Escribe Olga Cristóbal
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Después del 7 de octubre, el gobierno de Benjamín Netanyahu canceló los permisos de trabajo de unos 150.000 obreros palestinos, que llegaban diariamente a Israel desde Gaza y Cisjordania.
Los hombres, empleados principalmente en la construcción o la agricultura, ganaban salarios entre cuatro y diez veces superiores en Israel. Solo en Cisjordania -donde no hay trabajo y, si se consigue alguno, el sueldo ronda apenas los 15 dólares diarios-, desde hace dos años unas 200.000 familias quedaron privadas de todo ingreso. Para muchos no hay otra alternativa que entrar clandestinamente a Israel.
Cruzar a Israel es treparse a un muro de nueve metros de altura y exponerse a ser detenido o baleado por el ejército que lo patrulla. Del otro lado los esperan “intermediarios” que les cobran unos 400 dólares por llevarlos a obras de construcción en Tel Aviv, Jerusalén o Haifa según un relevamiento realizado por Shomrin, una coalición de periodistas israelíes independientes.
Los patrones se aprovechan de la situación y “los salarios se han desplomado” con la excusa de que si el gobierno descubre que emplean obreros palestinos les cobran multas altas. Pero la mayoría de las obras de construcción quedaron paralizadas por falta de mano de obra.
El empleo de 86.000 trabajadores migrantes, en su mayoría procedentes de la India o China, no fue suficiente para cubrir la falta de mano de obra y creó otros problemas, especialmente de vivienda. En cuanto a los trabajadores israelíes, consideran que el pago que se les ofrece “es propio de esclavos” (Haaretz, 10/25).
Muchos palestinos que logran pasar desde Cisjordania terminan presos. La ONG de periodistas independientes israelí Shomrim apeló a las leyes de información pública para que la policía israelí admitiera que entre el 7 de octubre de 2023 y fines de 2024, se abrieron alrededor de 15.000 causas contra palestinos que entraron ilegalmente.
Shomrim sostiene que a los encausados hay que sumarles “un número importante que fueron detenidos y deportados a Cisjordania sin ningún procedimiento policial oficial”. “Nadie puede decir qué proporción representan del número total de palestinos que se encuentran ilegalmente en Israel”, aseguran. Según las ONGs, el número de palestinos que intenta trabajar en Israel, aunque sea ilegalmente aumenta constantemente-
Los trabajadores carecen de cualquier derecho. Normalmente no tienen trabajo fijo; en el mejor de los casos les dura una semana y después el intermediario los lleva a otro lado para evitar los controles policiales.
Durante la jornada laboral, les dan un almuerzo ligero, como sándwiches, shawarma o falafel. Terminado el trabajo, deben buscar por su cuenta un escondite hasta el día siguiente, comprar algún alimento envasado y llenar un par de botellas de agua para beber y bañarse.
Las condiciones de vida son atroces: “Si no fuera porque tengo una familia e hijos a los que mantener, preferiría suicidarme y no tener que vivir así”, le dice uno de ellos a Le Monde (10/2025). El hombre duerme tapado con cartones en una reserva natural; antes del amanecer el empleador pasa a recogerlo.
Otros se esconden por la noche en obras abandonadas o espacios abiertos y se tapan con plásticos y cajas de cartón. “Somos como ratones y la policía es como gatos. Intentan atraparnos y nosotros huimos”, dice Abu Hatem, de 17 años, que así mantiene a su madre y sus hermanos.
La lluvia y las bajas temperaturas hacen que las condiciones sean insoportables. Según Abu Hatem, algunos trabajadores han sufrido hipotermia. «Por la noche hace mucho frío. Hay jabalíes, puercoespines y serpientes. En una noche realmente buena, consigo dormir entre tres y cuatro horas», dice.
Los intermediarios llevan el dinero a las familias y en general cada tres meses los trabajadores vuelven a su pueblo por unos días.
En octubre de 2024, Le Monde, en una larga nota sobre los trabajadores clandestinos en Israel, entrevistó a varios soldados de los que vigilan que nadie pase el muro. La totalidad de los soldados que entrevistó respondieron que intentaban ingresar para cometer actos terroristas,
La Asociación de Constructores Israelíes ha reclamado con insistencia que se reanuden los permisos, pero el gobierno permanece inflexible. Las ONGs israelo-palestinas, por su parte, denuncian que «los representantes de los colonos de Cisjordania votan, en el gobierno y en la Knesset, a favor de prohibir a los palestinos trabajar en Israel, ¡mientras que miles de ellos siguen empleándolos en sus granjas de la Zona C, que está bajo exclusivo control israelí. Incluso se tolera el trabajo infantil”.
Haaretz afirma que un número cada vez mayor de palestinos sospechosos de entrada ilegal están detenidos bajo custodia policial en celdas superpobladas, donde incluso se les dice que «defequen unos sobre otros».
Decenas de detenidos son hacinados en pequeñas celdas, otros pasan la noche tirados en el suelo o en sillas metálicas. La abogada defensora Ayelet Cohen ante el Tribunal de Distrito de Be'er Sheva dijo que todos estaban de pie y que no les permitía ir al baño. El juez denegó la excarcelación.
Algunos, en pleno invierno, son encerrados en jaulas al aire libre en las colinas de Jerusalén, encadenados, sin zapatos y con mantas húmedas. Un detenido le dijo a su abogado que no lo dejaron ir al baño en cuatro días (Haaretz 14/1/26). «El demandado está recluido en una celda sin paredes, con todo lo que ello implica, dado el frío invierno de Jerusalén», declaró el juez Ofir Tishler. «Y según su denuncia, que no ha sido refutada, estuvo esposado por los tobillos y las muñecas durante toda su estancia».
Según la Federación General Palestina de Sindicatos, entre octubre de 2023 y diciembre de 2024, 55 obreros fueron asesinados cuando trataban de cruzar el muro.
Israel oculta a cuántos obreros tiene detenidos en condiciones de tortura.
Los trabajadores, no importa donde estemos, debemos denunciar esta barbarie del capital. Alzar nuestra voz.
Franja de Gaza: la “segunda fase” reafirma la disolución del Estado palestino y la ocupación del territorio por parte de Israel Por Olga Cristóbal, 15/01/2026.
