Gestación subrogada y la libertad de los cuerpos

Escribe Agustina Llanes

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Hace unos días atrás se difundieron fotos dignas de un episodio de El Cuento de la Criada: mostraban alrededor de 500 bebés, sin identidad, abandonados en un hotel, esperando a ser adoptados. Se trata del hotel de la empresa BioTexCom, ubicada en la ciudad de Kiev, que se dedica al negocio del alquiler de vientres y a la venta de sus productos.

Los bebés son dados a luz por madres que gestan a las criaturas para terceros en el Centro de Reproducción Humana BioTexCom, todos estos bebés tienen a sus “padres” -compradores- en otros países y continentes.

Ucrania es conocida como “la capital de la subrogación”, después de la prohibición en países como la India y Tailandia. Debido al cierre de fronteras, ante la pandemia de Covid19, los “padres intencionales” no pueden buscar a los bebés hasta que pase el confinamiento. Cada alquiler de vientre ronda entre 30 mil a 45 mil dólares. Las mujeres son máquinas incubadoras y los hijos una mercancía más del mercado capitalista.

Los recién nacidos se encuentran almacenados “en stock por empresas sin autorización legal de tutela de menores (...) que están sin inscribir en el registro civil y son apátridas" (Diario Sumario, 8/5). El contrato que firman las partes dice que una vez nacido el bebé es separado de los brazos de la madre. Los derechos universales del niño son cartón pintado en un régimen social en franca descomposición.

Garantes de la opresión de las mujeres

BioTexCom contrata a empleadas que llama “cuidadoras” con un régimen laboral de explotación, en el que pasan hasta un mes encerradas sin poder ver a sus familias. Esta empresa, que funciona como una fábrica de bebés, hasta en plena pandemia, está completamente amparada por el estado ucraniano que ya se había envuelto en un escándalo en 2018 por tráfico de personas, falsificación de documentación y evasión de impuestos, entre otros delitos.

La burguesía subrogante fomenta la opresión de la mujer a la que transforman en un objeto- incubadora, extremando el rol social impuesto de existir para la reproducción y nada más, y a los niños en mercancías de compra y venta. Es la muestra de la barbarie capitalista que avanza contra el más mínimo rasgo de humanidad, por enriquecer sus ganancias.

Romantización

Negocios multimillonarios, como las redes de trata, han estado intentando introducirse en el movimiento de mujeres, justificando la explotación sexual mediante el lema “mi cuerpo, mi decisión” - la "libertad" de prostituirse., una venta del cuerpo y la decisión de las mujeres. Una libertad para elegir entre comer o vender el cuerpo o para hacer de incubadora. La subrogación de vientres.se desarrolla, en este caso, en Ucrania, un país humillado, pisoteado y en guerra.

Se busca romantizar esta explotación y muestran con “ternura” como personajes de la farándula compran su bebé y vuelven al país siendo padres. Nadie muestra la otra cara, la de las mujeres que gestan, son sometidas a “cuidados” por parte de la empresa que las obligan a comer y hacer lo que ellos dicen, y solo reciben el 0,5% del dinero, unos 250 dólares. Es un negocio internacional, se puede encontrar el monto de transacción en las cuentas del PBI.

Confundir el derecho a interrrumpir un embarazo no deseado con el "derecho" a la prostitución, como dos formas de ejercer la libertad de los cuerpos es una aberración que algunEs confunden a sabiendas de lo que pregonan. La libertad es siempre política- los cuerpos no gozan de una capacidad de libertad mayor que la del individuo social que los mueve.

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