OTAN-Rusia: Cuatro años de guerra

Escribe Camilo Márquez

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Cuatro años se cumplen de la mayor guerra en Europa desde 1945. El conflicto que el Kremlin presentó como una “operación especial” se ha convertido en una contienda que supera los 1.8 millones de bajas militares combinadas y que ha reconfigurado la guerra moderna completamente. Las amenazas nucleares se han vuelto cotidianas, Europa se ha rearmado, la energía vuelve a ser un botín de guerra. La inteligencia artificial ha pasado de ser un complemento a un elemento central, volviendo el campo de batalla en un laboratorio vivo, integrando masivamente los sistemas no tripulados en operaciones de combate a gran escala. La investidura de Donald Trump por segunda vez, quien prometió ponerle fin “en 24 horas”, lejos de esto, significó un revulsivo por momentos impredecible.

El frente

Desde el inicio de la invasión a gran escala de Rusia el 24 de febrero de 2022, las cifras exactas son difíciles de verificar. Según una estimación con cierto consenso, las bajas militares, esto es los muertos, heridos y desaparecidos del lado ruso, se estiman en 1.2 millones - entre una quinta y una cuarta parte de esa cifra serían muertos. Del lado ucraniano el total de bajas suma unas 600 mil, con unos 140 mil muertos. Las proyecciones podrían llegar a 2 millones para la primavera de este año.

Del lado civil las bajas verificadas hasta enero/febrero 2026 en Ucrania son de 16 mil muertos y más de 40 mil heridos desde 2022. 2025 fue el año más letal para civiles (2.500 muertos). En Rusia, por ataques ucranianos con drones y misiles se calcula unos 7.300 civiles muertos.

Negociaciones

En noviembre, se conoció el "plan de paz" ruso-estadounidense de 28 puntos. Ucrania debería ceder la parte del Donbás que controla, reducir el tamaño de su ejército y comprometerse a no unirse a la OTAN. Ucrania y sus aliados europeos han replicado con un plan propio de 20 puntos. Se han celebrado tres rondas de conversaciones trilaterales. Hasta el momento no han llegado a ningún acuerdo ni siquiera sobre un alto el fuego. Los negociadores de Moscú deslizan que existe una “fórmula Anchorage”, acordada entre Trump y Putin en su cumbre en Alaska en agosto pasado, que incorpora las demandas de Rusia.

Las famosas garantías de seguridad prometidas por los aliados occidentales no contemplan el ingreso de Ucrania a la OTAN, una de las líneas rojas establecidas por Moscú, pero sí un resguardo “similar al Artículo 5”, en referencia a la cláusula de la organización, que considera cualquier ataque a un miembro como una agresión a todos, la denominada defensa colectiva. Pero el artículo 5 constituye la espina dorsal de la OTAN. A todos los efectos prácticos sería una incorporación de facto de Ucrania en esa alianza. Muchos observadores consideran que las garantías propuestas carecen de una operatividad creíble. Ningún país europeo ha expresado su disposición a participar en un conflicto cinético a gran escala con Rusia en territorio ucraniano en caso de una nueva agresión.

Territorio

Rusia controla aproximadamente el 20% del territorio ucraniano, incluyendo la Península de Crimea anexada desde 2014.

En todo 2025, Rusia capturó unos cinco mil kilómetros cuadrados a un costo altísimo (83 bajas por kilómetro ganado en promedio). El frente de esta guerra se mueve muy lento: avances rusos de 15–70 metros por día en las zonas más activas, según las fuentes especializadas en el mapeo diario. El conflicto tiene un costo en vidas que ya supera con creces muchas guerras modernas. Ucrania responde con contraataques tácticos locales, drones y misiles de largo alcance, pero depende fuertemente de la ayuda de sus aliados.

Quienes se sorprenden de que Ucrania resista a pesar de ser significativamente inferior en número y recursos a su adversario, pasan por alto que la Unión Europea y EE.UU han sumado la friolera de 400.00 millones de dólares en apoyo militar y económico desde el inicio del conflicto. En cuatro años el respaldo occidental para alimentar la máquina de guerra es equivalente a reconstruir una economía mediana desde cero varias veces.

La OTAN no ha desplegado tropas en la línea del frente (por ahora), en cambio suministra entrenamiento, inteligencia y armas en proporciones industriales, incluido ATACMS, Storm Shadow, F-16, Patriot, es decir, armamento de ensueño de las principales potencias. Al mismo tiempo ha fortalecido su flanco este con más tropas en el Báltico y sobre todo Polonia. Kiev recuperó terreno en 2022 y 2023 (Kharkiv, Kherson), pero hace mucho que se encuentra en defensiva estática con drones y misiles de largo alcance por toda respuesta.

La prensa, sobre todo británica y estadounidense, destaca que la guerra ya dura más que la lucha que libró la Unión Soviética contra la Alemania nazi - una muestra del fracaso de Putin para alcanzar sus “objetivos estratégicos”. Con las diferencias que acarrean ochenta años de distancia entre ambas, el Ejército Rojo, luego de purgas y golpes autoinfligidos llegó a sumar entre 11 y 12 millones de soldados activos, con movilización total, en una población de 170 millones de almas. La Federación Rusa tiene en comparación un ejército permanente de 1,3 millones, la mitad destinado a Ucrania, sin movilización total, sólo parcial. El ejército ruso depende de voluntarios y contratados. Por su parte, Ucrania compensa su inferioridad relativa en cuanto a números de soldados disponibles con tecnología de sus aliados.

En el campo de batalla se ha establecido un punto muerto. El frente de 1.200 kilómetros está ahora tan saturado de drones que el movimiento es mortal. Los ataques rusos contra la infraestructura y ciudades ucranianas se han intensificado desde finales de 2025; forma parte de la campaña para diezmar el sistema eléctrico, y algo más: Putin se empeña en la demolición del estado ucraniano. La centralidad de la disputa territorial ha llevado a algunos observadores a proponer la creación de un nuevo país, una Ucrania oriental.

Economía

Un foco de discordia con dimensión propia son los activos rusos congelados en el exterior por 210.000 millones de euros, que Alemania, Polonia, los países bálticos y Finlandia pretenden usar para financiar la guerra y la reconstrucción. Bart de Wever, primer ministro de Bélgica -país donde se encuentra la mayor parte de los activos-, exigió que sus aliados proporcionaran garantías financieras contra demandas, sanciones y otras represalias por parte de Rusia. EEUU se opone a utilizar los activos para financiar un préstamo a Ucrania - el imperialismo yanqui reclama exclusividad en el pillaje internacional.

Hungría, Eslovaquia y Chequia también se oponen a una confiscación de esos activos. El punto ha fracturado el eje franco-alemán: “El canciller alemán, Friedrich Merz, estaba haciendo un último esfuerzo para persuadir a los líderes de la UE de utilizar 210.000 millones de euros en activos soberanos rusos congelados para ayudar a Ucrania cuando se dio cuenta de que le faltaba un aliado crítico: Emmanuel Macron” (Financial Times, 21/12/25). Los intereses de esos activos han sido utilizados para el reembolso de préstamos otorgados a Ucrania

En una larga investigación publicada en noviembre, el Wall Street Journal consigna que Kirill Dmitriev, el titular del Fondo Ruso de Inversión Directa, impulsa un plan para que las empresas estadounidenses utilicen los aproximadamente 300.000 millones de dólares en activos del Banco Central ruso, congelados en Europa, para proyectos de inversión ruso-estadounidenses y una reconstrucción de Ucrania liderada por Estados Unidos. Paralelamente, “empresas estadounidenses y rusas podrían unirse para explotar la vasta riqueza mineral del Ártico. Dmitriev había argumentado durante meses que no había límites a lo que dos antiguos adversarios podían lograr: sus industrias espaciales rivales, que compitieron entre sí durante la Guerra Fría, podrían incluso emprender una misión conjunta a Marte con SpaceX, de Elon Musk” (WSJ, 28/11).

Este plan quedó parcialmente sepultado cuando la UE aprobó aplicar el Artículo 122, una disposición de "crisis" que le permite al bloque respuestas rápidas en situaciones excepcionales sin la necesidad de pasar por el proceso legislativo ordinario, para condicionar la entrega a Moscú de los activos rusos inmovilizados a un plan de paz y al pago de reparaciones por parte de Rusia. Da muestra de otra fractura, esta vez entre EE.UU y la UE.

La economía rusa, según una columnista del británico The Economist. ha alcanzado lo que los montañistas denominan la “zona de muerte”, por encima de los 8.000 metros, “donde el cuerpo humano se consume a sí mismo más rápido de lo que puede repararse” (The Economist, 16/2). Describe cómo la economía se ha bifurcado en dos sistemas metabólicos distintos: uno que comprende la industria militar y afines - “los órganos vitales que reciben un flujo sanguíneo prioritario. Estos sectores contratan e invierten. Tienen acceso prioritario a la mano de obra, el capital y las importaciones”. El segundo sistema abarca todo lo demás: la empresa privada y las industrias de consumo, que se han quedado al margen. Actualmente el sector de defensa ruso representa el 8% del PIB. La pregunta entonces es qué pasaría si Rusia intenta desmovilizar (reducir drásticamente) su sector militar. La oligarquía financiera rusa está atrapada: si sigue en modo guerra, se agota lentamente (inflación, déficit, dependencia de petróleo); si intenta salir, riesgo de crisis inmediata (desempleo, caída del PIB, inestabilidad social).

Ucrania y sus aliados no están lejos de esta condición. Aunque el Complejo Militar Europeo es una entelequia (no existe como tal, sino industrias nacionales de cada estado desconectadas), el rearme europeo estimula la “renta militar”, una redistribución interna hacia activos diseñados para la destrucción. Como sentencia el The Economist, “El cuerpo metaboliza su propio tejido muscular para obtener energía”.

Rusia

Fuentes de inteligencia estadounidense citadas por los medios, han indicado que Putin mantiene la ambición de capturar toda Ucrania, algo muy discutible, aunque Putin ha impugndo a la Ucrania actual como “una creación de Lenin” quien habría cedido algunas de las "tierras históricas" de Rusia: “Soviet Ukraine es el resultado de la política bolchevique y puede llamarse con razón «Ucrania de Vladimir Lenin»" (21/2/2022). Reclama para la oligarquía financiera el derecho a “corregir” el error histórico de los bolcheviques. Queda patente el carácter reaccionario y contrarrevolucionario de la ocupación militar de Ucrania por parte de Rusia.

Ucrania

Zelensky, un intérprete de los designios de la OTAN, subió al poder como el representante de una de las camarillas en que se divide la oligarquía con asiento en Ucrania. Golpeado por casos de corrupción se ha visto obligado a remover a su colaborador más cercano, AndriyYermak, un personaje oscuro señalado insistentemente como un advenedizo: “También están surgiendo divisiones dentro de la delegación ucraniana. Un sector, centrado en Budanov, cree que los intereses de Ucrania se benefician más de un acuerdo rápido liderado por Estados Unidos (...) otro sector, aparentemente aún influenciado por el controvertido exjefe de gabinete Andriy Yermak, quien dejó el cargo en medio de un escándalo de corrupción, se muestra mucho menos entusiasta. El Sr. Zelenski parece estar equilibrándose entre ambos” (The Economist 17/2). Kyrylo Budanob. de la facción que controla los servicios de inteligencia, enfrentada a Zelensky, ha ganado peso en el último periodo. Según informa el New York Times, “En las negociaciones de las últimas semanas, los funcionarios han discutido la idea de formar una zona desmilitarizada que no esté controlada por ningún ejército, según tres personas familiarizadas con las conversaciones que solo quisieron hablar anónimamente para discutir negociaciones delicadas” (18/2). Esto sugiere que la facción de Budanov, muy cercana a Washington, está impulsando su agenda a expensas de la facción alineada con Yermañ-Zelensky. Existe una tercera tendencia, vinculada al aparato militar que encabeza Valeri Zaluzhny, un general de cuatro estrellas que fue comandante en jefe durante el primer tramo de la guerra hasta su destitución en 2024. Normalmente aparece como el principal rival de Zelensky en las encuestas a quien supera en todos los sondeos de popularidad. Un acuerdo entre las facciones de inteligencia y militar seguramente podría desplazar a Zelensky, algo que resuena con más fuerza cada vez.

Conclusión

Los exámenes de la situación mundial, en un 95 % de los casos, están regidos por la geopolítica, entendida como la visión que explica los conflictos principalmente por rivalidades entre Estados, control de territorios, recursos, esferas de influencia, equilibrios de poder, ocultando las causas profundas. Este marco distorsiona la realidad al presentar los hechos como si fueran "juegos de ajedrez" entre potencias. Ignora que la raíz de las crisis, guerras, y en última instancia la barbarie no está en las "ambiciones" de Putin, Trump o Xi Jiping, sino en el régimen social subyacente. Pese a las apariencias, el motor real de la historia no ha cambiado, sigue siendo el conflicto entre clases sociales explotadores versus explotados, capital contra trabajo, no entre naciones o "civilizaciones".

La geopolítica sirve de ideología encubridora: presenta la crisis terminal del capitalismo como si fuera una cuestión de malos líderes o ambiciones imperiales.

Revista EDM