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El precio del petróleo se ha disparado en todo el mundo desde el inicio de la guerra que Estados Unidos e Israel emprendieron contra Irán. Al cierre del estrecho de Ormuz, una vía navegable estratégica por la que se transporta una quinta parte del petróleo mundial, se les sumó el ataque a instalaciones energéticas en el Golfo Pérsico y en el Mar Rojo. El ataque de Irán al gasífero de Ras Laffan, de Qatar, el mayor centro del mundo para la producción y exportación de gas natural licuado (GNL), ha significado un punto de quiebre. Una quinta parte del suministro mundial de GNL procede de Ras Laffan. “Las terminales de GNL son algunas de las construcciones más grandes y complejas de la historia, y Ras Laffan es la mayor de todas, transformando las enormes reservas de gas de Qatar en un combustible ultracongelado que puede transportarse por todo el mundo. Al menos, antes de la llegada de los misiles iraníes”, asegura el Financial Times (19/3). El ataque a Ras Laffan fue, a su vez, la respuesta iraní al ataque de Estados Unidos e Israel al yacimiento South Pars-North Dome, la mayor reserva de gas natural del mundo.
En este contexto, el crudo Brent, el referente internacional, se disparó a 114 dólares por barril; un alza de más del 57% desde el 28 de febrero. Ante el auge imparable de los precios energéticos, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sostuvo que Washington podría “levantar las sanciones” al petróleo iraní que ya está embarcado y en alta mar y agregó que el gobierno estadounidense también podría liberar más petróleo de sus reservas estratégicas. Todos los analistas, sin embargo, aseguran que la escala alcanzada por la guerra ha llevado a la crisis energética a un estadio que supera ampliamente lo coyuntural. El Financial Times ha hablado lisa y llanamente de un “escenario apocalíptico” para los mercados de gas.
“Antes del ataque, continúa el FT, los operadores daban por sentado que el flujo de GNL desde Ras Laffan se reanudaría una vez que se calmara el conflicto en Oriente Medio y el estrecho de Ormuz fuera seguro para el paso de los buques cisterna. Los precios del gas, que habían subido la semana pasada, se habían estabilizado muy por debajo de los niveles observados durante la invasión rusa de Ucrania en 2022. Pero esa suposición ahora se ha desmoronado”. Los mercados de bonos y acciones también se desplomaron el jueves pasado, después de que los inversores advirtieran que la región se enfrentaba a una "crisis energética prolongada" tras los ataques a la infraestructura energética en Qatar e Irán. “Los mercados están empezando a descontar una crisis energética prolongada”, reza otro artículo del mismo diario (19/3).
La empresa estatal QatarEnergy, que opera en Ras Laffan, declaró que los daños sufridos por dos de sus unidades de GNL tardarían entre tres y cinco años en repararse, le costarían a la compañía 20.000 millones de dólares anuales en ingresos perdidos y la obligarían a cancelar contratos a largo plazo con Italia, Bélgica, Corea y China. “El equipo especializado para ultracongelar el gas y convertirlo en GNL es increíblemente complejo y tendrá que ser reemplazado minuciosamente, un trabajo que solo comenzará cuando Qatar tenga la certeza de que los trabajadores pueden acceder a las instalaciones de forma segura, sin temor a nuevos ataques” (ídem). Un operador afirmó que los precios del gas en Europa subirían al menos hasta 2027.
Ningún país es inmune a este problema. En Europa y Asia el golpe es demoledor debido a que la dependencia del petróleo y el gas importados es muy alta. Europa ya se había vuelto más dependiente del GNL desde que la guerra en Ucrania privó al continente del gas ruso. Ahora, se ha desatado una competencia directa con los países asiáticos por cargamentos limitados.
Los gobiernos del mundo barajan distintas variantes para evitar que la crisis energética agite aún más las aguas del malestar social. Pero diversos analistas advierten que las políticas fiscales ya se encontraban en un punto límite antes de la guerra con Irán. En la Unión Europea, los subsidios a la energía casi se habían duplicado en 2022 con la guerra en Ucrania, alcanzando los 397.000 millones de euros (457.000 millones de dólares) y desde entonces diferentes países tomaron medidas para paliar la crisis: Portugal tomó medidas de reducción de los impuestos sobre el diésel; Grecia impuso un límite a los márgenes de beneficio de las empresas en la venta de combustible; Corea del Sur sostiene un programa de vales de energía para los hogares, que ahora proyecta ampliar. Alemania, por su parte, ya no tiene margen de maniobra: en 2022 redujo los impuestos sobre la gasolina y el diésel durante unos meses, con un coste de 3.000 millones de euros. “Si los precios del petróleo y el gas se mantienen en los niveles actuales durante el resto del año, el crecimiento económico previsto para Alemania se reduciría a la mitad, hasta el 0,5%” (FT, ídem). Lo mismo ocurre con Francia, un país que “no puede permitirse gastos extravagantes”. El caso más dramático, de todas formas, es el de Gran Bretaña. Esta semana, su gobierno anunció una inversión de 53 millones de libras para ayudar a quienes dependen del gasóleo para calefacción, un problema grave en Irlanda del Norte, pero no ha modificado el esquema de aumento en los impuestos sobre el combustible para los conductores. El gobierno británico está comprometido a aplicar estrictas normas fiscales para tranquilizar a los inversores en bonos, preocupados por los elevados niveles de deuda del país y sus escasas perspectivas de crecimiento. El año pasado, el gobierno destinó una libra de cada diez al pago de intereses de la deuda. La caída de los mercados elevó los costes de endeudamiento en el Reino Unido a niveles cercanos a su máximo desde 2008.
La crisis energética promete hacer estragos también en Asia. Cerca del 80% del petróleo y gas natural licuado mundial que transita por el estrecho de Ormuz se destina a los mercados asiáticos. Algunas aerolíneas asiáticas están preocupadas por la escasez de combustible para aviones; en Bangladesh, el gobierno ordenó el racionamiento de combustible y el cierre de universidades. Varios gobiernos locales adoptaron semanas laborales de cuatro días. Los países del sudeste asiático se enfrentan a un riesgo significativo de rebajas en su calificación crediticia soberana. el caso más crítico es el de la India: el país más poblado del mundo importa cerca del 85% de su gas envasado desde Medio Oriente, una energía que utiliza principalmente para cocinar para sus 1400 millones de habitantes, “lo que ya obligó a modificar los menús en restaurantes para reducir el uso del fuego” (La Nación, 12/3).
Europa y Asia enfrentan un escenario de competencia por la adquisición de suministros energéticos importados de otras partes del mundo, algo que probablemente impulsará aún más los precios. Según analistas, algunos países con problemas energéticos podrían considerar la venta de reservas de oro para protegerse ante una agudización de la crisis energética. Laurent Segalen, banquero de inversiones en energías limpias, afirmó al Financial Times: “Estamos ante el apocalipsis. Los próximos meses serán una auténtica carnicería para los importadores de gas” (ídem).
La crisis energética había desatado en el gobierno liberticida argentino una desbocada reacción de optimismo, al menos hacia afuera. El pasado jueves, el FMI, incondicional de las políticas de ajuste del gobierno, aseguró que la Argentina afronta hasta ahora “relativamente bien” los efectos de la guerra porque es "exportador neto" de energía. Pero esto presenta varios problemas. Por un lado, debido a que Argentina exporta un tercio de los 882.000 barriles diarios de petróleo que produce, el aumento del precio internacional genera una presión en los precios domésticos. Según Clarín, “si el crudo se mantiene en niveles altos, los precios de productos y servicios podrían empujar el alza de la inflación”. Justamente el último dato de inflación, de 2,9% en febrero, fue la señal que confirmó que la tendencia alcista de los precios no se ha revertido y acumula 9 meses hacia arriba. El gobierno se había puesto como meta principal la reducción de la inflación, dilapidando las reservas del Tesoro para frenar una disparada del dólar que impacte en los precios. A dos años de asumir, el régimen libertario se encuentra sin reservas para pagar la deuda y con los precios en alza, aún con el dólar planchado. Todo esto, antes del impacto de la suba de los precios de la nafta. Los aumentos ya se hicieron sentir en las estaciones de servicio y afectaron el consumo. Argentina quedó entre los países con nafta más cara de América, incluso superó a Estados Unidos.
Por otro lado, Argentina depende de la importación de GNL para el abastecimiento nacional en invierno. Para colmo, para este invierno la Secretaría de Energía había planificado dejar la importación y comercialización del GNL en manos del sector privado, retirando a la empresa estatal Energía Argentina (ENARSA) de la ecuación. Pero la escalada de precios obligó a revisar esa hoja de ruta. “Habitualmente, para la tercera semana de marzo, ENARSA ya tenía adquirido entre el 70% y el 80% de las necesidades de GNL para el invierno. Este año, no hay ninguna compra cerrada” (La Nación, 19/3). El diario argentino advierte, como al pasar, que a los costos que alcanzará el valor del combustible “es posible que algunas industrias prefieran reducir o parar su actividad antes que pagar el precio real del insumo”. Es decir, el industricidio al cuadrado.
La crisis energética afecta también al campo, por dos vías distintas. Por un lado, la crisis “podría derivar en problemas de abastecimiento, especialmente en los meses de mayor consumo agrícola, como los que se avecinan con el inicio de la cosecha” (La Nación, 17/3). Por otro lado, la Organización Mundial del Comercio ya advirtió que “el bloqueo del estrecho de Ormuz ha interrumpido el suministro de fertilizantes, fundamentales para la agricultura mundial". Un tercio del fertilizante para la industria agropecuaria mundial pasa por el estrecho de Ormuz, actualmente bloqueado. Por otro lado, el gas natural representa alrededor del 80% del costo de producción de la urea, fertilizante ampliamente utilizado en el agro, por lo que el precio del gas afecta directamente su costo. La Bolsa de Comercio de Rosario señaló que la urea es esencial para cultivos como maíz y trigo y advirtió que en 2024 más del 65% del consumo local de fertilizantes se abasteció con importaciones.
La crisis también golpea a las arcas del Estado: “la mayor recaudación por retenciones a precios más altos del petróleo no compensaría los mayores costos de gas y el aumento de subsidios”. El saldo sería negativo por un monto de $550.000 millones. El golpe afectaría también a una parte sensible del régimen económico oficial, como es el dólar planchado. “Expertos del sector energético venían advirtiendo que, si el petróleo se estabilizaba por encima de los u$s 100, la presión sobre el tipo de cambio oficial sería inevitable para mantener la competitividad de las refinerías”.
La crisis energética, lejos de ser un alivio para la Argentina, se está convirtiendo en una tormenta perfecta.
