Escribe Marcelo Ramal
El Protectorado en marcha.
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La captura de dos barcos que transportaban o habían transportado petróleo venezolano, uno de ellos con bandera de Rusia y en medio del Atlántico Norte, refrenda la decisión de Trump de apoderarse de todos los resortes de la industria petrolera de Venezuela. Pero con ellos, se apropiará también del comercio exterior del país, donde los hidrocarburos representan el 90% de las exportaciones. Trump había anunciado que los ingresos que aporten las ventas de petróleo a Estados Unidos -un plan de 30 a 50 millones de barriles- quedaban “bajo control” de su gobierno. Ayer, redoblando la apuesta, señaló que los ingresos de esas exportaciones petroleras serán “gastados” exclusivamente en compras a su país. Se trata de un paso decisivo en el establecimiento del Protectorado, pues el comercio exterior venezolano ha sido “nacionalizado”... pero bajo la batuta de la nación invasora.
La decisión de Trump implicará un desvío de comercio compulsivo en detrimento de China, que es, junto con Estados Unidos, el mayor proveedor de las importaciones venezolanas. Actualmente, la mayoría de esas compras externas están compuestas por artículos de consumo -alimentos y electrónica- que implicarán un gasto mayor de divisas al ser adquiridas en Estados Unidos. Con la guerra -lisa y llana- Trump se asegura los propósitos que no pudo alcanzar con la suba de aranceles y la guerra comercial.
Pero el comercio exterior venezolano no llega a los 20.000 millones de dólares, sumando sus exportaciones e importaciones. Al monopolizar el negocio petrolero de Venezuela, los objetivos que se propone Trump son más vastos: en lo inmediato, redoblar el abanico de extorsiones a China, que es el principal comprador de crudo del país caribeño. Las fuentes del propio gobierno Trump han dejado trascender que el “goteo” de petróleo desde Venezuela hacia China quedará condicionado a la marcha general de la guerra comercial y tecnológica entre las dos potencias. Adicionalmente, Trump colocará la cuestión del cierre del grifo a Cuba, aunque México viene ganando importancia como proveedor de crudo a la isla.
Pero la centralización del pétroleo en manos de Trump sale al cruce de otra disputa -la que ya ha comenzado entre los propios monopolios norteamericanos de la industria de hidrocarburos por el botín venezolano. Entre 2022 y 2025, la producción petrolera de la república bolivariana se duplicó, pasando de los 500 mil al millón de barriles diarios. Junto con China, el protagonista de esa recuperación fue el pulpo Chevron y sus despachos a los Estados Unidos. Meses antes de su captura, Maduro participó de las celebraciones por los 102 años de Chevron en Venezuela, y afirmó sin vacilar: “yo quiero que tenga 100 años más, y trabajar sin problemas". La captura del país y del petróleo a manos de Trump expone a Chevron a la eventual competencia de otros pulpos. Según algunas fuentes, María Corina Machado sostiene fluidos vínculos con Exxon Mobil, la corporación que colabora y a la vez compite con Chevron en yacimientos de Guyana. En marzo pasado, Machado intervino en un simposio petrolero en Houston, Texas, donde presentó un plan de privatizaciones petroleras con incentivos fiscales para su país (Página 12, 8.1). En vistas de la pelea de buitres petroleros que abriría una privatización directa, Trump ha optado por echar el manotazo sobre PDVSA, y continuar la centralización del negocio con la petrolera estatal caribeña y a través de sus contratos con privados. Es probable que, por la misma razón, Corina Machado haya sido políticamente “congelada” por Trump. Ayer, la cúpula de PDVSA emitió un comunicado, con palabras laudatorias hacia el plan de reactivación petrolera bajo batuta norteamericana.
Pero las petroleras yanquis interesadas en el ingreso a Venezuela le han colocado a Trump varias cuestiones “previas”: en primer lugar, la de las indemnizaciones que reclaman por su retiro del mercado petrolero en los primeros años del chavismo. Luego, la cuestión de “cómo se financiarán” las inversiones anunciadas por Trump. En este punto, cobra otra relevancia la cuestión de la “caja” de la producción petrolera, cuyo control se ha asegurado el presidente norteamericano. Las petroleras quieren servirse de esa caja para resarcirse de las viejas cuentas con el Estado venezolano, y renovar su infraestructura sin poner un dólar propio.
En definitiva, el monopolio petrolero y comercial del imperialismo norteamericano sobre Venezuela comportará una confiscación sin precedentes sobre sus recursos y sobre su población explotada. El Protectorado impuesto con el asalto militar sobre Venezuela comienza a mostrar sus alcances.
