El espíritu de rebelión asoma en las barriadas jujeñas

Escribe Pablo Dietrich

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En los últimos días los jujeños hemos discutido la noticia sobre unos jóvenes del barrio San Lorenzo, de Libertador General San Martín, que al ser descubiertos jugando al fútbol por el helicóptero del gobierno provincial, encargado de vigilar el cumplimiento de la cuarentena social obligatoria, decidieron con éxito correrlo a piedrazos.

Pero a diferencia de noticias similares, la indignación que en un momento reinaba contra aquel que “rompía la cuarentena” ahora fue soslayada por una suerte de simpatía y hasta memes que festejaban el accionar de los “changos".

Los defensores reclamaban que para gran parte de la población, la cuarentena es insostenible por la necesidad de salir a pelear el pan de cada día. Otros recordando que el gobierno de Morales aprovecha la pandemia para seguir haciendo pasar ajustes contra los trabajadores. También se llegó a recordar el rol de este barrio en las quebradas obreras de la década de los 90’ en una Jujuy rebelada.

El fantasma de la rebelión

El helicóptero de Morales surca una densa nube de tierra que no es más ni menos que el fantasma del 97. Fantasma del Libertador "piquetero", de la juventud indomable, un fantasma que no se disipa.

Es que el poder del Estado sabe muy bien que hay arterias de una memoria de lucha que debe seccionar de una vez y para siempre. Y esa es una cuestión fundamental. Aquí en Libertador parece ser que la cuestión biológica y de las nuevas generaciones no logran aplastar el pasado de los viejos.

Morales y Blaquier manejan el patrullero del aire.

El viento de las hélices hacen volar las hojas de un diario que informa que solo apenas 22 años Carlos Ferraro, gobernador menemista (hoy periodista), desdoblaba la liquidación de los sueldos de los trabajadores estatales y hoy Morales como gesto de sacha homenaje hace lo mismo. Los que cobran mas de 30 mil cobrarán en 2 partes. Nada de casualidades. Es la misma política de los partidos patronales que antes y ayer atacan el bolsillo de la clase trabajadora jujeña.

Los jóvenes allí, abajo en cancha de tierra y poco pasto, quizás sepan poco de ese párrafo de la historia. Miran sorprendidos y luego con odio la intempestiva llegada del móvil volador, que pretende dar por terminado el cotejo.

Metros más allá del campo de juego hay un basural donde los olores nauseabundos se mezclan con el olor de un matadero semiabandonado rodeado de calles sin asfaltar. Las defensas del río San Lorenzo fueron y son las paredes de casas improvisadas. Oscuridad de noche, focos desvencijados y cuando viene la creciente como a principio de año el barrio completo se despierta.

Las calles del barrio San Lorenzo, sus pasajes y sus pasadizos guardan aún los secretos de esa juventud que enfrentó a los gendarmes y los desnudo en las calles mientras los tiros vienen y se devuelven.

El helicóptero amenazador es un dato menor. Lo importante es quien lo conduce y cuales son sus objetivos.

Reprimir y aleccionar a la clase trabajadora y sus hijos. Los mismos que patean una “chuti”. De este lado norte de la ciudad unos jóvenes que "violan la cuarentena" y del otro lado de la ciudad miles de obreros azucareros y papeleros obligados a trabajar bajo el amparo de un decreto de necesidad y urgencia que dictamina que el ingenio Ledesma es una empresa esencial. El helicóptero no surca los cielos de la fábrica donde hace unos días se firmó un acuerdo a espalda de los obreros papeleros para que cobren un 30% menos.

Aquí los jóvenes hijos de trabajadores allá sus padres entrando a trabajar. Aquí los chaguancos y matacos patas de barro, drogadictos, pibes chorros, allá Ledesma que escupe explotación a través de sus chimeneas. Lo que se debe reprimir es la osadía de romper el mandato del patrón sea el Estado o de Blaquier, ya no es la pandemia. Es la rebeldía.

Estos jóvenes y sus familias, eternos oprimidos y perseguidos por el Estado, con su propia organización son los únicos garantes de la cuarentena. Es por ellos que es fundamental la creación de comités barriales que arranquen al Estado los recursos necesarios. Quienes conocen el barrio son sus habitantes no los que aparecen para reprimir o cuando baja el agua. Lo sucedido en el B° San Lorenzo debe servir para debatir y definir un programa en defensa de la salud y la vida social de la juventud y de los vecinos.

Es por eso que reclamamos testeos masivos y un protocolo para los barrios Por comités barriales que organicen la vida cotidiana de los barrios.

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