Escribe Marcelo Ramal
Los monopolios petroleros discuten el régimen político.
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En la reunión que sostuvo con una veintena de las mayores petroleras del mundo, Trump ofreció las palabras esperadas: “tratarán con nosotros (el gobierno norteamericano), no con Venezuela”. Para el manejo de los futuros negocios petroleros, les ofreció el Protectorado de facto que ha impuesto sobre el país, sin aportar ninguna precisión más allá de afirmar que tiene “muy buena” relación con el equipo de funcionarios chavistas que encabeza Delcy Rodriguez. Mientras Trump reunía a los pulpos de los hidrocarburos, el Departamento de Estado anunciaba el envío de una delegación de funcionarios y técnicos a Caracas, para discutir con las autoridades, prioritariamente, la reactivación de las operaciones petroleras. Ante los medios, Trump había anunciado inversiones por 100.000 millones de dólares, y un “torrente de negocios” para las empresas del sector que resuelvan abrir o reanudar operaciones en el país.
Pero la reunión con las petroleras fue más complicada de lo esperado por la claque trumpista. Lo que dejó entrever fue una divergencia entre las corporaciones petroleras, no en torno de barriles o precios, sino del futuro del régimen político en Venezuela.
Las dos voces que destacaron los medios en la reunión fueron las de Chevron, por un lado, y la de Exxon Mobil, del otro. Los representantes de Chevron fueron laudatorios con el plan de Trump, y se mostraron “listos” para continuar y redoblar la producción. Esta petrolera es la única de origen americano que mantuvo sus operaciones en Venezuela en estos últimos años. Por eso mismo, podría elevar sin demasiadas inversiones adicionales sus actuales niveles de producción. Es lo que puso de manifiesto, en los días previos al cónclave con Trump, Ali Moshiri, el ejecutivo de Chevron a cargo de las operaciones de la empresa en Venezuela y en América Latina. En un reportaje ofrecido a la periodista argentina Silvia Naishtat, el funcionario de Chevron reveló los alcances y los límites del plan trumpista: “Venezuela puede volver a producir 1,5 millones de barriles por día en unos 18 meses -o menos- con una inversión de entre 5.000 y 7.000 millones de dólares. Pero pasar de ahí es mucho más difícil. ¿Por qué? Porque hay que reparar y expandir infraestructura” (EconoJournal, 9/1). Lo que señala el ejecutivo es que una reactivación petrolera de corto alcance podría incrementar la actual producción en un 50% desde los bajos niveles actuales, con el solo expediente de poner en funcionamiento instalaciones que se encuentran ociosas. Ese plan, según Moshiri, demandaría el 5% de las inversiones que fantasea Trump. Chevron, que ya se encuentra instalada en el país, se ofrece a encabezarlo con una mínima inversión: unos 2.000 millones de dólares, de los cuales “nuestro objetivo es que 1.000 vengan del sector público (gobierno de los Estados Unidos) y 1.000 del sector privado” (id.). Es probable que lo que aquí se presenta como “sector público” de los Estados Unidos provenga finalmente de la venta del petróleo a extraer, y del monopolio que ejercerá la administración trumpista sobre las exportaciones a Estados Unidos. Dicho más sencillamente, de un arrebato a las arcas venezolanas.
Pero enseguida, el hombre de Chevron aclaró que para elevar a cifras más importantes la producción “hace falta muchísimo dinero”. No parece ser ese el “plan de negocios” que esté en juego en lo inmediato. Lo que se debate es una activación de los pozos y refinerías semiparalizadas, con mínima inversión y bajo el fusil de la administración trumpista y colaboradores locales. En este punto, el funcionario de Chevron arriesgó una posición política significativa, al “apoyar 100% la estrategia de Trump: que el que gobierne “sea alguien del sistema actual -te guste o no-” (id).
Volviendo a la reunión con Trump, la voz discordante partió del representante de Exxon Mobil, Darren Woods, quien “expresó que cree necesarias "muchas reformas" antes de que sea viable para las empresas regresar al suelo latinoamericano” (Perfil, 10/1). “Si analizamos los marcos legales y comerciales vigentes en Venezuela, hoy es un país no invertible”. (id). Sin estar actualmente instaladas en Venezuela, Exxon Mobil -y varias otras petroleras- sólo podrían anotarse en el plan trumpista al costo de grandes inversiones. Para ese cometido, Exxon reclama que el “cambio de régimen” llegue hasta el final, y legalice un marco de concesiones a las corporaciones petroleras de largo alcance. Es lo que viene planteando sistemáticamente el bloque de María Corina Machado y González Urrutia: en marzo pasado, Machado expuso como conferencista en el Congreso Mundial de Energía, el máximo evento empresarial de la industria petrolera que tiene lugar en Houston. Allí, Machado prometió una reforma de la ley de hidrocarburos de Venezuela, para reducir a la mínima expresión la participación estatal en los consorcios petroleros mixtos, abrir el negocio a multinacionales en áreas estratégicas y ofrecer “seguridad jurídica” contra futuros litigios. El planteo fue saludado por las petroleras que esperan “un cambio de régimen y un marco legal favorable en Venezuela”, el mismo planteo que hizo ahora Exxon en la reunión con Trump.
Los observadores del mercado petrolero, por otra parte, han puesto de manifiesto otras contradicciones del plan trumpista. No es un secreto que el presidente invasor aspira a aumentar la oferta petrolera sobre el mercado americano con el objetivo de abatir el precio de los combustibles, y, por esa vía, aflojar la presión inflacionaria causada por la guerra comercial y los recargos arancelarios impuestos por el propio Trump. Pero el abatimiento del precio del crudo pone en cuestionamiento a las nuevas inversiones petroleras, incluso al mismísimo plan de “relanzamiento de la oferta venezolana” prometido por el jefe de la piratería yanqui. Por eso, es previsible que las petroleras regulen el aumento de esa producción en función de sus propias apetencias de precios y beneficios.
El conclave Trump-petroleras, en suma, ha exhibido el carácter explosivo de la transición iniciada con el asalto a Venezuela. Los pulpos de los hidrocarburos dividen sus intereses entre el saqueo “rápido” de las actuales disponibilidades de petróleo, de un lado, y un drástico cambio de régimen que exige la destrucción del andamiaje político y jurídico del chavismo, del otro. Por la fuerza o por la “ley”, los monopolios petroleros y Trump van por un saqueo de gran alcance sobre los recursos y los trabajadores de Venezuela.
La captura del petróleo y del comercio exterior de Venezuela a manos de Trump El Protectorado en marcha. Por Marcelo Ramal, 08/01/2026.
