Escribe Iara Bogado
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Los trabajadores del frigorífico Swift Beef Co, ubicado en Greeley, Colorado, Estados Unidos, han dado comienzo a una huelga con el 99 % de apoyo de sus 3.800 obreros, con piquetes durante toda la jornada laboral. Desde 1985 no ha habido huelgas en el sector. El motivo de este paro activo es la marcha del salario por debajo de la inflación y, por otro lado, la seguridad en la cadena de producción. La patronal les descuenta los elementos de protección de los salarios a los trabajadores y acelera la cadena de producción para pagarles menos horas de las que debería, lo que ocasiona múltiples accidentes entre los trabajadores y secuelas en la salud, ya que “realizan algunos de los trabajos más difíciles y peligrosos del país” (Los Angeles Times, 16/03).
La patronal de JBS USA ha estado intentando romper la huelga enviando mensajes a los trabajadores intimidándolos, buscando dividirlos, incitando a negociar por separado y llegar a acuerdos individuales. Por su parte, el sindicato ya le ha marcado fecha de cese a la huelga para que tenga una duración de dos semanas. Sin embargo, los trabajadores siguen en piquete: “Por lo que entiendo la huelga son dos semanas, pero no lo sabemos. En realidad, nadie sabe cuándo vuelven a la mesa”, señala un trabajador (WSWS, 18/03).
Los trabajadores también mencionan la situación de los inmigrantes, ya que los obreros de Swift Beef Co, dicen, “representamos a los inmigrantes y a todas las personas de color. Somos nosotros, esa es la gente que está haciendo estos trabajos. Sin inmigrantes, no hay comida, no hay trabajo” (WSWS, 17/03). A los inmigrantes haitianos los llevan engañados diciendo y prometiendo en anuncios en Tik Tok que les van a dar un buen salario, pero cuando llegan los tienen a todos viviendo hacinados, obligados a dormir a veces en el suelo. "Es horrible, nadie debería vivir así. Es como cosas de barcos de esclavos, ¿sabes? Como todo lo que se nos permite hacer es trabajar”. (IDEM)
Los trabajadores de Greeley producen el 6 % de la faena de Estados Unidos. Los aranceles puestos a la carne de Brasil han reducido la oferta externa y Trump culpabiliza a las empresas brasileras de subir presuntamente los precios (La Nación, 16/03). Cada día que pasa, a la patronal se le encarece el costo de la carne porque “los ganaderos de engorde, los dueños de los bovinos, cuanto más tiempo permanezca en espera, más caro resultará alimentarlo” (Ganaderia.com, 18/03) y como la burguesía no se hará cargo de la situación, trasladará el costo al precio final del consumidor. Esto pone en un problema a Trump, ya que los precios continúan en aumento en forma agravada por la guerra con Irán y, con eso, también el descontento de la población. Para intentar solucionarlo, la empresa busca trasladar la producción a otras plantas. Los obreros en huelga piden a los trabajadores que se solidaricen y se unan en una lucha salarial común. Ante el problema de la carne que viene presionando inflacionariamente al gobierno yanqui, Trump le propuso un acuerdo a Argentina para que se convierta en su socio comercial (Cadena 3, 16/03). A cambio, claro, de grandes concesiones por parte de Argentina, convertida de hecho en un protectorado yanqui. Este es uno de los motivos por los cuales Milei renunció a la Organización Mundial de la Salud -las medidas sanitarias deberán basarse en la “ciencia” que aprueba EE. UU. (IP, 6/02)-.
La unidad que piden los obreros de Greeley es la misma que necesitamos en Argentina para quebrar el plan de Milei. Trump y Milei no ofrecen progreso, ofrecen una economía de guerra contra los trabajadores de todo el mundo. La lucha es una sola.
Por salarios dignos y condiciones seguras de trabajo. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra.
Fuentes:
https://www.wsws.org/en/articles/2026/03/18/nlxx-m18.html
