Nota de tapa de Política Obrera N° 145 edición impresa.
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La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia ha acrecentado la amenaza del fascismo paramilitar y estatal en América Latina.
Ha demostrado la incapacidad congénita de la democracia burguesa para desarmar a la ultraderecha en el plano social y político.
Abelardo de la Espriella, allegado a los Trump, abogado de pedófilos y narcos, y agitador del parailitarismo, se ha alzado con la victoria en Colombia.
Denunciado por fraude digital con padrones, amenazó con defender los resultados mediante la lucha armada, o sea, una guerra civil.
Estamos ante un anticipo de lo que ocurrirá en noviembre próximo en las elecciones norteamericanas, donde la alteración de circunscripciones electorales y los fraudes digitales ya se encuentran en marcha.
Trump no necesita amenazar con la defensa de resultados electorales prefabricados, porque su prontuario golpista no se encuentra en duda; lo mismo ocurre con Bolsonaro, en los comicios de Brasil en el próximo mes de octubre.
Donald Trump y Marco Rubio ya han organizado a 16 gobiernos, incluida a Argentina, en el Escudo de las Américas, un Plan Cóndor de la era de la Inteligencia Artificial.
Con otras circunstancias, se plantea la misma amenaza en Bolivia, si la rebelión obrera y campesina no se encamina hacia una revolución dirigida por la clase obrera.
La ultraderecha de Bolivia, a la que Rodrigo Paz Pereyra y su Congreso han encuadrado en el Escudo de las Américas, responderá al fracaso de la rebelión popular con una contrarrevolución.
Los socios y comisionistas de Trump, como Kast, De la Espriella, Paz, Milei o Bolsonaro, no progresan por generación espontánea. Explotan los compromisos de clase de demócratas y centro izquierdistas con la burguesía de cada país, para acentuar la ofensiva de ultraderecha. La guerra imperialista mundial achica las posibilidades de las ‘salidas’ intermedias.
El objetivo inmediato de esta guerra, en América Latina, es convertir a Cuba, a las naciones del Caribe y en última instancia a México en protectorados.
La movilización contra la guerra imperialista y el fascismo, en América Latina, está a la orden del día.
