exigen anticipado (A 24, 24 de abril). Respirará el que pague mejor.

El fracaso de la “Refuncionalización” quedó claro 20 días después cuando un decreto de Rodríguez Larreta suspendió por 30 días la atención programada y las cirugías también en los sanatorios privados así como las internaciones en los hospitales públicos “para priorizar la atención de pacientes con coronavirus” (buenosaires.gob.as, 23/4).

La decisión de no invertir un centavo se mide en vidas. Durante 2020, la falta de asistencia a las otras patologías causó un número de muertes que nadie contabilizó. La Sociedad Argentina de Cardiología advirtió, por ejemplo, que “los accidentes cerebrovasculares y los infartos cardíacos” continuaron ocurriendo, pero que “el 57,8 % de los pacientes que solicitaron atención no la tuvieron”.

Según publicaciones internacionales, las consultas para detección de cáncer de mama, colon y cuello uterino disminuyeron entre 70% y 90%. En el Reino Unido, las derivaciones y tratamientos oncológicos bajaron un 70% y 40% respectivamente. La prestigiosa revista The Lancet calculó que el aumento en la mortalidad por retraso en la atención oncológica llegaba al 16%.

Otro tanto ocurrió con la atención ginecológica. El cierre de los consultorios externos de hospitales y salitas redundó en una pavorosa falta de control de las embarazadas y también en la drástica carencia de anticonceptivos y de oxaprost, la droga que se usa para hacer abortos. La falta de control de los embarazos impacta directamente en la mortalidad materna y neonatal. La falta de anticonceptivos redundó en un crecimiento vertical de los embarazos no queridos y de los abortos clandestinos.

“Reorientar” los recursos no es abandonar a su suerte al resto de la población. Hay que poner bajo una única dirección, con control de los trabajadores, las instituciones de medicina pública y privada, los laboratorios de especialidades medicinales, etc.

Solamente la organización de la clase obrera puede poner un freno al capital, que pretende defender su lucro a expensas de nuestra vida en el contexto de esta catástrofe sanitaria y social sin precedentes.

Así como los docentes han puesto un freno a la presencialidad escolar, extendamos esta exigencia a todas las actividades no esenciales, con preservación del salario y licencias pagas.

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