La olla popular de la Villa 21

Escribe Javiera Sarraz

Tiempo de lectura: 3 minutos

Para dar curso a los reclamos del barrio, los compañeros del Polo del sector Pavimento Alegre han organizado una olla popular que entrega tres veces por semana 150 raciones de comida. Arrancamos la olla el viernes 1° de Mayo porque, en palabras de una compañera del barrio, no podíamos perder la oportunidad de empezar en el día del trabajador.

Denuncias y reclamos espontáneos

Al frente de la olla estuvieron las mujeres y la juventud. Frente al escepticismo de los vecinos sobre la gratuidad de las raciones, las compañeras del Polo explicaron enérgicamente que entregaríamos dichas raciones de manera irrestricta para cualquiera que lo necesitara. Esta cálida y solidaria actitud militante de nuestras compañeras, generó el rápido acercamiento de decenas de vecinos; varios de los cuáles, sin ninguna fidelidad a las organizaciones barriales en las que estaban, nos contaron sobre el “descariño” y mala calidad de los alimentos que daban sus comedores. Otro vecino nos contó que su organización se había hecho propaganda con las “ollas populares”; pero que era una mentira, pues la comida quedó restringida sólo para los integrantes de la propia organización.

Los vecinos que se acercaron también denunciaron que los únicos que se han hecho presentes para entregar los alimentos y útiles de limpieza a las familias contagiadas con Covid-19 han sido ellos mismos; y que tampoco el Estado ha hecho testeos a los vecinos más inmediatos de los hogares afectados.

Jornada política

Por la naturaleza de la crisis que viven los vecinos, la jornada pudo desarrollarse con un fuerte contenido político. “Exigimos al gobierno que nos de mercadería. También necesitamos artículos de limpieza, alcohol gel, y lavandina. Yo soy mamá de un bebé de 10 meses y lo estamos pasando muy mal”, explicó una de nuestras compañeras en un video, e invitamos a los vecinos a sumarse al reclamo por la apertura de comedores y testeos. Por su parte, las estudiantes secundarias denunciaron su imposibilidad de cumplir con las tareas virtuales de la escuela, pues no tienen wifi ni computadoras. [1]

Junto a las raciones de comida, entregamos un pequeño volante del PdT con un número de teléfono para que cualquier vecina que esté cumpliendo la cuarentena con su agresor, se coloque en contacto con nosotros y organicemos una salida colectiva a la violencia contra las mujeres [2]. Esto generó en el acto que una vecina contara sobre una situación de violencia doméstica. También hicimos carteles en solidaridad con los compañeros de BetTime que se encontraban ocupando la fábrica.[3]

Recibimiento y solidaridad del barrio

Desde ese día, la olla popular ha recibido la solidaridad del sector: Los trabajadores de un camión que reparte pan nos donaron varios kilos, los trabajadores de una verdulería nos han donado papas, y los trabajadores de una carnicería nos han hecho precios. También los trabajadores de una fotocopiadora nos han regalado volantes del PdT para entregar a las mujeres del barrio.

Los vecinos que se han acercado a la olla a veces han vuelto después de comer para felicitar a las cocineras por el impecable trabajo y buen sabor de la comida. También se han acercado vecinos para prestarnos utensilios de cocina, encender el fuego para la olla, o montar las mesas.

Sin cuarentena ni organización

La mayoría de las actividades al interior del barrio se han retomado con normalidad. Los locales que cerraron al inicio de la cuarentena, como gomerías, pequeñas fábricas de ladrillos, distribuidoras de plástico, peluquerías, o locales de cotillón, ahora se encuentran funcionando en su horario habitual. Este levantamiento de hecho se produce justo en el momento en que se han confirmado los primeros casos de Covid-19 en el barrio.

Frente a la ausencia de testeos masivos, la falta de elemento de higiene y la crisis alimentaria, los espacios organizativos que han surgido, como el comité de crisis y otros subcomités integrados por la iglesia y organizaciones kirchneristas y de izquierda, no han hecho nada que no pudiese ser reemplazado por un trabajador social -informar y coordinar días de vacunación, o entregar bolsas miserables de alimentos en cantidades marginales.

Perspectivas

Para estas mujeres que organizan la olla popular, la seriedad y pulcritud con la que se debe trabajar son objetivos importantes y perfectamente alcanzables. Por ello, han acordado algunos códigos de trabajo: puntualidad, cuidado con la calidad, tiempos de cocción, y sabor de la comida; responsabilidad en las tareas de agitación; y amabilidad y afecto hacia los vecinos que se acerquen.

Las desocupadas y desocupados de los barrios, al igual que los trabajadores de la salud, se encuentran en la primera línea de combate frente a la pandemia y la desidia estatal. Al calor de esta lucha se está templando una nueva vanguardia obrera para las luchas que vienen.

[1] https://www.facebook.com/105411314202216/posts/247827333293946/ [2] https://www.facebook.com/105411314202216/posts/248350173241662/ [3] https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=115760643451060&id=102011168159341

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