Milei anuncia el rodrigazo y se codea con la internacional fascista

Escribe Jorge Altamira

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Javier Milei no se anduvo con vueltas en el discurso que pronunció en las escalinatas del Congreso. Anunció un ajuste de 100 mil millones de dólares sobre las espaldas de los trabajadores. “No hay alternativa”, dijo, “eso impactará de modo negativo sobre el nivel de actividad, el empleo, los salarios reales, la cantidad de pobres e indigentes”. Calificó a este derrumbe social como una “estanflación” y hasta “un mal trago”. Se trata en realidad de una depresión económica instigada por el propósito de pagar la deuda financiera del Estado mediante una gigantesca redistribución de ingresos, impuesta desde el Estado con un rodrigazo. ¿Qué es lo que se va a pagar de inmediato? “Más de 30 mil millones de dólares con los importadores, 10 mil millones de dólares por las utilidades retenidas a las empresas extranjeras, la deuda de YPF y el Banco Central suman 25 mil millones y la deuda pendiente del Tesoro de 35 mil millones de dólares adicionales”.

Milei, sin embargo, no dijo lo fundamental: la intención de pagar esa deuda a 350/370 pesos el dólar, luego de que él devalúe el peso a 700/800 el dólar. Mientras el empleo, los pobres y los indigentes deberán pasar por un río de sudor y lágrimas, todas esas compañías habrán obtenido una ganancia gigantesca mediante la especulación contra la moneda nacional. La estafa que tiene en la cabeza Milei la ejecutó Cavallo, en 1982, cuando era presidente del Banco Central de la dictadura. A través del Estado, Milei pretende imponer un enorme sacrificio al “sector privado” más numeroso de Argentina –los trabajadores-. El Estado nunca sufre un ajuste, por la simple razón de que no desarrolla una actividad productiva, no crea valor, ni acumula valor. El ajuste es siempre ‘privado’, en este caso la masa de la clase obrera. Por esta razón, la explanada del Congreso no le inspiró ninguna propuesta para actualizar salarios y jubilaciones de acuerdo a lo que será una hiperinflación.

Javier Milei no viene a contener ningún rodrigazo en ciernes – viene a desarrollarlo a fondo. ¿Qué es un rodrigazo? Una megadevaluación; Milei va a devaluar por decreto el peso ¡en un 70%! ¿Qué otra cosa es un rodrigazo? Dolarizar tarifas de combustibles, servicios, prepagas, transporte – es lo que hizo, precisamente Celestino Rodrigo a principios de junio de 1975. Rodrigo, como Milei, pretendía abrir una ‘nueva etapa’, y lo logró. Fue la instauración de la dictadura militar. Rodrigo tuvo que enfrentar una crisis financiera minúscula en comparación con la actual. El gran capital exige esta dolarización para reanudar un ciclo de inversiones, porque la dolarización le asegura, en principio, una altísima rentabilidad. La megadevaluación no viene a resolver problemas del comercio exterior –sean exportaciones como importaciones-. La devaluación en ciernes no pretende equilibrar el comercio exterior, sino desequilibrarlo a favor de un superávit comercial que permita pagar la deuda financiera. Argentina tiene, por cierto, un régimen estatal económico y administrativo desastroso, pero la crisis no es fiscal sino financiera. Milei no admitió esta caracterización, pero le puso el número a esta crisis financiera: 550 mil millones de dólares a tasas altas y plazos breves. El propósito es financiero: es inducir un cambio de dólares por pesos muy baratos. Es una maniobra especulativa, a la cual es aficionado él mismo y su ministro de Economía – el mesadinerista Luis Caputo. Milei ha calculado, en su discurso, que el ‘javierazo’ desatará una inflación altísima durante más de un año y hasta dos. En su versión, la responsabilidad la tiene el “rezago”, como denomina a la emisión de dinero pasada. Es una versión interesada: la hiperinflación alemana de 1923 fue paralizada en semanas. En Argentina llevará dos años porque la política del nuevo ‘mandatario’ de las patronales es inflacionaria. Para varios seguidores de Milei, el propósito de disminuir esta deuda gigantesca con superávits fiscales es simplemente un desatino, ni qué decir de cancelarla por completo. El único que lo logró, a instancias del FMI, fue el dictador rumano Ceaucescu, en 1988, y por eso terminó fusilado, con su esposa. En el discurso apocalíptico de inauguración de mandato, Milei no se refirió ni aludió a salarios, jubilaciones, paritarias: pretende mandar a la masa del trabajo a las filas de los planes sociales.

Como es sabido, los ‘libertarios’ quieren ganar la “batalla cultural” al socialismo; el kirchnerismo quería hacerlo en beneficio de la “tercera posición” y “la patria es el otro”. El ‘otro’ volvió a votarle en contra. Lo de Milei es el combate al “colectivismo empobrecedor”, sin reparar en los números del capitalismo: el 1 % de la población mundial concentra el 60 % de los ingresos, el 10 % el 2 por ciento de los mismos. ¡En Estados Unidos baja la expectativa de vida en medio de un progreso enorme de la ciencia de la salud! En muchos países, la tendencia a la pauperización es absoluta. La cruzada de Milei contra el socialismo no es ‘económica’: es una cruzada política y militar internacional. Por eso se rodeó de la española Vox, de Zelensky, de Bolsonaro y, si hubiera podido, de Netanyahu, alguien acusado de desfalco del famoso estado en beneficio propio.

El flamante presidente recurrió al viejo artificio del “muro de Berlín”, cuando Alemania vive, por primera vez, como consecuencia de la guerra, un proceso de desindustrialización y un ascenso del neofascismo, segunda fuerza nacional. Los muros crecen por doquier: en la frontera mexicano-norteamericana; en Gaza. El Mediterráneo se ha convertido en algo más que en un muro: en una fosa para centenares de miles de seres humanos. Milei saluda la masacre del pueblo gazatí, en apoyo de lo menos libertario que se pueda imaginar: la derecha fundamentalista sionista, asistida por el estado, con el pretexto de ocuparse de los estudios talmúdicos.

En otro pasaje de la arenga, Milei reivindicó a “la generación del 37”, hasta ahora un patrimonio ideológico del socialismo de Juan B. Justo, para decir que lo que vino después fue la Constitución nacional. La definitiva, la de 1860, fue acompañada por la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, al servicio del imperialismo británico. La guerra consagró la secesión definitiva de América del sur. Como ocurre con el sionismo, la Argentina de los Mitre, junto al imperio de Brasil y el liberalismo oriental, segaron la vida un millón de paraguayos. En la misma década, en el norte del continente, Abraham Lincoln conducía una guerra contra la secesión nacional y contra la esclavitud. Los destinos paralelos del sur y del norte no han podido ser más divergentes. Milei es un sudista norteamericano, para quien la liberación de los esclavos constituye un atentado a la propiedad privada.

En distintos tramos de su discurso, Milei exhibió la agresividad más extrema contra las luchas sociales, al mismo tiempo que prometía más pobreza y más hambre, y ofrecía sudor y lágrimas. Como escribió nuestra compañera Patricia Urones en X, Milei no abre ninguna etapa, es el final de las anteriores.

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"Milei anuncia el rodrigazo" | Columna de Jorge Altamira en Letras del Paraná (10/12/23) Publicado en el canal de YouTube de Política Obrera.

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