Escribe Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)
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Durante cerca de dos horas, en el discurso del Estado de la Unión “más largo de la historia”, el presidente estadounidense buscó retomar la iniciativa política. Difícilmente lo haya conseguido, de acuerdo a los comentarios de los principales órganos de opinión que lo calificaron como una sarta de mentiras. Un columnista manifestó la preocupación de que Trump crea en la verosimilitud de lo que dice.
El largo discurso estuvo acompañado de una coreografía fascista para que, desde la presidencia de la Asamblea Legislativa, la platea de senadores y diputados y las galerías pobladas por complacientes se saludara las diatribas y provocaciones del mandatario con el grito repetido de U.S.A., en varias ocasiones acompañado por los representantes ‘progresistas’, como la senadora Elizabeth Warren. Trump premió a los invitados que seleccionó para el caso, siempre relacionado con el apoyo a los asaltos militares en el extranjero y a la represión interna, con elogios, galardones y medallas, en una escenificación de tipo fascista -el homenaje a un exdetenido venezolano, la presentación de familiares de víctimas de “inmigrantes ilegales” o la presencia de Erika Kirk, viuda del referente derechista Charly Kirk.
Aunque habló en términos relativamente despreciativos respecto a esta palabra de moda, Trump debió dedicar parte de su discurso al tema, afirmando una mentira atrás de la otra respecto a la caída de los precios (aumentaron) y planteando algunas medidas que supuestamente mejorarían la situación. Un ejemplo fue el anuncio de acuerdos con las empresas de Centros de Datos, para evitar el aumento de los precios de la electricidad a los consumidores. La promesa va atada a mayores beneficios fiscales y eliminación de regulaciones ambientales para estas empresas, sin que esto garantice el cumplimiento de lo prometido.
Trump dedicó unas palabras al “alcalde comunista de Nueva York”, Zohran Mamdani, al que sin embargo calificó como “un gran tipo”. El que no fue recordado fue el DOGE, el llamado “Departamento de Eficiencia Gubernamental”, encargado del despido masivo de empleados del Estado.
Trump reiteró todos los tópicos respecto a los “crímenes” de los inmigrantes, pero notablemente no hizo mención al ICE (policía migratoria militarizada) ni a las marchas y huelgas en Minnesota. También llamó la atención que no reivindicara a Stephen Miller ni a Kristi Noem -los principales impulsores y ejecutantes de la guerra a los indocumentados y los asesinatos en Minneapolis-.
Una representante demócrata, Ilhan Omar (inmigrante somalí electa precisamente por Minnesota), reaccionó cuando Trump acusó a la comunidad somalí de “piratas”, gritando que Trump era el responsable del asesinato de ciudadanos estadounidenses. El choque verbal se intensificó cuando el presidente señaló a los demócratas por no ponerse de pie ni aplaudir, como hizo rabiosamente la claque de Trump, cuando afirmó que el principal deber del gobierno “es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales”. Ante las protestas de algunos demócratas, Trump les pidió que eliminen las “ciudades santuario” que cobijan a los inmigrantes contra la persecución del ICE a los indocumentados. Ilhan Omar le replicó “has matado estadounidenses”, “deberías estar avergonzado”. El gobierno ha venido reorganizando la campaña contra los inmigrantes, lanzando redadas en otros estados, por ejemplo, en la ciudad de Detroit.
El fallo de la Corte Suprema que echó por tierra los aranceles decretados por Trump en base a la ley de Emergencia Económica (IEEPA) reflejó una división en la clase dominante. La mayoría trumpista de la Corte se fracturó ante el reclamo de diversos sectores capitalistas contra los aranceles de guerra decretados por el presidente. La demanda contra los aranceles fue interpuesta inicialmente por algunas empresas pequeñas, y por 12 estados gobernados por los demócratas. Hay que subrayar que las “7 magníficas” tecnológicas no demandaron al gobierno, pese a que sus negocios sobre todo con China se vieron afectados (Nvidia, Tesla, Apple, Amazon, se vieron perjudicadas, pero prefirieron hacer “lobby” y negociar para atemperar las medidas).
El fallo de la Corte tiene un impacto político evidente, además de afectar los ingresos fiscales del Estado y pronosticar una larga batalla legal por la devolución de los aranceles aplicados en los últimos diez meses. Trump anunció un impuesto global del 10 % (luego lo elevó al 15 %, aunque la Aduana anunció la aplicación por ahora del 10 %). Según un editorial del Washington Post (propiedad de Jeff Bezos), “El primer intento del presidente Donald Trump por reemplazar los aranceles derogados por la Corte Suprema se basa en una interpretación errónea de una ley de 1974 que permite restricciones comerciales temporales debido a los grandes y graves déficits de la balanza de pagos de Estados Unidos. Esto no es lo mismo que la balanza comercial, por lo que lo ideal sería que los tribunales anularan la proclamación del presidente”. El artículo afirma que la ley invocada “establece que las restricciones a las importaciones deben ser ‘amplias y uniformes’, pero la proclamación de Trump incluye 76 páginas de excepciones. La Tax Foundation estima que cubriría solo el 34 % de las importaciones”. Es decir que la aplicación de la ley sería doblemente errónea y, por tanto, debería caer.
Trump afirmó en el discurso, frente al Congreso y los jueces, que seguiría adelante con tarifazos y que no necesitaba que el Congreso interviniera porque él lo resolvería, precisamente lo que era el núcleo del fallo judicial.
Las amenazas de Trump contra el país persa fueron aplaudidas -también por varios legisladores demócratas-.
En los días previos, el presidente estadounidense debió salir a “desmentir” que sus altos mandos sean contrarios a una ofensiva contra Irán. Según el Washington Post, Axios, Wall Street Journal y otros, el presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Daniel Caine, y varios oficiales del alto mando temen que una operación a gran escala contra Irán enfrente serios riesgos.
Trump se vio obligado a afirmar en su red social que “El general Caine, como todos nosotros, no querría ver una guerra, pero si se decide ir contra Irán a nivel militar, opina que será una victoria fácil” y que Caine “lideraría el ataque” sin dudarlo. Muchos han acomodado el cuerpo, afirmando que rechazan guerras prolongadas, pero no operaciones breves y “exitosas” como el secuestro de Maduro. El estado de opinión de la base de M.A.G.A. sigue reticente a embarcarse en una guerra, sobre todo con despliegue de tropas estadounidenses, pero se mantiene en el marco del trumpismo.
En el discurso del Estado de la Unión, el presidente reiteró su amenaza de guerra y el Congreso le dio una ovación. El propio establishment demócrata sostiene que “no se debe atar las manos” a Trump, es decir, apoyan la inminente guerra, aunque mayoritariamente en forma vergonzante.
Un reciente artículo del NY Times muestra el estado de opinión de la base electoral demócrata, a partir de un ‘focus group’ organizado por el periódico. Los participantes, todos ellos votantes del PD, rechazaron unánimemente a la cúpula demócrata, acusándola de “cobarde” o “sin agallas” (“spineless") y de servir a las grandes corporaciones y los megamillonarios.
Los líderes demócratas del Senado y la Cámara de Representantes se habían puesto de acuerdo en permanecer callados, sentados, sin aplaudir el discurso presidencial, habilitando también a que algunos legisladores boicotearan al presidente. Unos 80 anunciaron el boicot y una treintena hizo un acto paralelo. El resto permaneció en sala, mayormente callados, más allá de algunas reacciones minoritarias. En algún momento, buena parte de los legisladores “opositores” se unieron a los aplausos y hasta se pusieron de pie. Por ejemplo, la senadora Elizabeth Warren y otros demócratas se pusieron de pie para aplaudir la postura de Trump sobre una posible guerra debido a la falsa afirmación de que Irán no ceja en su intento de construir una bomba nuclear.
La actuación del establishment demócrata no obedece exclusiva ni principalmente a cobardía, simplemente responden a los mismos intereses de Wall Street y los megamillonarios, que son además los que los financian. Los principales beneficiarios de los aportes del lobby sionista son justamente los legisladores demócratas. El impulso a las guerras, los beneficios a los capitalistas, la caída de las condiciones de vida populares, la persecución contra los indocumentados, son en lo sustancial políticas bipartidistas.
