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En enero para la Ciudad de Buenos Aires la canasta básica alimentaria tuvo un incremento del 5,6 % y la canasta de pobreza un 3,7 %, muy superiores a la inflación general de 2,9 % marcada por el INDEC nacional, tras la renuncia de su director Marco Lavagna y la intervención del ministro Caputo. Con estos números la línea de indigencia es de $767.400 y la línea de pobreza es de $1.396.600 para una familia tipo, según el Instituto de Estadísticas y Censos de Ciudad de Buenos Aires (IDECBA).
Estos valores solamente representan las cuestiones alimentarias mínimas de una familia para poder subsistir. El aumento de su costo indica que una parte considerable de la población desciende a lo que los estadistas llaman una situación de “emergencia social”. Para el caso de una familia tipo considerada de "clase media" se establece una línea de corte de $2.200.000 para vivir sin alquiler. Con alquiler, esa cifra pasa a ser de $3.300.000 al mes.
Este enero el motor de la suba fueron los alimentos con centro en la carne, verduras y frutas. Por ejemplo, las verduras y tubérculos subieron 17,8 %; pescados, 6,4 %; frutas, 5,1 % y carnes, 3,6 %; todos productos de impacto directo en las canastas. Cuando se toma el cambio interanual, los alimentos tuvieron una suba del 50,7 % cuando la inflación interanual, según el instituto porteño, fue de 31,8 %.
Los departamentos en la ciudad sumaron otro cuatrimestre de subas por encima de la inflación, quedando en $484.000 el valor para un monoambiente y $ 1.008.000 para una casa de tres ambientes. Los aumentos acumulados en el rubro alquiler suman el 37,6 %. Estos valores no son incluidos en la canasta de pobreza y de indigencia. Para el caso de los servicios los aumentos fueron del 35 %.
En el mes, los bienes subieron en promedio 2,3 % y llevan un acumulado interanual de 26,2 %. La novedad es que, en enero de 2026, el golpe se da por los incrementos de los alimentos, algo que en los papeles debería tener un impacto menor para el índice de la Ciudad y mayor en el índice de Nación que aún no se publicó.
El índice porteño viene arrojando números por encima de los medidos por el INDEC por tomar como referencia una encuesta más actualizada del consumo de los hogares, en particular en el ítem de servicios. Esta cuestión llevó a la salida a mitad de año de técnicos y secretarios clave de la gestión del INDEC nacional y finalmente, a comienzos de febrero, a la renuncia de Lavagna como director del organismo por diferencias con la metodología para las estadísticas que impulsa el gobierno de Javier Milei.
El abismo entre las estadísticas, manipuladas o no, con los salarios no tiene parangón desde que existen las estadísticas nacionales en el país. El salario mínimo vital y móvil -oficial- quedó plantado en $346.800. No hay otra forma de presentar este número sino como una violenta maniobra de saqueo y transferencia por parte de los capitalistas al conjunto de los trabajadores.
El consenso entre especialistas y medios de comunicación es de una manipulación de los índices de gastos e ingresos de las familias argentinas desde hace dos años. La salida de Lavagna es un escalón mayor en los infundios liberticidas contra la población en un contexto de aceleración de la inflación, de estancamiento de la economía y de parálisis industrial.
