Nicaragua-FMI: el porqué de la alianza de los Fernández con Biden y Almagro en la OEA

Escribe Ana Belinco

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El viernes pasado, el gobierno de los Fernández se sumó, en la OEA, a la condena de Nicaragua por la violación de derechos humanos, que propició el ‘gusano’ Luis Almagro por iniciativa de Biden, Bolsonaro, Piñera y otros gobiernos de la derecha latinoamericana. Rompió, en consecuencia, con el bloque que integran, entre otros, México y Bolivia, que reivindican el principio de “no injerencia” en los asuntos internos de los países. Desautorizó, de este modo, el intento, siempre esquivo, de desarrollar una organización de estados latinoamericanos, independiente de Estados Unidos. La condena ha de servir para dar un status pseudo legal a las sanciones que dictará Biden contra Nicaragua, como ocurre desde hace 60 años contra Cuba y recientemente contra Venezuela. El repudio a la represión política en Nicaragua debe hacerse al margen de la OEA y mediante la denuncia de los atropellos del imperialismo yanqui en todo el mundo. La OEA, como parte de la ONU, autorizó las masacres perpetradas por EEUU en Irak y los asesinatos selectivos contra autoridades de Irán. La OEA fue parte activa durante el golpe fascistoide en Bolivia, y de fraguar resultados electorales para justificarlo. La represión abierta del régimen chileno de Piñera, del ecuatoriano de Lenin Moreno y del colombiano de Duque pasaron de largo para el organismo. La burocracia de la CGT ha venido reclamando el acompañamiento de la condena a los Ortega en el marco de la OEA. El voto de los K fue fundamentado ante la OEA por un secretario de la cancillería, Tetamantti, ante la renuencia del embajador en el organismo, Carlos Raimundi.

Los Fernández abandonaron sus posiciones precedentes y la pertenencia al bloque no ´injerencista´ para retomar las posiciones de la ex cancillería macrista. Esto no es obstáculo para que 'la izquierda' K marche el miércoles con la burocracia intervencionista de la CGT, nada menos que en el Día de la Militancia. La jornada celebra el primer retorno de Perón, en 1972, que habría de culminar, en un proceso de crisis y de golpes de estado, en la organización de la Triple A.

El cambio de posición del dúo Fernández siguió un derrotero. Un primer comunicado de la cancillería sólo expresaba una "preocupación" por la detención de opositores políticos por parte de Ortega, pero defendía la "no injerencia en asuntos internos de otros países". Más tarde, un posición más ‘dura’ del canciller Santiago Cafiero, durante una exposición virtual en dicha Asamblea, advertía que la defensa del “estado de derecho” había sido "...una postura invariable de nuestra política exterior”. Desde la Casa Rosada se había adelantado que iba a haber una abstención en línea con las dos abstenciones -en bloque con Bolivia y México- en votaciones anteriores.

En síntesis, los Fernández han cancelado el neutralismo internacional de Argentina, para destrabar el acuerdo con el FMI que le exige toda la burguesía local. Es el canje que le ha venido reclamando Biden y la Unión Europea desde hace tiempo. No es claro, sin embargo, que haya obtenido algún resultado. El propósito de los Fernández es conseguir una ‘unidad nacional’ para conseguir que el Fondo acepte un ‘ajuste’ atenuado, cuya marcha sería supervisada a lo largo del período del acuerdo. Antes de ‘arreglar’ con Larreta un respaldo en el Congreso, los Fernández buscan asegurarse el visto bueno de los Eurnekian y Bulgheronis, junto a la CGT y el Consejo Agro-industrial. La burguesía local busca re-valorizar las fuertes inversiones que tiene en la deuda pública de Argentina, en los mercados extranjeros y locales. El programa del acuerdo con el FMI pone la dirección de la economía y de la política de Argentina bajo la tutela del capital financiero internacional y nacional.

A esto responde el cambio de posición de los Fernández en la OEA.