El mito del “mejor momento” de Milei

Escriben Jorge Altamira y Marcelo Ramal

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Luis Caputo celebró en las últimas horas “una explosión de exportaciones”. Las ventas al exterior de energía, alimentos y productos mineros aportarían un saldo positivo de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones) de hasta 25.000 millones de dólares. Además del petróleo y el gas, hacen punta la carne y los lácteos. Los sojeros, sin embargo, miran sus cartas de reojo, porque retienen ventas a la espera de un dólar mayor al actual. Caputo ha prometido cifras faraónicas de exportaciones para la próxima década, al compás de los hidrocarburos, el litio y el oro.

El abultamiento de las reservas internacionales brutas no ha abierto, sin embargo, las puertas del mercado voluntario de deuda. El Gobierno prefiere reciclar sus vencimientos con préstamos bancarios “garantizados”. Ha creado, de este modo, una deuda ‘senior’, que tiene prioridad de pago en una eventual crisis de deuda. Ha adquirido una nueva deuda con el FMI, por 1.040 millones de dólares para comprar “letras intransferibles” en poder del Banco Central, que no tienen valor de mercado, lo cual refuerza la dependencia financiera del organismo monetario. La “lluvia de dólares” ha comprometido aún más al sistema bancario, porque ha sido adquirida mediante la emisión de pesos, que enseguida fueron retirados de circulación mediante una emisión de deuda equivalente con los bancos locales, que se suma a los elevados encajes formados con bonos en pesos del Tesoro. Una devaluación, como reclama el FMI, para alinear al peso sobrevaluado con los precios internacionales, haría simplemente estallar esta pirámide de endeudamiento y desataría una crisis financiera. El Gobierno no puede salir de la trampa del súper peso, que asfixia la actividad industrial. Caputo ha reforzado la convertibilidad establecida por Menem-Cavallo, que estalló con el “corralito” de 2001. Esto, para no mencionar las consecuencias de una apreciación del dólar en el mercado mundial, con la suba de la tasa de interés de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, que ha provocado la suba de precios desatada por los aranceles de Donald Trump y el bloqueo de los estrechos y puertos iraníes. De cualquier modo, el propósito de la acumulación de reservas se limita a sostener el mercado de cambios, pagar intereses de deuda y evitar un estallido inflacionario, no a pagar el principal de la deuda externa y reducir su volumen, que seguirá el camino de una refinanciación o el recurso a créditos bancarios.

Recaudación fiscal

Luis Caputo ha reconocido, involuntariamente, la falsificación de las cuentas fiscales al cubrir pagos por gastos pendientes o postergados con el dinero aportado por la liquidación del impuesto a las ganancias en abril. Se trata de una muestra de la precariedad de la recaudación impositiva, que ha seguido cayendo en cuanto al IVA y otros impuestos al consumo. La política oficial no sale del chaleco de fuerza del ‘ajuste’, a pesar de la enorme reducción que han tenido los llamados “gastos discrecionales” (han bajado al 6 % del gasto total). El recurso al RIGI y a las privatizaciones es incapaz de aflojar el chaleco, como lo demuestra la reducida tasa de inversión actual en Argentina –última en el ranking latinoamericano-. La aceptación de una inversión en las condiciones del RIGI (impuesto a ganancias reducido al 15 %, libre importación de bienes de capital, otros beneficios impositivos, giro libre de dividendos o utilidades) se ha establecido en un 10 % del monto total y un plazo de varios años. No tiene efecto de arrastre local y aumentaría en forma considerable la dependencia financiera internacional. Una ‘limosna' (tan) grande muestra la reticencia de la inversión extranjera. La infraestructura pendiente para Vaca Muerta se resiente por la manipulación de los precios de los combustibles para evitar más picos de inflación. La relevancia que el periodismo ha otorgado al crecimiento del saldo comercial no contempla las salidas de divisas en cuenta corriente (turismo, intereses, fletes) ni, por sobre todo, las contradicciones del plan económico en su conjunto. Las fantasías de Caputo acerca de la instalación de centros de datos para las inversiones en Inteligencia Artificial, en la Patagonía, ignoran tanto el costo prohibitivo que representaría en relación a la electricidad como el elevado endeudamiento (bancario y, especialmente, no bancario) de las compañías del rubro, que no generan aún ganancias de ninguna clase. Algunos señalan que el Súper RIGI ha sido redactado a la medida de Peter Thiel, el millonario que se reunió recientemente con Milei, que aplica la IA a servicios de espionaje y control al servicio de la CIA y los servicios de informaciones; los liberticidas cuentan los billetes que todavía no tienen.

Indigencia

La “patria exportadora” argentina celebra los beneficios provenientes de la disparada de los precios internacionales de la energía y los alimentos, sin considerar su impacto inflacionario. Mientras los frigoríficos baten records en las ventas de carne vacuna al mundo, el consumo de carne por habitante ha caído a los 44 kilos por año, el nivel más bajo de los últimos treinta años. El consumo de leche volvió a caer en lo que va de 2026, y es hoy ¡menos de la mitad! del registrado hace diez años. El boom exportador de hidrocarburos, en medio de la guerra, es una formidable presión en favor del tarifazo o, en represalia, de un parate de inversiones. A comienzos de junio, volvieron a subir las naftas, transporte y peajes. La famosa “inflación indomable” es el resultado de este proceso confiscatorio. Mientras el gobierno revolea beneficios impositivos en favor del capital -reducciones de retenciones a la exportación, RIGI y Súper RIGI- Caputo y el FMI preparan un nuevo impuestazo contra los trabajadores. Se trata del impuesto a las “ganancias” para los asalariados y la suba del monotributo a todos los precarizados y factureros.

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