Lumilagro: la ofensiva patronal y estatal contra la clase obrera

Escribe Gabriel Meggiotto

Tiempo de lectura: 4 minutos

Desde julio de 2025, la empresa Lumilagro —en manos de las familias Nadler y Suranyi— atraviesa un proceso de reconversión importadora. Según la patronal, en los últimos dos años (desde 2024) las ventas han caído un 50%. La empresa contabiliza un total de 170 trabajadores despedidos sobre una plantilla inicial de 220 en 2022.

A través de la resolución 835/2025, el gobierno anunció -en junio- la eliminación de los aranceles antidumping aplicados a la importación de termos con ampolla de acero inoxidable y de vidrio originarios de China. Según informó Presidencia de la Nación, “estas restricciones se habían impuesto para proteger a la industria local, representada principalmente por la empresa LUMILAGRO S.A., ante prácticas de dumping —es decir, ventas al exterior a precios inferiores a los del mercado interno chino” (Argentina.gob.ar 27/06/2025). A raíz de esta medida, tanto Presidencia como Sturzenegger señalaron en X que, pese a la protección otorgada, Lumilagro no creció en los 20 años que duró el arancel, ni en expansión de su marca ni en términos de empleo. Señalaron que la empresa volcó la mayor parte de su producción a los termos de vidrio y no dio el salto hacia la fabricación de termos de acero inoxidable. En palabras de Sturzenegger: cuando en 2011 el kirchnerismo utilizó a Lumilagro para su campaña política, la empresa contaba con 284 trabajadores; para junio de 2025 la compañía había reducido su plantilla a 129. El dato es falso. Ningún medio señala que, para esa fecha, Lumilagro tuviera menos de 200 a 220 trabajadores.

En julio, tras un despido de 130 trabajadores, la empresa confirmó su paso a la importación de termos desde China (acero inoxidable), India y Vietnam (ampollas de vidrio). No obstante, sostuvo una producción mínima con un plantel reducido de 60 trabajadores en su planta de Tortuguitas hasta marzo de este año, momento en que se sumaron 40 despidos y el cese total de la producción de termos de vidrio. Según La Gaceta, el rol de la planta de Tortuguitas, que hoy cuenta con 50 empleados, será el de una producción reducida de termos de acero y la serigrafía y personalización. Por otro lado, tercerizó la fabricación del cuerpo de plástico que recubre el vidrio.

El salto a la importación se debe, según la empresa, a la caída del 50% de las ventas en los últimos dos años. A este hecho se suma la ya mencionada eliminación de los aranceles antidumping. La decisión de importar se fundamenta en que resulta un 35% más barato que producir localmente los termos. Sin embargo, Nadler, en conversaciones con Infobae, señaló que la empresa cuenta con un remanente de stock que quedó de la pandemia para colocar en el mercado. Es decir que no es la “crisis” de importaciones ni el “industricidio” el problema central de la empresa —o al menos no en su totalidad. Lo que afecta a Lumilagro es la sobreproducción.

En estos últimos años de recorte de la plantilla de trabajadores, el Sindicato de Empleados de la Industria del Vidrio y Afines (SEIVARA) ha operado simplemente como una sucursal administrativa. No ha intervenido de ningún modo frente a los despidos que se llevaron adelante en Lumilagro y sólo señaló que el apagón de los hornos generaría despidos debido a la baja de producción. Ante todo, ha actuado sobre los hechos consumados como un observador alejado de la realidad y como un promotor de paritarias a la baja.

El lunes 23 estalló una polémica en X debido a que la empresa, a través de su cuenta oficial, publicó unos tuits de mal gusto en los que defendió su estrategia de importación y se burló de los trabajadores, satirizando la situación de los despidos mediante provocaciones en línea. El primero decía: “[...] ¿Preferirías que los volvamos a contratar y vuelvas a tener que gastar $100 mil pesos de más para conseguir un termo de calidad?”. Poco después, Lumilagro volvió a publicar: “Quizás podemos hacer una edición limitada. ¿De peor calidad y más caro, pero 100% fabricado en Argentina?”. Luego de una ola de insultos, estos tuits fueron borrados y reemplazados por uno donde señalaban que “toda reconversión es dolorosa” y que “no han despedido a ni una persona”, sino que los 170 trabajadores se fueron mediante retiro voluntario. Oculta, sin embargo, que los retiros “voluntarios” son impuestos a los trabajadores mediante estrategias de coerción como la falta de pago de salarios y la imposición de tiempos de producción más extensos. Por otro lado, distintos medios oficiales, locales y gremiales señalaron que, en la mayoría de los casos, los despidos fueron ejecutados por la empresa.

Un último dato sobre la situación de Lumilagro revela que, en principio, la fábrica de Tortuguitas no será vendida. No solo porque aún mantiene una plantilla de 50 trabajadores, sino porque la empresa no descarta volver a la fabricación local en un futuro. Por supuesto, esa fabricación local estará determinada por los tiempos de la guerra imperialista internacional, puesto que el gobierno nacional ha sellado acuerdos comerciales con los Estados Unidos que le permiten al gobierno de Trump actuar como un gendarme aduanero que controle con quien comercia Argentina. Es decir, la agudización de la guerra entre Estados Unidos y China, podría llevar a un cese de las importaciones desde Asia a Argentina en función de mantener los acuerdos comerciales con el imperialismo estadounidense y los países a los que Trump logre imponer protectorados. Por otro lado, un eventual regreso a la producción local se haría bajo condiciones absolutamente precarias, atravesadas por la contrarreforma laboral: salarios de indigencia, ritmos de producción más intensos y ningún tipo de organización obrera al interior de las fábricas.

La situación que se expresa a través de Lumilagro es la misma que se manifiesta en FATE, Granja Tres Arroyos, Aires del Sur, Verónica, etcétera. Es decir, una guerra pronunciada contra la clase obrera. Es necesario desarrollar una corriente revolucionaria que plantee la lucha contra el gobierno liberticida de Milei, el imperialismo, la guerra, las patronales y la contrarreforma laboral hasta derrotarlas por completo.

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