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El reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela una realidad que la propaganda imperialista intenta ocultar: el progreso en la reducción de la mortalidad infantil se ha ralentizado un 60 % desde 2015.
En 2024, 4,9 millones de niños murieron antes de los cinco años, pero con una concentración brutal en África Subsahariana, que registra el 58 % de los fallecimientos (OMS, 18/03).
Este escenario de muerte no es un déficit técnico, sino el subproducto directo de una economía mundial volcada a la guerra. Mientras los programas de salud sufren recortes presupuestarios, el gasto militar mundial escaló a los 2,7 billones de dólares en 2024, marcando el mayor incremento desde el fin de la Guerra Fría (Infobae, 27/04).
La situación en el continente africano demuestra que las crisis locales son, en realidad, un escenario de la guerra mundial por el control de recursos estratégicos. La irrupción de China como principal acreedor y socio comercial, disputando minerales críticos para la transición energética, choca con la presencia militar de EE. UU. y el avance de Rusia a través del África Corps en el Sahel. Esta competencia por el reparto de áreas de influencia se traduce en una carnicería permanente. Por un lado, la militarización del presupuesto: en las zonas de conflicto, el 40 % de los presupuestos nacionales se destina a defensa, mientras la inversión social no llega al 15 % (Pressenza, 09/11/25). Por el otro, los niños nacidos en contextos de guerra tienen el triple de probabilidades de morir antes de los cinco años (OMS, 18/03). En Sudán, la disputa entre facciones militares ha dejado a 750.000 personas al borde de la muerte por hambre.
La "economía de guerra" en África se sostiene sobre la extracción ilegal y el desvío de fondos. Se estima que el continente pierde anualmente 120.000 millones de dólares en conflictos, corrupción y fuga de capitales hacia paraísos fiscales. El 70 % del coltán y el 60 % del oro salen del territorio sin tributación, financiando a milicias y ejércitos privados mientras se retira la ayuda internacional para programas de salud materna. En la República Democrática del Congo, la disputa por el control de las minas de cobalto y oro ha provocado 6 millones de muertes en dos décadas (Pressenza, 09/11/25).
La estadística de la ONU sobre los 4,9 millones de muertes infantiles (ONU, 17/03) es la condena de un régimen social que destina billones a los arsenales de las potencias, pero recorta los fondos para vacunas e infraestructura sanitaria básica. La supuesta "ayuda humanitaria" es apenas un paliativo que no cubre ni el 40 % de las necesidades mínimas frente a la magnitud del saqueo (Pressenza, 09/11/25).
La lucha por la vida de la infancia en África es inseparable de la lucha contra el imperialismo y por la anulación de las deudas que encadenan a los países periféricos al gasto militar y la exportación de materias primas a precio de remate.
Ni un dólar para la guerra imperialista. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra. Hoy más que nunca socialismo o barbarie.
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