Gatillo fácil en Barracas

Escribe Juan Arrecegor

Justicia por Lucas.

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Ayer miércoles, alrededor de las 9.30 de la mañana, en el barrio de Barracas, tres agentes de civil de la brigada de la comisaría 4D de la Policía de la Ciudad balearon en la cabeza a Lucas Gonzalez, quien volvía de entrenar acompañado de un grupo de amigos. La policía intentó instalar la versión de un enfrentamiento para justificar un terrible caso de gatillo fácil.

Lucas, de 17 años, falleció producto de las heridas. Era jugador de las inferiores de Barracas Central y volvía de un entrenamiento a bordo de un automóvil junto a otros tres jóvenes cuando se les cruzó un Nissan Tiida Gris -que no pertenece a los vehículos de la brigada- sin identificación alguna. Tras impactar contra la puerta del conductor, intentan escapar pero del otro vehículo salen cuatro disparos, hiriendo en la cabeza a Lucas, que viajaba en el asiento del acompañante. La familia de Lucas convocó a una concentración frente a la comisaría.

La versión policial de los hechos ya lleva varias contradicciones en 24 horas. La primera versión de la brigada es que hubo un enfrentamiento, aunque el audio de la comunicación interna de los efectivos con la comisaría detalla que los disparos se efectúan luego de ver en el asiento trasero del VW Suran en el que se movían los jóvenes una supuesta arma de fuego. Antes habían sumado el dato falso de que el auto era robado, lo que fue rápidamente quedó desmentido. Los policías involucrados son Gabriel Isasi, Fabian Lopez y José Nievas. Estos justifican la persecución por verlos salir de la villa 21-24 -Luna e Iriarte- y por presuntas maniobras evasivas que levantaron la sospecha de los policías y decidieron perseguir e interceptar al auto sin mediar palabras. La policía federal, que se encargó de las pericias, asegura haber encontrado un arma de juguete en el baúl del auto luego de varias horas de peritaje.

Las familias de los jóvenes refutan esta versión. Sostienen que la razón por la que escaparon luego del choque fue porque creyeron que se trataba de un robo. Prueba de esto es que a las pocas cuadras se detuvieron a pedir auxilio a un policía uniformado. No hay ninguna prueba de que haya habido un tiroteo, ni que el arma de juguete en cuestión sea de los menores que, a excepción de Lucas -que fue trasladado al hospital del Cruce de Florencio Varela- acabaron detenidos por “averiguacion de ilicito”, mientras que los policías involucrados no fueron ni siquiera molestados.

La estigmatización de los jóvenes y la creciente represión que viene ejerciendo la policía de la ciudad en las barriadas tiene como resultado hechos como este. Mientras el narcotráfico y la bandas organizadas crecen en las narices de las fuerzas de seguridad de todos los colores, la policía de Larreta solo se endurece con la juventud y los desocupados que privan del derecho a movilizarse y amenazan constantemente con reprimir.

La inseguridad no es problema de rigurosidad de las fuerzas sino de complicidad: es la propia policía la que organiza la delincuencia y libera las zonas, como es la propia gendarmería la que deja actuar a los carteles narcos en las villas más grandes de la capital federal donde están apostados como “refuerzo”. El ataque sin motivo a estos jóvenes es un hecho gravísimo que debe ser rechazado por el conjunto de la sociedad y puesto a discusión en las barriadas donde se suceden los relatos de abuso policial y corrupción para discutir una salida a este problema que condiciona la vida de los jóvenes.