Jeff Bezos despidió a un tercio de los periodistas del Washington Post

Escribe Olga Cristóbal

El multimillonario cada vez más cerca de Trump

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El Washington Post, tal vez uno de los diarios más prestigioso del mundo, en medio de un apoyo cada vez más descarado a Donald Trump, despidió la semana pasada al 30% de su personal, trabajadores del área comercial y más de 300 periodistas de los 800 que componían la redacción. Jeff Bezos, el creador de Amazon y uno de los hombres más ricos del mundo, compró el Post hace 8 años. Con estos despidos diezma las secciones de deportes, noticias locales y cobertura internacional. Dice el New York Times, “las secciones emblemáticas del diario”.

The Post Guild, la plataforma sindical de los trabajadores del Post, aseguró en redes sociales: “Solo en los últimos tres años, la plantilla de The Post se redujo aproximadamente en 400 personas (se incluyen los cerca de 300 de esta semana). Continuar eliminando puestos de trabajo solo debilita al periódico, ahuyenta a los lectores y socava la misión de The Post: exigir responsabilidades al poder sin miedo ni favoritismos y proporcionar información crítica a comunidades de toda la región, del país y del mundo". Pero si hay algo que Bezos no pretende en absoluto es “exigir responsabilidades al poder sin miedo ni favoritismo”.

“El Post”, que se publicó por primera vez en 1877, es una institución nacional y en Estados Unidos se considera un símbolo de la libertad de expresión, sobre todo a partir del caso Watergate, la investigación de los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein que acabó con la presidencia de Richard Nixon en 1974.

El director ejecutivo Matt Murray confirmó el despido de un tercio del personal en una videoconferencia de apenas 12 minutos el 4 de febrero. Explicó que Bezos “había perdido demasiado dinero” y que el tráfico de noticias on line –“en parte por el auge de la IA generativa”- se había reducido a casi la mitad en los últimos tres años.

“La gente no lee sus artículos”, espetó a los despedidos, alguna de las plumas más reconocidas del periodismo occidental. Todos los comentaristas, sin embargo, coinciden en que “el giro ideológico de la publicación desde hace un par de años le ha supuesto una gran pérdida de suscriptores” (El País 5/2).

Con el ajuste en curso desaparecen las secciones de deportes, de libros y el pódcast diario “Post Reports”. Redujeron drásticamente la información local y la internacional, emblemas del diario. También despidieron a los corresponsales extranjeros y enviados especiales, lo que supone la desaparición de todo los equipos de Oriente Medio, India, Australia y Ucrania. El editor del área internacional, Peter Finn, renunció.

También echaron a la totalidad de los fotógrafos.

En lo sucesivo el diario se centraría más en las noticias y la política nacionales, así como en los negocios y la salud, dijo Murray.

En una demoledora nota en The Atlantic, la varias veces Premio Pulitzer Ashley Parker, que supo editar 8 años el Post hasta que se fue dando un portazo, señala que el desguace de la redacción vuelve imposibles las coberturas de fondo tradicionales del diario y promueven un medio más trivial, de lectura rápida.

La debacle del Post tiene muchas explicaciones. Aunque es irrefutable la crisis de la prensa escrita en el contexto de explosión de las redes sociales, a fines de 2003, Bezos reorganizó a toda la mesa de editores y contrató a Will Lewis, un editor británico involucrado en varios escándalos.

Lewis apeló a la inteligencia artificial para potenciar los comentarios, los podcasts y sumar noticias breves y “livianas”. Simultáneamente, Bezos ordenó cancelar el apoyo a la candidata presidencial demócrata Kamala Harris. En respuesta, en un par de días cientos de miles de suscriptores cancelaron sus suscripciones.

Los despidos están generando un terremoto político, que precipitaron la renuncia de Lewis. En las redes, los trabajadores exigen que Jeff Bezos cancele de inmediato los despidos o venda el periódico “a alguien dispuesto a invertir en su futuro”.

“Este es un día trágico para el periodismo estadounidense, la ciudad de Washington y el país en su conjunto”, dijo Jeff Stein, corresponsal jefe de economía.

El exdirector ejecutivo Martin Baron - el diario obtuvo once premios Pulitzer durante sus ocho años de mandato- afirmó que el miércoles “figura entre los días más oscuros de la historia de una de las organizaciones de noticias más importantes del mundo (…) al público se le negará la información de base, basada en hechos, sobre nuestras comunidades y sobre el mundo, que es más necesaria que nunca”, escribió.

Baron sabe de lo que habla. Durante el primer gobierno de Trump, Baron dio luz verde a una versión gráfica del informe Mueller, que investigó las maniobras de republicano en 2016 para torcer el resultado electoral en su favor, en alianza con Rusia. Trump intentó infructuosamente echar al fiscal Mueller y prohibió la difusión de las conclusiones de la investigación, que el Post publicó sin pestañear.

Otro choque con Trump se produjo cuando el Congreso se negó a crear una comisión (al estilo del 11 de septiembre) para investigar el asalto al Capitolio y el intento de autogolpe del republicano el 6 de enero de 2021, para impedir que Biden asumiera.

El Post, dirigido por Baron, decidió entonces hacer lo que el Congreso no haría: formó un equipo de un centenar de periodistas de toda la redacción que produjo una exhaustiva investigación, «The Attack», considerada la historia definitiva del ataque fascista promovido por Trump al Capitolio.

Es esa tradición la que Bezos quiere borrar. “Los repugnantes esfuerzos de Bezos por ganarse el favor del presidente Trump han dejado una mancha especialmente fea. Se trata de un caso de estudio de destrucción de marca casi instantánea y autoinfligida”, concluyó Baron.

El pasado jueves, a pesar de las temperatura bajo 0, hubo una protesta ante la sede en Washington del periódico. Centenares de personas, periodistas y lectores, corearon consignas y mostraban pancartas, algunas con lemas como “Don´t murder The Post” (“No asesinen al Post”).

“Este periódico es una defensa esencial contra cambios aterradores en nuestra política y cultura. Creo que estamos al borde de dejar de ser una democracia libre y, en algunos casos, ya hemos pasado a un modelo autoritario”, dijo un periodista que suma varias décadas en la jefatura de redacción.

Claire Tran, que trabajó como editora de redes sociales en el Post durante dos años, opinó que “la frase la democracia muere en la oscuridad es cierta y Bezos está apagando las luces. La democracia estadounidense sufre otro golpe bajo Trump”.

Muchos afirman que detrás de los recortes hay algo más que una cuestión financiera. La revista The Atlantic publicó una columna demoledora de la multipremiada periodista Ashley Parker contra Bezos y Lewis. "Estamos presenciando un asesinato", dice la nota que afirma que “la destrucción del Post es parte de un plan”.

Desde hace varios años, hay un éxodo de redactores que se alejan asqueados por el viraje derechista del diario y el deterioro de las condiciones de trabajo y su impacto en la calidad de la información. Entre 2023 y 2025, más de 200 se acogieron a algo parecido a un retiro voluntario.

En marzo pasado, Bezos anunció que la sección Opiniones se concentraría en adelante en los dos pilares de «las libertades personales y el libre mercado». Más alarmante aún, Bezos advirtió: “Los puntos de vista contrarios a esos pilares se dejarán para que los publiquen otros”. La editora Ruth Marcus renunció en el acto. En este momento no hay una sola columna que se pudiera considerar progresista o liberal en el sentido norteamericano del término, dice Marcus en un largo texto del New Yorker. “La inclinación a los elogios aduladores es inconfundible”, señala.

La libertad de prensa es incompatible con la regimentación de las relaciones sociales, el control policial de las calles, el secuestro y el asesinato de personas, la vulneración más brutal de las libertades públicas.

Revista EDM