Adorni en Nueva York: el "esfuerzo" de la casta se paga con fondos públicos

Escribe Iara Bogado

Tiempo de lectura: 3 minutos

Mientras el discurso oficial machaca con que “no hay plata” para medicamentos oncológicos, comedores o salarios docentes, la realidad en las altas esferas del poder libertario muestra un paisaje de privilegios obscenos. El último escándalo que sacude al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, no es solo una falta ética: es una radiografía de cómo la camarilla gobernante utiliza el Estado como una caja de gastos personales bajo la mesa.

La foto en Nueva York: una “comitiva” familiar

El Jefe de Gabinete fue capturado por las cámaras de Radio Jay —la señal judía de Latinoamérica— mientras visitaba la tumba de un rabino en Nueva York junto a su esposa, Bettina Angeletti. El hallazgo mandó al frente una situación que el gobierno intentó siluetear: Adorni llevó a su mujer al viaje presidencial de la “Argentina Week 2026” utilizando el avión privado oficial. El costo del vuelo se estima en unos US$ 500.000, según la denuncia del diputado Esteban Paulón, quien solicitó investigar si el avión presidencial se convirtió en un transporte de parejas. (La Nación, 13/03/26). Ante la presión, Adorni ensayó una defensa que insulta la inteligencia pública: afirmó que tanto él como su esposa pagaron el viaje y la estadía en el Langham Hotel de su propio bolsillo. Hablamos de un hotel donde un cliente común abona entre 700 y 1.500 dólares la noche (La Nación, 12/03/26).

Los números que no cierran: patrimonio vs. lujo

La versión del “pago privado” se desmorona al analizar los activos del funcionario. Teniendo en cuenta que en el avión presidencial solo habrían viajado cuatro personas (los hermanos Milei, Adorni y Angeletti), el costo proporcional del vuelo por persona sería de US$ 125.000. Esta cifra es absolutamente incompatible con el patrimonio declarado por Adorni, que se mantiene estable —ajustado por inflación— desde que asumió, declarando $107,9 millones de pesos (unos 77 mil dólares de la época) y una deuda de $95,4 millones (Perfil, 12/03/26). Es físicamente imposible que un funcionario con ese patrimonio neto costee de forma privada un viaje de semejante magnitud. Sin embargo, el gobierno elige fingir demencia e ignorar que el propio Adorni es quien firmó la resolución general que limita las comitivas oficiales al mínimo indispensable: “Limítanse las comitivas oficiales... a un máximo de un (1) funcionario o una (1) autoridad por cada evento... ante la exigencia excepcional de ampliación, la autoridad deberá justificarlo expresamente” (Artículo 6, La Nación, 11/03/26). ¿La justificación de Adorni? Declaró que se estaba “deslomando”, que haría una parada en Miami y que por eso quería que su mujer lo acompañara. Para el Jefe de Gabinete, el cansancio personal justifica el quiebre de las leyes de austeridad que él mismo redactó.

El socio Grandio y la confesión delatora

A esta trama de impunidad se le suma el antecedente con Marcelo Grandio, conductor de la TV Pública y fundador de la productora “Imhouse”, beneficiada con contratos oficiales tras la llegada de LLA al poder. En un viaje previo a Punta del Este, Grandio intentó defender al funcionario con declaraciones que terminaron siendo una confesión de parte. Primero, afirmó que el vuelo privado de US$ 3.600 para su familia era “más barato que viajar por Aerolíneas”, cuando el costo real de cuatro pasajes de línea a Uruguay ronda los US$ 350. Luego, se enredó en las fechas, diciendo que Adorni no vacacionaba hacía dos años para luego decir que hacían cuatro. El remate fue una frase que desnudó el mecanismo de retorno: “Pagó con su plata, no con plata del estado. Lo pagó él con plata del estado, me lo pagó a mí” (La Nación, 13/03/26). Esta frase resume la era libertaria: el uso patrimonialista del Estado donde los favores se pagan con contratos de producción y los viajes de placer se disfrazan de misiones oficiales.

El despilfarro de los "no políticos" y la corrupción burguesa

El viaje de Adorni a Nueva York, bajo la excusa de buscar inversiones en el "Argentina Week", desnuda la contradicción insalvable de este gobierno. Mientras le exigen un sacrificio "heroico" a la clase obrera, ellos despilfarran en un solo vuelo privado y un despliegue de hoteles de lujo. La estrategia oficial de presentarse como "ciudadanos que vienen de afuera de la política" es una estafa ideológica. Intentan instalar la idea de que la corrupción es un mal inherente a la actividad política y no a la clase que representan: la burguesía. Adorni y Milei utilizan el Estado con el mismo criterio patrimonialista que cualquier directorio empresario usa sus activos, para el beneficio propio y de su círculo íntimo. No hay nada "nuevo" en este gobierno. Es la vieja burguesía y sus cuadros técnicos apropiándose de la caja pública mientras el país se hunde en el industricidio. Este escándalo es la prueba de que la corrupción no es un problema moral, sino una característica intrínseca de una casta parásita que vive del trabajo ajeno y utiliza el aparato estatal para sus negocios y placeres personales. El "no hay plata" para el pueblo es, en realidad, la financiación del banquete de los que hoy detentan el poder. Frente a este escenario solo la movilización autoconvocada de la clase obrera puede barrer con esta camarilla de ajustadores y vividores del Estado e imponer una salida propia a la crisis.

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