Manifiesto del Partido Obrero (oficial), un barco a la deriva con el timón averiado

Escribe Cristian Cañete

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El manifiesto aprobado por unanimidad por el XXVIII Congreso del Partido Obrero (oficial), reunido este último fin de semana, es la radiografía cabal de una organización que ha perdido cualquier perspectiva revolucionaria.

Por tomar un ejemplo, en textos anteriores se adornaba un planteo parlamentarista y electoralista colocando como frutilla del postre el “socialismo” y el “gobierno de trabajadores”. La amalgama de posiciones democratizantes, con frases revolucionarias altisonantes sueltas, tenía naturalmente el objetivo de encubrir las primeras con las últimas y de disimular la desviación política. Por ejemplo, en el manifiesto del congreso anterior, de hace un año y medio, se encargaba la misión revolucionaria al Frente de Izquierda: “El fin último (sic) del Frente de Izquierda como herramienta de independencia política de la mayoría laboriosa nacional es justamente el gobierno de los trabajadores.” El gobierno obrero no es de ningún modo un “fin último”, sino una reivindicación política presente en un período de transición.

En esta oportunidad el congreso del PO (o) ha extirpado del manifiesto cualquier referencia al gobierno de los trabajadores, al socialismo y ni qué decir a la dictadura del proletariado. No se vislumbra un planteo político de poder ni a babor ni a estribor. El voto unánime por esta “hoja de ruta” ha sido el gran aporte de los delegados congresales a la claridad en cuanto a su confusión política. Confirman por la negativa con tres años de retraso lo que desde la Tendencia del PO señalábamos en nuestro documento fundacional: “Por qué una fracción pública del Partido Obrero” (11/06/2019) “Para un partido revolucionario toda lucha de clases es una lucha política, es decir, un planteamiento de poder. Esta ha sido la historia de nuestra Política Obrera-Partido Obrero. Las altas y bajas de esa lucha de clases no modifican esa metodología, solamente modifican la forma del planteamiento. (…) En contraste con este método cuartainternacionalista, se ha desarrollado en el partido una corriente que pregona la adaptación al proceso político en nombre del ‘realismo’, que solamente admite un planteo de poder cuando las masas desatan una ofensiva potencialmente revolucionaria. Se trata de una adaptación electoral a la crisis política. La tarea de un partido obrero es plantear un camino, no seguir el camino que le imponen los hechos, como el acoplado de un camión. El planteo de un “sistema de consignas” fue un conejo sacado de la galera, completamente caprichoso, para bloquear el desarrollo de una estrategia política, con el argumento de que un planteo de poder emerge solamente cuando los explotados siguen al pie de la letra una serie de condicionamientos inventados en forma arbitraria, y no como consecuencia de la crisis del capitalismo y del régimen político."

¿Cuál fue el planteo central que ha votado el Congreso del Partido Obrero (oficial)? “Por una salida de los trabajadores a la crisis. Construyamos un movimiento popular con banderas socialistas.” y debajo agrega: “Abajo el pacto con el FMI. Por un paro nacional y plan de lucha.”

Pero ¿de qué se trata el movimiento popular del que habla el PO (o)?

El mismo texto nos ofrece una pista en uno de sus subtítulos: “Por un movimiento popular con banderas socialistas para derrotar el saqueo”. Es decir que es un planteo puramente reivindicativo. Como puede leerse en el texto, lo que sigue es una invitación “a seguir luchando” por las reclamos barriales, las reivindicaciones sociales, por los derechos laborales y el salario, etc., sin ofrecer una perspectiva política ni un planteo de poder de ningún tipo. A diferencia del pasado, ahora se invita al FIT-U a sumarse, no para desplegar la lucha por el gobierno de los trabajadores, sino para alistarse en esta cruzada contra “el saqueo”: “Llamamos al Frente de Izquierda-Unidad, que integramos desde su creación en el año 2011, a sumarse a esta tarea, impulsando la lucha del movimiento piquetero, la acción del sindicalismo combativo y de clase, las iniciativas de lucha independiente de las mujeres, la juventud y todos los sectores populares.” Es un retroceso significativo que, desde lo discursivo, acompaña un retroceso político real.

El único faro para este derrotero es el “Paro Nacional”. ¿Y después del paro, qué? Cabría preguntarse, si uno estuviera con ganas de entender algo de esta travesía. El texto no nos indica ninguna pista de cómo se avanza luego, más que la trillada “salida” de los trabajadores, el comodín perfecto para no decir nada. Cabría pensar que el paro nacional resolvería todo, o aquí hay gato encerrado.

¿Pero es totalmente cierto que están ausentes los planteos políticos? Obviamente que no. En política no existe el vacío, la ausencia de los mismos está indicando una determinada orientación política. Es muy significativo que el manifiesto comience su introducción con el problema de la inestabilidad económica y la inflación: deuda, brecha cambiaria, capital financiero, crédito internacional. Que esta centralidad de la “inflación” no es una casualidad, queda claro si uno observa que en el portal de Prensa Obrera las 4 secciones destacadas son: XVIII Congreso PO; Por un paro nacional; SUTNA (Neumático) e… Inflación.

Ante tanta preocupación por los números del Indec cabe preguntarse: ¿quiénes son los encargados de abordar una solución al problema de la inflación? El texto no lo dice. Lo que sí es seguro es que a esa ‘solución’ no la han discutido los delegados del PO (o). Del manifiesto no se desprende ninguna acción política práctica para resolver la inflación, pues esto requeriría desarrollar una estrategia política en dirección al gobierno de los trabajadores. Pero nada de eso figura en el texto. El barco sigue encallado en las reivindicaciones inmediatas. “Que nada nos quite el honor de dar las luchas reivindicativas contra el saqueo”, les hace decir a los militantes la camarilla de la dirección; “Avancemos a paso firme con nuestro único estandarte: el paro nacional”.

Se ha completado un giro copernicano dentro del PO, donde el debate sobre las acciones políticas centrales son colocadas fuera del alcance de la militancia, algo fuertemente resistido en su momento por quienes hoy militamos en la Tendencia. Antes por lo menos se disimulaba un poco, ahora aparece abiertamente en las resoluciones congresales votadas unánimemente.

Ocurre, además, que de la consigna de “construir un movimiento popular” no se desprende ninguna tarea novedosa concreta, sino la de seguir construyendo las organizaciones propias (una suerte de “hagamos grande al PO”, una remake de la tristemente célebre consigna del viejo Mas de los años 80: “hagamos grande al Mas”. Digo ‘tristemente’ porque concluyó en el estallido del Mas en una veintena de grupos). Lo dice el propio texto: “Bien visto, la creación de este movimiento ya está en marcha. Lo vemos en la lucha incansable del movimiento piquetero por pan, techo y trabajo…”. Es decir, sigamos así que vamos bien. La mentada autoconstrucción, que le dicen. Para ser más preciso, es en definitiva un “hagamos grande al Po(lo)”. El Polo es rebajado a la condición de movimiento popular, en lugar de ser el peldaño en la construcción del Partido Obrero. El movimiento piquetero tiene asignadas funciones pluriclasistas.

Como contraste con esta metodología despolitizadora, tomemos el método del Congreso de Política Obrera, donde sí se discutió a fondo la cuestión de la crisis del régimen y el planteo político que vamos a llevar adelante en la próxima etapa. La conclusión de la necesidad de un congreso obrero fue desarrollada en el debate precongresal y discutida a lo largo de todo el congreso, no ya tan sólo su necesidad, sino especialmente cómo impulsarlo en la práctica. Como uno de los resultados de esta campaña, a modo de ejemplo, hoy tenemos en desarrollo el congreso abierto del Polo Obrero Tendencia, que emerge directamente del debate congresal.

En conclusión, el manifiesto congresal muestra que el Partido Obrero (oficial) “tocó fondo” al no establecer ningún planteo de poder. La camarilla dirigente sometió a la militancia a un horizonte enmarcado en el corralito que le han colocado, la esfera meramente reivindicativa, reservándose para la propia camarilla las manos libres para determinar la táctica y la estrategia, y los golpes de timón que crea convenientes. La masa de delegados aceptó esto pasivamente votándolo por unanimidad. La “iniciativa política” en el partido no está más en los círculos y comités, puesto que ni siquiera se vislumbra en el congreso; la detenta ostensiblemente la camarilla formada en torno a los parlamentarios y rentados, como si se tratara de una cualidad natural inherente a su condición de ‘líderes’. El aparato se ha devorado la vida política del partido.

No obstante lo mejor lo reservaron para el final: “La participación electoral e incluso en los parlamentos debe estar subordinada al impulso de la movilización popular y a la construcción de una salida política de los trabajadores”. Esta frase disruptiva sobre el final del documento es la confesión de que, en las decenas de líneas que lo conforman, se ha ocultado la discusión sobre el punto. ¿Qué actividad práctica en relación a los parlamentarios se desprende del manifiesto? Ninguna, es una generalidad. O dicho en criollo, es un engañapichanga para cerrar (sin haberla abierto) la crítica hacia el electoralismo (y la adaptación al régimen que de él se desprende) y patear la pelota para adelante.

Llamo a mis ex compañeros del Partido Obrero (oficial) a discutir sin bozales qué acciones políticas es necesario desarrollar para avanzar hacia el gobierno de los trabajadores, en el actual cuadro de guerras y crisis mundiales. Discutamos la propuesta de Política Obrera de impulsar un congreso obrero para un planteo de poder.