1° de mayo: la lucha contra el capital es de vida o muerte

Escribe Partido de los Trabajadores (Uruguay)

Sólo la acción de los trabajadores puede enterrar la LUC y garantizar la cuarentena.

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El día internacional de los trabajadores tendrá lugar en medio de una excepcional crisis capitalista, acelerada por la expansión del coronavirus, que comienza a desatar crisis políticas en numerosos países.

La pandemia sigue creciendo a un ritmo exponencial con más de 3 millones de personas infectadas y más de 200 mil muertos a nivel mundial con EEUU en el “epicentro” de la epidemia (casi un millón de infectados). Mientras colapsan los sistemas de salud, que han sido desmantelados y privatizados, la desocupación crece y con ella la miseria social, los gobiernos capitalistas inyectan billones de dólares para salvar a los bancos y las corporaciones. Se trata de una organización social que no puede proteger a la fuerza de trabajo, ni prescindir de ella. El capital necesita explotar a sus esclavos asalariados para producir beneficios. La pandemia ha forzado al confinamiento de gran parte de la población, a cerrar fronteras, cerrar o reducir el funcionamiento de las empresas, y paralizado en gran medida el comercio mundial. El capitalismo necesita terminar con las medidas que limitan su valorización, a expensas de la salud de la población y en primer lugar de los trabajadores y explotados. La lógica del régimen capitalista en declinación es salir de esta crisis con sus métodos históricos: la destrucción masiva de las fuerzas productivas (desempleo en masa), la descomposición de las fuerzas materiales de producción y, en particular, las guerras.

La preservación de la salud corre por cuenta de la clase obrera organizada. La Organización Mundial de la Salud recomienda la cuarentena de la población, test masivos en barrios y lugares de trabajo, y protocolos estrictos de seguridad e higiene en los servicios esenciales que no puedan dejar de funcionar. Sin embargo, con variantes, los gobiernos capitalistas alientan a romper las cuarentenas y levantar las restricciones con el discurso mentiroso de “reactivar la economía”, es decir, favorecer los negocios capitalistas. Por un lado, gobiernos derechistas como el de Trump y Bolsonaro, pero también otros supuestamente “izquierdistas” como el de López Obrador, han minimizado el riesgo de la pandemia, expresando sin tapujos la necesidad del capital de que se mantenga sin limitaciones la producción. Trump y Bolsonaro han llegado a movilizar a sectores reaccionarios y fascistas contra las políticas de protección social y cuarentena, buscando quebrar toda restricción a la reproducción capitalista. Otros gobiernos que tomaron en cuenta limitadamente algunas recomendaciones sanitarias, cada vez más desnudan que buscan levantar las medidas adoptadas y convocan a vivir en una “nueva normalidad” donde los trabajadores puedan seguir siendo explotados aún a riesgo de expandir aún más la epidemia.

Una de las mentiras que se propagan para defender la finalización de toda cuarentena, es la tesis del “efecto rebaño”, es decir, promover el contagio masivo con la finalidad de lograr la inmunidad frente al virus, una tesis que no tiene respaldo en la comunidad científica ni en la propia OMS. No existen evidencias de que los contagiados alcancen ninguna inmunidad. Los gobiernos capitalistas proclaman el objetivo de la “reactivación económica” para justificar sus medidas contra la salud pública. Mentira. Lo que hay por delante es mayor “recesión” o directamente depresión económica, como lo reconocen sus propios economistas. Pretenden aprovechar el repliegue de la fuerza de trabajo produciendo despidos y achique de puestos de trabajo, reducción de salarios y mayor flexibilización laboral, y liquidar los convenios colectivos. ¡El capital usa esta pandemia para desatar una guerra de clase contra la clase obrera!

En tanto se procede a un ataque fenomenal contra las conquistas y condiciones de vida del mundo del trabajo, de otro lado crecen los cacerolazos y las movilizaciones bajo control sanitario de los trabajadores -como en Israel, Francia o Chile. La huelgas ‘salvajes’ en Italia, España, Gran Bretaña, Brasil, Argentina y EEUU señalan una clara consinga: “nuestras vidas, primero”.

“Nueva normalidad”

En Uruguay la epidemia continua extendiéndose, y en Montevideo comienza una expansión desde los barrios ricos a los barrios populares, incluso a los asentamientos. Las medidas del gobierno derechista se han enfocado en salvaguardar los intereses del gran capital, en detrimento de la salud de la población. El gobierno de coalición encabezado por Lacalle ha reforzado a los de su clase con créditos y subsidios, extendiendo plazos en los casos de compromisos y obligaciones, mientras dio luz verde a los empresarios para que despidan y envíen al seguro de paro (tal vez sin retorno) a cien mil trabajadores. Por otra parte, el aumento del dólar ha disparado los precios de la canasta familiar, lo cual implica una rebaja salarial encubierta que junto con el aumento de las tarifas operan a la baja en el poder adquisitivo del pueblo explotado. Esta política ha impactado de forma brutal en los barrios obreros, dónde se dio una explosión de ollas populares para garantizar la sobrevivencia de miles de desempleados y precarizados.

En el marco de la pandemia, asistimos a la más infame y brutal confiscación a los trabajadores por parte del capital y su gobierno con el apoyo de la oposición de centroizquierda. El Frente Amplio ha votado nuevos impuestos al salario de funcionarios públicos, y ha abandonado rápidamente sus planteos de profundizar la cuarentena y de establecer un subsidio equivalente a un salario mínimo nacional para los más de 400 mil precarizados y cuentapropistas que se quedan sin ingresos si permanecen en sus casas.

En este contexto, el gobierno busca imponer la “nueva normalidad”, un eufemismo para arrasar con los derechos laborales y sociales de los trabajadores como supuesta base para reiniciar los ‘motores de la economía’. Así lo demuestran los más de 100 mil trabajadores en el seguro de desempleo, miles de despidos y ollas populares que crecen por todo el país. La ‘nueva normalidad’ incluye la rebaja salarial exigida por las cámaras patronales, la liquidación de los convenios colectivos, y la transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia el capital financiero (deuda externa) que implica el impuesto a los funcionarios públicos. La ‘frutilla’ es el ingreso al parlamento de la Ley de Urgente Consideración que implica un salto en la represión policial y la militarización (profundiza el giro represivo iniciado por los gobiernos del FA), avanza sobre la privatización educativa, la desmonopolización de ANCAP y el ataque al derecho de huelga (prohibe las ocupaciones y permite al gobierno incluso declarar ilegal una huelga).

La devaluación monetaria que impacta en la carestía de la vida y en el aumento de la deuda externa ni siquiera va a favorecer las exportaciones, en un mundo en que se cierran mercados y se paraliza el comercio internacional. No habren ninguna salida, del mismo modo que con los tarifazos y ajustes fiscales van a agravar la depresión económica. ¡No tienen salida! ¡Sólo la clase obrera pueda abrir una salida! Las luchas en los barrios por subsidio al desempleado, contra el desalojo a los ocupantes de tierras, la organización en ollas populares, la movilización de sindicatos (Frigoríficos, enseñanza, construcción, municipales, etc.) para garantizar las medidas de cuarentena y protocolos de seguridad e higiene, son el camino -así como los cacerolazos y paros contra los tarifazos marcan una perspectiva para luchar por las reivindicaciones obreras y populares.

Movimiento obrero

En el movimiento obrero y la izquierda se ha abierto una deliberación sobre qué estrategia desenvolver frente a la guerra de clases que plantea el gobierno. La estrategia de la dirección burocrática del PIT-CNT es el impulso a un ficticio ‘diálogo social’ con el gobierno y la clase capitalista. No ha sido el camino que tomaron los trabajadores del correo, AUTE, FFOSE, la Unión Ferroviaria, Adeom o la FOICA que arrancaron mediante huelgas y paralizaciones las medidas sanitarias y protocolos para enfrentar la epidemia y garantizar la cuarentena. Para enfrentar la LUC y el plan de guerra de Lacalle Pou el camino es la acción independiente de la clase obrera en la perspectiva de la huelga general. La supuesta salida “dialogada” frente a este ataque en regla contra el movimiento obrero, equivale a preparar una derrota y una brutal vuelta de tuerca en las condiciones de explotación de los trabajadores. Algunos sindicatos (Adeom, Fancap, entre otros) ya han planteado en el seno del PIT-CNT la realización de un paro general para derrotar la LUC y para defender un plan sanitario de los trabajadores.

A pocos días del día internacional de los trabajadores, la burocracia sindical ha logrado desarticular la movilización resuelta por la Mesa Representativa (realizar cuatro actos en lugar de uno, para evitar aglomeraciones), sustituyéndolos por una caravana, para no movilizarse contra la “normalización” del gobierno. Se niega a exigir la cuarentena para que todas las tareas productivas no vinculadas a la alimentación, la higiene o la emergencia sanitaria sean suspendidas, con el mantenimiento del 100% del salario, y que se grave al capital y las grandes fortuna para garantizar un subsidio de $ 20.000 a desempelados, precarizados y cuentapropistas. Con esta señal los Periera y Abdala intentan reanudar la política del «diálogo» con un gobierno que se ha negado a escuchar a los trabajadores.

La burocracia sindical accede a desbaratar cualquier respuesta contra el ajuste, sin denunciar la política criminal del gobierno, que descarga la crisis sobre los trabajadores aprovechando la inmovilidad del movimiento sindical.

Por un programa de lucha

Un programa obrero frente a la crisis sanitaria, económica y social, debe comenzar por exigir la cuarentena de la población, asegurando el cierre de toda actividad económica no indispensable, garantizando el 100% de los salarios; por protocolos de salud e higiene propios emanados de las asambleas; prohibición de los despidos; reducción de la jornada de trabajo a seis horas y cuatro turnos por jornada, incorporando personal nuevo; reducción de la jornada y rotación del personal de salud, dejando sin efecto todos los envíos al seguro de paro; cuarentenas en las barriadas con protocolos que contemplen el hacinamiento habitacional y la falta de otros espacios propios; producción y adquisición de respiradores y de equipos (kits) de diagnóstico y un plan masivo de testeos; intervención estatal en la medicina y laboratorios privados, bajo control de los trabajadores; ningún rescate al capital, nacionalización bajo control obrero, y destinar el dinero a la salud, a la vivienda, a la alimentación y a la medicina; no a los desalojos: total apoyo a los que luchan por la vivienda; salario mínimo igual al costo de la canasta familiar para todo el mundo de trabajo incluyendo a los trabajadores no registrados, monotributistas, desocupados, precarios, jefas de hogar, y finalmente poner fin a todo pago de la deuda externa. Por un plan de lucha para conquistar el retiro de la reaccionaria LUC y todo el programa que representa.

Las políticas de conciliación de clases han demostrado su fracaso, en Uruguay y en todo el mundo. Tras quince años de gobierno “centroizquierdista”, con mayorías parlamentarias y altos precios de los productos de exportación, no pudieron superar la miseria social y terminaron pavimentando el retorno de la derecha a través de una coalición de cinco partidos -que expresa la fragmentación y disgregación de la propia clase capitalista. Esa megacoalición derechista no abrirá ninguna salida, ni siquiera en términos capitalistas, van a una profundización de la crisis y la agudización de la lucha de clases. Es necesario que la clase obrera recupere su independencia política, en oposición a los frentes de colaboración de clases y la estrategia de pacto social con la burguesía, para luchar por un gobierno de trabajadores y la unidad socialista de América Latina.

En Uruguay, y en todo el planeta, necesitamos poner en pie un partido de masas de trabajadores, y una Internacional Obrera y Revolucionaria.

En este 1° de Mayo el grito de la clase obrera internacional debe ser, como nunca, Socialismo o Barbarie.

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