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El contexto de una rebelión

La llegada de Menem al gobierno significó la privatización de empresas del Estado. En consecuencia, casi 5000 trabajadores despedidos en nuestra zona, con la anuencia de senadores (Romero, el ex gobernador) diputados, gobernadores, sindicalistas y la parálisis de funcionarios locales. Un grupo de trabajadores ypefianos se autoconvocaron generando el primer corte de ruta en la 34 en 1990. Un llamado de atención tremendo, pero que no pudo frenar la política de entrega. Consumado el hecho y con algunos pesos para “invertir” tras el retiro involuntario, cada trabajador se las arregló como pudo. Surgieron emprendimientos grupales (cooperativas) o individuales sin ningún apoyo del Estado. Los resultados se hicieron visibles a los pocos meses, cuando surge en Mosconi la UTD (Unión de Trabajadores Desocupados) con una gran cantidad de “afiliados”.

A la grave situación de desempleo se sumó la problemática de la vivienda. Cientos de vecinos fueron intimados a pagar las deudas atrasadas o el desalojo sería inminente (Barrios de Fonavi o del Banco Hipotecario o viviendas de la ex YPF). Esa amenaza se concretó a medias a fines de 1996 en el Barrio 447 Viviendas. La unidad de los vecinos y sectores de la UTD hicieron retroceder a la gendarmería, que ya había puesto en la calle a varios adjudicatarios.

Para echar más leña al fuego, los servicios básicos como el agua, la luz y hasta el gas apretaban con el pago, mientras que las prestaciones eran (aún lo son) deplorables.

Una noche de deliberación y decisión

En este contexto, se empezaron a organizar asambleas públicas en las barriadas y las distintas localidades con la participación de diversos sectores. Trabajadores desocupados, de la salud, educación, de los medios de comunicación, estudiantes, vecinos y representantes de barriadas con posibilidad de desalojos, comerciantes y hasta empresarios culminan en una asamblea departamental un 7 de mayo de 1997. La resolución de la asamblea fue un corte de ruta en el ingreso sur de Mosconi. Luego de una marcha desde plaza San Martin hasta el lugar designado, se instaló el corte de ruta mas largo de la historia de la zona. Fueron días de una impresionante deliberación, con asambleas diarias. Se elaboró un pliego de reivindicaciones, con delegados por sectores y consultas cotidianas. Carpas, fogatas y una masividad de casi 20000 personas “desanimaron” la intención de Romero y Menem de reprimir. Pero no evitaron las maniobras que desde un principio implementó el gobierno. La “dirección” de esta pueblada estaba en la “multisectorial”, que sería dividida y superada por un grupo de desocupados que no aceptaba la promesa de los funcionarios. El pliego multisectorial era extenso, y mezclaba el reclamo de puestos de trabajo genuino, la condonación de deudas por viviendas y obras públicas con pedidos por parte de empresarios de la zona de refinanciación de deuda o condonaciones.

La respuesta del gobierno fueron los “planes” sociales, que inicialmente fueron 2500; la suspensión de los desalojos; promesas de mejoras en hospitales, bomberos y algunos beneficios para contados empresarios, que construyeron hoteles en la zona o les condonaron deudas con el Banco Nación.

Los “limites” del acuerdo salieron a la luz al poco tiempo. En los años 1999, 2000 y 2001 se vivieron nuevos levantamientos. Más clasistas. Impulsados por movimientos de desocupados que como respuesta al reclamo de “trabajo genuino” recibieron la represión, persecución de luchadores sociales y el asesinato de cinco trabajadores y estudiantes de la zona. Esos crímenes hoy siguen impunes.

Realidad y perspectiva

A 24 años de aquella rebelión popular, el contexto no solo no ha cambiado, sino que está agravado por una pandemia que desnudó la política de quienes gobernaron estos años. La tierra del petróleo, el gas y de una enorme potencial en agricultura y ganadería está plagada de comedores y merenderos barriales. Niños que se mueren por desnutrición, cientos de trabajadores desocupados o con trabajo en negro, el servicio de agua y luz se ha transformado en un negociado vergonzoso y la educación y la salud se sostiene por el esfuerzo de los propios vecinos.

Paradójicamente y casi trágicamente, Romero sigue siendo senador, y su hija es intendente de la ciudad Capital. Ruarte -que era intendente en Mosconi en 1997- sigue en la intendencia y Tartagal, que había puesto expectativa en un cambio con Mimessi, empieza a vislumbrar que la UCR tiene la misma respuesta que Ruarte y Sáenz ante las necesidades de la región.

Sin dudas es necesario sacar conclusiones. La realidad obliga a ello. El año pasado, con casi todo cerrado, los hospitales y sanatorios de la zona colapsaron. Vecinos peleando por oxígeno, cama o médicos. Ante esta segunda ola y con casi todo habilitado hasta las escuelas ¿Cuál puede ser el resultado? A organizarnos en los lugares de estudios, de trabajo y en los barrios. A defender la salud y la vida. A potenciar reuniones y asambleas en defensa propia.

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