Una Jefa de espaldas al derrumbe de su Gobierno

Escriben Jorge Altamira y Pablo Busch

Acerca del “retorno” de CFK en La Plata.

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El acto de Cristina Fernández en La Plata, en un Estadio lleno, fue movilizado casi en su totalidad por los aparatos de las organizaciones convocantes. La consigna elegida, "La fuerza de la esperanza", es un plagio de la campaña de Lula, con la diferencia de que éste enfrentaba a Bolsonaro y CFK al gobierno que construyó ella misma. En el aniversario del regreso de Perón, esta nueva operación retorno es una suerte de fraude, porque implica el apoyo a Massa y al FMI. La posibilidad de que sea lo contrario -una arremetida contra el ‘plan aguante’- es una ilusión de incautos. Bastaría una corrida cambiaria, que sería acompañada por una bancaria y financiera, y no quedarían ni los incautos. Como la de Perón hace 50 años, aunque en otras circunstancias nacionales e internacionales, esta salida es una trampa política para los trabajadores, o sea reaccionaria. El acompañamiento del aparato de una fracción de la burocracia sindical no le otorga por eso mejores perspectivas.

Fuera de las tribunas del estadio único se oyó el coro repetitivo a favor de "Cristina Presidenta". CFK le esquivó el bulto con el latiguillo frenador de Perón – "todo en su medida y armoniosamente". Hace medio siglo sirvió para que las fuerzas armadas se fueran intactas, luego de dos décadas de golpes y dictaduras, para volver poco tiempo después de la mano de los Videla y Suárez Mason. CFK insistió en la propuesta de un "pacto democrático" y un "consenso económico", como lo planteó, en 1972, el bloque multipartidos que pretendió inaugurar la Hora de los Pueblos. La expresidenta no disipó la sospecha de que su candidato fuera Massa, el superministro de la Tesorería de EEUU, Techint y los pulpos mineros. En esa variante ella se refugiaría en la gobernación de la Provincia o en una senaduría, dos barricadas contra el embate de la camarilla judicial. La pulseada que ha quedado planteada entre el Congreso y la Corte por las designaciones para el Consejo de la Magistratura, se suma a una crisis de poderes en el año electoral.

El dato político principal del acto fue que Cristina eligió no referirse a la inflación ni a la corrida de la deuda pública que podría llevase puesto a su gobierno. Prefirió convocar a la Gendarmería al conurbano con el pretexto de la ‘seguridad’, cuando lo que prima en ese territorio es el descontento y la desesperación social. CFK quiere acordonar el conurbano con las fuerzas represivas, en un cuadro de rebelión potencial. Aníbal Fernández, el ministro de la cartera nacional de Seguridad, disintió con el panorama descripto por quien habría dejado de ser su jefa política.

Además de encuadrar el acto en el aniversario del retorno de Perón, CFK reivindicó el carácter ‘nacional y popular’ de los gobiernos de Irigoyen – un guiño burdo a los radicales, al menos si se trata de que apoyen su candidatura. Otra cosa es que quiera ofrecer su ‘renunciamiento’ como prenda de una coalición política, que separe a una parte gruesa del radicalismo de JxC, para apoyar a Massa. Para el registro, es necesario aclarar que el rechazo a los golpes de lo que llamó “el partido militar”, no incluye el de 1943, ni el de 1966, cuando Perón y el peronismo apoyaron el golpe de Onganía. Ahora mismo, la presidenta del Senado ha armado una crisis con motivo de los ascensos y retiros en la FFAA, con la renovada intención de formar un partido militar propio, el “nacional y popular”, bajo la batuta del retirado oficial de Inteligencia, César Milani, un uniformado de la última dictadura.

Para la expresidenta, la democracia (burguesa) protege la vida -algo que es una completa grosería. Ignora el gatillo fácil y la guerra de las democracias de la OTAN. La cantinela de Alfonsín había sido más generosa –“se come, se educa”- aunque igualmente hipócrita. La vida es otra cosa, es la realización humana (“transmutarse en la propia esencia de la naturaleza” (Leonardo da Vinci), o sea la abolición de la explotación social. Como Alberto, Cristina Fernández, en cambio, no ha cesado ni una sola vez de apoyar el sistema capitalista, el “más eficiente”, según ella, o sea el que más exprime a la fuerza de trabajo. Se contradijo enseguida, ante la evidencia, al afirmar que la democracia no ha mostrado la capacidad para alimentar, educar y cuidar. Argentina está cubierta de manifestaciones de los trabajadores de la Salud, para mostrar precisamente eso. La pandemia fue la ocasión, no para cuidar vidas, sino para emitir dinero sin límite para subsidiar al capital.

Reivindicó el acuerdo de salida de la dictadura como un pacto democrático, a sabiendas de que dejó en pie la legislación y las instituciones de la dictadura y la impunidad de los crímenes de una mayoría de milicos. Luego de enunciar que ese pacto democrático se quebró con el intento de atentado contra ella el 1 de septiembre pasado, planteó la necesidad de reconstruirlo, claro que separando a los violentos que desean la muerte a los adversarios. La admisión al pacto la decidiría ella misma. En caída política vertiginosa, Cristina Kirchner no renuncia a su deseo de ser árbitra. Este llamado la expone a espaldas a la realidad.

Para CFK, la “seguridad” es una tensión "entre los garantistas y los mano dura". Llamó a debatir el tema de la “seguridad” en nombre de las víctimas y de sus familiares – un latiguillo del macrismo. Llamó a la subordinación de las fuerzas de seguridad al poder civil – después de cuarenta años de “pacto democrático”. El atentado del 1 de setiembre puso de manifiesto que las fuerzas de seguridad y de los servicios de Inteligencia están fuera de cualquier control democrático y ha sido un servicio de espionaje para el kirchnerismo y el macrismo.

Señaló que el "partido judicial", a través de golpes, incide en la política económica de los países latinoamericanos. Es una verdad a medias – el poder judicial de Brasil le devolvió el lugar político a Lula, luego de haber fraguado su prisión durante año y medio. Reclamó contra los cargos eternos de los jueces como una "rémora monárquica", aunque fue establecida por la Constituyente del 94 que ella y su marido celebraron desde el primer día. Lo que es auténticamente monárquico es el derecho del Ejecutivo a sustituir el proceso legislativo por los decretos de necesidad y urgencia, del que ha hecho una norma de gobierno – no sólo ella. CFK disimuló la guerra como un “problema geopolítico”, no un crimen del imperialismo, y terminó metiendo en la misma bolsa la entrega del litio y Vaca Muerta, que apoya con furia, de la Hidrovía y el agua, donde pretende arbitrar entre el capital ‘occidental’ y China.

La vigencia política de una corriente o de un caudillo o caudilla no se prueba en la ocupación de un estadio – menos aun cuando cuenta con los aparatos de intendentes y sindicatos. El peronismo y el FdT han sido arrasados por la debacle capitalista y la tutela del FMI. No tienen nada para ofrecer salvo el ajuste y una mayor inflación, la deuda pública se ha convertido en un “esquema Ponzi” – para mantenerla viva hay que subir la tasa de interés cada semana, para engatusar a los ´inversores´ y que no salgan en estampida, como ocurre con las finanzas privadas que llegan a la quiebra. La expresidenta usó la tribuna para evadir su responsabilidad política en el derrumbe, y negar el propio derrumbe. Es una suma cero.

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