Donald Trump cruzó el Rubicón

Escribe Jorge Altamira

Una enorme ampliación del espacio geográfico de la guerra imperialista mundial

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Donald Trump ha desencadenado la guerra contra Irán mediante la utilización de todos los recursos del poder de excepción. Desechó una declaración oficial de guerra que hubiera necesitado los votos del Congreso. Desechó también las reservas que le planteó el general John D. Caine, el jefe del estado mayor conjunto de las FFAA de Estados Unidos, acerca de los peligros que la guerra representaría para las tropas norteamericanas, dando por hecho de que no podría evitar un desembarco en el territorio. No se le pasó por la cabeza solicitar una autorización a la Organización de las Naciones Unidas, a pesar del aval que obtuvo del Consejo de Seguridad para validar el llamado “acuerdo de cese del fuego” en Gaza, que impuso la “Junta de Paz” para la región encabezada por el mismo Trump. Violó todas las normas del derecho internacional y, por lo tanto, dinamitó la posibilidad de superar conflictos internacionales por medio de la diplomacia. Trump dio la orden de atacar cuando las discusiones con Irán en Ginebra, mediadas por el emir de Omán, insinuaban concesiones únicas de parte del régimen iraní, como el control del petróleo de ese país por compañías internacionales. No menos importante, desoyó por completo el rechazo a una guerra por parte del 70% de la población de Estados Unidos. Cuando Julio César cruzó el río Rubicon, contraviniendo una prohibición del Senado Romano para que volviera a la península italiana, el resultado fue el estallido de la guerra civil y el final de la República Romana. Trump y su camarilla, del mismo modo, han decidido ir a una guerra imperialista sin retorno.

Mientras atacaba en forma implacable el territorio iraní y asesinaba al ayatollah Khameini, su familia y 48 funcionarios de gobierno, Trump invitaba al pueblo de Irán a levantarse y ‘tomar el poder’. El planteo no representa ningún ‘cambio de régimen’, sino simplemente que Trump busca encontrar el objetivo político de la guerra en función del desarrollo de la guerra misma. Para cualquier estratega militar, semejante planteo es una invitación al suicidio político; en las últimas horas, Trump ha anunciado la disposición a reanudar las negociaciones con el personal político iraní remanente. Se estaría ante un intento de volver al esquema de Venezuela, con la diferencia de ríos de sangre en el medio y la obligación de Trump de mantener el vasto asedio militar durante un tiempo indefinido. Trump intenta resucitar la doctrina Rumsfeld, el secretario de Defensa de George Bush, acerca de que se podía ganar una guerra desde el aire, sin poner tropas en el terreno.

Trump ha sido literalmente empujado a esta guerra imperialista para no perder el botín que le ha dejado la masacre palestina en Gaza, la destrucción del liderazgo y del aparato de Hizbollah, el empantamiento de Rusia en Ucrania y la manifiesta incapacidad de China pata tomar iniciativas políticas internacionales, en general, y contra el imperialismo norteamericano en particular. Los Fūhrer del mundo envuelven en su psicología criminal la lógica de un capitalismo en agonía. Acicateado por el estado sionista, Trump no ha querido dejar pasar esta oportunidad internacional para descabezar al régimen iraní y apropiarse del Medio Oriente. El propósito subyacente de la guerra desatada contra Irán, como sería la reorganización política del Medio Oriente por parte del imperialismo, supone la extensión de la guerra internacional a otros escenarios. Trump pretende abarcar más de lo que puede apretar. La decadencia histórica del imperialismo norteamericano y la crisis financiera internacional, que la burguesía pretende superar mediante el rearmamentismo y la guerra, son al mismo tiempo la base para el estallido de la sociedad capitalista y sus regímenes políticos. El ingreso de la clase obrera en este escenario, que se manifiesta en todos los países por medio de movilizaciones y huelgas, ha de crear i-ne-vi-ta-ble-men-te situaciones revolucionarias. Es desde esta perspectiva que los trabajadores deben combatir las guerras del imperialismo.

El Estado que atraviesa la crisis de régimen político de mayor envergadura es, incuestionablemente, Estados Unidos. En su país, Ttump está en guerra con todo el mundo. Trump ya tiene diseñado el proyecto de ley para alterar el sistema electoral, que está dispuesto a sacar por decreto. Si Trump pretende asentar una dominación política autoritaria o dictatorial en Estados Unidos, por medio de guerras exteriores a repetición, sólo va desatar una segunda guerra civil en el país, pero en esta nueva ocasión con los esclavos del capital a la cabeza.

Todas las cuestiones parciales o locales que son decisivas para los trabajadores están conectadas a la guerra mundial imperialista. Desde la lucha del pueblo palestino por su supervivencia nacional y la expulsión del sionismo de su territorio; el ajuste social tremendo de todos los gobiernos capitalistas para financiar el rearme militar y el fondo de rescate frente a las quiebras y bancarrotas; y, por supuesto, la defensa de las libertades democráticas frente a los Videlas vestidos de Milei.

Por la expulsión del imperialismo norteamericano de Irán y del Medio Oriente; por una nueva “primavera árabe”, cuya victoria dé paso a una Federación de estados socialistas del Medio Oriente

Revista EDM