Elecciones en la Universidad de Salta: los desafíos del movimiento universitario

Escribe Violeta Gil

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Después de 13 años de gobernar la Universidad, Víctor Claros perdió el rectorado en un ballotage reñido con Daniel Hoyos, quien se impuso por 49,77% a 47,96%.

El resultado fue presentado por propios y ajenos como un hecho "histórico". Sin embargo, no es la primera vez que los llamados "progresistas" gobiernan la universidad. Bianchi ya lo hizo y habilitó las acreditaciones de carreras, la venta de recursos a terceros y el ingreso de fondos de l minera La Alumbrera, abrió las puertas al proceso privatista. Claros lo profundizó. No estamos en presencia de un giro en materia política universitaria sino ante su continuidad.

Daniel Hoyos se impuso en la segunda vuelta con el apoyo mayoritario de los docentes, quienes indudablemente padecieron la pandemia en un cuadro de sobreexplotación laboral extrema, primero con la virtualidad, luego con la presencialidad forzada que les impuso jornadas más extensas de trabajo sin remuneración, ante la necesidad de los estudiantes, con una planta docente que se encuentra diezmada.

La necesidad de sacarse de encima al responsable directo de este cuadro de vaciamiento, volcó mayoritariamente a una masa de docentes y estudiantes a votar a Hoyos. Éste, además, aprovechó la disputa intestina de recursos entre las facultades para plantear una agenda de mayor reparto de la miseria presupuestaria que recibe la Universidad. En un cuadro general de ajuste a los recursos universitarios por parte del gobierno nacional, que encomendó su futuro político al acuerdo con el FMI, si en el pasado los recursos eran escasos, en adelante serán menores. Ante este panorama, más temprano que tarde, Hoyos deberá chocar con una expectativa creada en una base de estudiantes y docentes. De lo contrario deberá rebelarse ante el ajuste.

En una reciente entrevista, Hoyos reconoció que la Universidad no tiene aulas para albergar a la inmensa masa de estudiantes. Esto no es nuevo, pero él esperó hasta después de conocer los resultados para advertir que la Universidad no da abasto. Quien todavía no asumió pero ya abre el paraguas ante la falta de recursos, adelanta una política de adaptación completa a la miseria presupuestaria.

La universidad subsiste con la prórroga del presupuesto 2021 que ya el año pasado era insuficiente. En los primeros 4 meses del año la inflación superó el 20%, lo que anticipa un fin de año con una inflación arriba del 80%. Con una matrícula de ingresos histórica en la UNSa ¿Cómo piensa enfrentar este cuadro explosivo?

La dirección del sindicato de docentes universitarios se jugó al triunfo de Hoyos, lo mismo hicieron direcciones de centros de estudiantes, es decir que no sacan los pies del plato, serán incapaces de enfrentar el vaciamiento presupuestario y el avance privatista, cuando forman parte de él. ¿Cómo pasa la deserción de miles de estudiantes imposibilitados de acceder a la conectividad, la falta de aulas, de becas, de comedor, exámenes de ingreso, sin la adaptación de sus direcciones estudiantiles? ¿Cómo se impone la precariedad de cargos interinos por $14 mil pesos, la ausencia de llamados a concursos para recomponer los equipos de cátedra, la miseria salarial, sin la complicidad y el impasse de un sindicato?

El resultado del ballotage no resolverá en términos administrativos la profunda crisis que atraviesa la universidad pública. Solo la intervención autónoma de los trabajadores de la educación y el movimiento estudiantil, en una acción común que enfrente a los voceros responsables del ajuste, podrá abrir una perspectiva de superación a la falta de infraestructura, designaciones, concursos, en definitiva, de presupuesto acorde a la agenda que tenemos los trabajadores y estudiantes.

Bajo este enfoque, tenemos como tarea por delante el desarrollo de asambleas, por carreras y facultades que permitan votar pliegos propios, elegir y revocar delegados, e impulsar iniciativas que respondan a las necesidades más inmediatas. Como tarea de primer orden se presenta, para los docentes, la discusión necesaria por la reapertura de las paritarias de manera inmediata y el desarrollo de una lucha por un salario igual al costo de la canasta familiar, hoy en día, no menor a $190.