Salario mínimo: el tamaño de una confiscación

Escribe Pablo Busch

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Un reciente estudio del Departamento de Estadísticas y Tendencias del Centro de Almaceneros, Autoservicios y Comerciantes Minoristas de Córdoba indica que en 10 años, los precios de los alimentos básicos subieron el doble que el salario mínimo y más del 50% que la jubilación.

"Del estudio surge que, en promedio, esos alimentos básicos aumentaron un 2.413%, la jubilación mínima un 1.575% y el salario mínimo 1.074%. De ahi resulta, con relación a los precios de esos alimentos, una caída del salario mínimo del 53% y un retroceso del haber mínimo del 33%. Dicho de otra manera, con el salario mínimo hoy se puede comprar menos de la mitad de los alimentos que se adquirían en abril de 2011. Y con la jubilación un tercio menos que en aquel momento" (Clarín, 12/5). Si bien el estudio no analiza en la comparación con los incrementos salariales de cada rama, se puede decir con certeza que ninguna paritaria a 10 años equipara el incremento de 2.413% de incremento de la canasta básica.

El trabajo señala que “los 19 alimentos evaluados (principales componentes) de la Canasta Básica Alimentaria, sufrieron -durante los últimos 10 años- una variación en pesos acorde al ritmo inflacionario argentino". "En cambio, cuando el comparativo -de esos mismos componentes- se realiza en dólar oficial o paralelo, se advierte que los mismos o bien se mantuvieron, o (principalmente cuando se cotizó en dólar blue) decrecieron, particularmente durante los últimos dos años (2020-2021) en que la brecha entre el dólar oficial y el paralelo fue, en varias ocasiones, abismalmente amplia”, indica el informe.

Este informe da por tierra con varias cuestiones: la primera es la política de control de precios y salarios del Gobierno Nacional. Como lo demuestran los datos del estudio, el único "Precio Cuidado" es el salario. La política de control de precios opera como un anclaje para los reclamos salariales, mientras los precios de los alimentos aumentan sin cuartos intermedios ni conciliaciones obligatorias. Las amenazas del Gobierno contra las principales alimenticias por los fraudes en los productos -para esquivar los precios maximos- no pasa de alguna que otra multa irrisoria. La ´deseindexación´ de salarios y jubilaciones son el ancla de la ´política anti-inflacionaria´ del gobierno que la burocracia sindical que lo apoya reivindica.

La segunda cuestión que el informe desmiente es la propaganda del Gobierno presentando como beneficios el anuncio del aumento salario mínimo (un 35% a febrero de 2022) y de la movilidad jubilatoria: sólo para recuperar el poder adquisitivo perdido en 10 años, el salario mínimo debería haber aumentado el 100% y aun así, tampoco llegaría a cubrir la llamada ´canasta de pobreza´. Un dato no menor es que del salario mínimo dependen todas las asignaciones familiares y planes sociales, también sometidos a la pérdida del poder adquisitivo.

El acuerdo del salario mínimo ha sido aceptado por casi la totalidad de los Sindicatos y las organizaciones sociales convocadas al Consejo del Salario. Es decir que el empobrecimiento de la clase obrera de conjunto lleva la rúbrica de todos sus representantes oficiales. El contraste con las autoconvocatorias y coordinadoras de trabajadores, reclamando aumentos salariales acordes a la canasta familiar ($120.000) y del crecimiento de las movilizaciones de desocupados en todo el pais, configuran un escenario explosivo para toda la clase obrera.

La lucha por el salario, en estás condiciones debe salir de los reclamos porcentuales – por caso, los vitivinícolas, para llegar a 100 mil pesos, debían conquistar un 400% de aumento paritario.

La lucha planteada es por el salario mínimo igual a la canasta familiar, la jubilación mínima del 82% móvil y un subsidio al parado del mismo monto. La complicidad de la burocracia sindical en el empobrecimiento masivo plantea la necesidad de poner en pie una nueva dirección para la clase obrera.

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