El capitalismo y la salud, una perspectiva socialista

Escribe Julián Asiner

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La charla-debate “Capitalismo y pandemia”, con Jorge Altamira, organizada por Tribuna de Salud -Tendencia- fue un reflejo de la lucha y la deliberación creciente que involucra al conjunto del movimiento de la salud y expresó, a la vez, la necesidad de enfocar ese proceso desde una perspectiva política obrera.

Participaron un centenar de trabajadores entre enfermerxs, médicxs, profesionales, residentes, concurrentes y técnicxs de hospitales, clínicas, y centros de salud.

Descontrol y desplome

Debatimos la incapacidad para controlar la evolución de la pandemia que se registra en países como Chile o Inglaterra, ni qué decir Brasil y, por sobre todo, Estados Unidos. La Argentina, como lo demuestra la multiplicación de casos en las villas, no está muy lejos de este escenario. En Estados Unidos y Brasil, este descontrol se expresa en un colapso del sistema sanitario. 48 millones de norteamericanxs no tienen cobertura; otros 30 millones acaban de ser despedidxs, perdiendo sus seguros médicos. La contradicción entre “capitalismo y pandemia” no es entonces un problema de “diseño ideológico”, sino que emerge como un problema objetivo, extraordinario, derivado de esta realidad.

El capitalismo convirtió a la salud en mercancía, haciéndola depender de las fluctuaciones de la oferta y la demanda y de los ciclos de la economía. Esto explica que, en plena pandemia, en la salud privada se vean amenazados los salarios por la reducción de determinadas prestaciones lucrativas. Otro aspecto es la falta de colaboración a la hora de investigar una vacuna, cuya eventual patente y mercados ya están siendo loteados por las farmacéuticas. Por eso la lucha por la salud requiere ser encarada con un programa anticapitalista. La sobrevivencia del capitalismo compite con la sobrevivencia de la humanidad. Las pujas por la “reapertura de la economía” retratan un desplome de las relaciones capitalistas que dará lugar a una lucha de clases de alcance revolucionario.

Historia de una relación

En la época naciente del capitalismo, hace 175 años, Engels describió la incapacidad de esta organización social para resolver el problema de la vivienda. A medida que el proceso de producción se desarrolla, se convierte cada vez más en un proceso mercantil. Subordina el campo a la ciudad, la naturaleza a la industria, y termina por alienar al conjunto de la actividad humana. Vivimos para trabajar, en lugar de que el proceso de trabajo se vincule a nuestras ambiciones de vivir. En particular en los últimos años, a partir de la crisis de los años ‘70, el capital comenzó a invadir esferas que antes eran manejadas por el Estado, afectando al sector salud.

La organización social es el medio a través del cual las personas nos relacionamos con el ámbito natural. El desarrollo de las fuerzas productivas es la traducción social contradictoria de esta relación, que se refleja en modos de producción determinados. Con cada desarrollo de las fuerzas de producción, aparecieron regímenes sociales que organizaban y se encargaban del intercambio con el medio natural. Hoy, el capitalismo desarrolla este intercambio en forma básicamente destructiva, pues concentra los recursos acumulados (y muchos futuros) en rescatar al capital del impacto de la pandemia, a costa de la vida y salud de los trabajadores; es lo que ocurrió, de otro modo, en las guerras mundiales y coloniales, o en el uso de la bomba atómica contra poblaciones desguarnecidas. El coronavirus muestra que la forma capitalista de vincularnos con la naturaleza se encuentra en un colapso.

Lxs trabajadorxs de la salud

El papel de lxs trabajadorxs de la salud en la Revolución Rusa y la Revolución Cubana son la prueba, por el lado positivo, del antagonismo entre capitalismo y salud. Estas revoluciones otorgaron las reivindicaciones de la mujer, la jornada de ocho horas y desarrollaron al sistema sanitario, hoy deteriorado por el agotamiento y el retroceso de esos procesos revolucionarios.

Dentro de lo que llamamos “trabajadorxs de la salud” hay, no obstante, una diferenciación de clases. Lxs médicxs no son todxs explotadxs ni trabajan en las mismas condiciones, pero el desarrollo del capitalismo lxs ha ido convirtiendo, en su mayor número, en asalariadxs. Que haya diferencias no implica que no haya que promover una lucha conjunta. La única interesada en perpetuar la fragmentación es la burocracia de los sindicatos. Cuando las necesidades de personal sanitario arrecian en todos lados, la operación derechista contra la llegada de médicxs cubanxs muestra el carácter destructivo de las rivalidades nacionales, otra construcción del capitalismo. Su contratación debe ser individual y bajo las condiciones del convenio colectivo, evitando el “impuesto al salario” que pretende cobrar el Estado cubano.

El primer desafío para que lxs trabajadorxs de salud puedan pesar en esta crisis es organizarse a sí mismos. Por eso la principal conclusión de la charla fue la necesidad de impulsar una coordinadora inter-salud, que vaya unificando las luchas de la salud a escala de cada región y finalmente a nivel nacional, incluyendo a los diferentes sectores y especialidades. No sería la primera vez que lxs trabajadorxs de la salud encaran una pelea sin descuidar a sus pacientes. Los sindicatos combativos, como ocurre con CICOP en la provincia de Buenos Aires, tienen que abrir el juego a una coordinadora, impulsando un programa de testeos masivos, construcción de hospitales, intervención del sistema privado, contratación de personal, reconversión de las empresas. El antagonismo capitalismo-salud, que afecta la continuidad de la vida misma, reclama la intervención conjunta del movimiento obrero.

Un aspecto relevante de esta lucha es el derecho al aborto, que ha sido ignorado bajo el pretexto de evitar contaminaciones en el sistema de salud. Es decisivo, sin embargo, porque el embarazo no deseado no admite postergaciones. En un ambiente donde la violencia doméstica se exacerba como consecuencia del encierro, privar a la mujer de este derecho es reforzar el impasse del medio familiar y la violencia. El proyecto de ley del gobierno aún no se conoce y su tratamiento en el Congreso está indefinido, con el agravante de que sería discutido en un formato virtual. La movilización por este derecho no entraña un desafío a la cuarentena sino una lucha contra la aniquilación del tejido social precario de la clase obrera y en defensa de la mujer trabajadora.

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