Hasta la victoria siempre, Nacho

Escribe Camila y Chino, Juventud de Político Obrera Tucumán

Despedimos con dolor a nuestro amigo y camarada Ignacio Valentín Cueto

Tiempo de lectura: 4 minutos

Ha fallecido 'Nacho' a una corta edad, quien militó en la Unión de Juventudes por el Socialismo (UJS) de Tucumán. Su muerte, producto de un suicidio, nos golpea profundamente. No es un hecho aislado o individual: es una expresión desgarradora de las condiciones de vida que impone este sistema social en crisis, que descarga su peso sobre la juventud y con particular violencia sobre el colectivo LGBT+.

Nacho fue un varón trans, identidad que marcó su militancia. En su escuela secundaria impulsó -lucha mediante- la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI), una conquista que enfrentó prejuicios y resistencias, y que abrió camino a nuevas generaciones.

Se acercó al Partido Obrero en una etapa en la que impulsábamos la Agrupación 1969, orientada a organizar la lucha del colectivo LGBT+ desde una perspectiva de clase. En ese momento, advertíamos que existía una inquietud creciente en la juventud, que no encontraba canalización política. Montamos mesas en la plaza central de la capital tucumana con banderas y periódicos. Entre los grupos de jóvenes secundarios que se nos acercaron, estaba Nacho.

Participó activamente de actividades como “No estás solx” impulsada por la agrupación LGBT+ 1969 junto a otros espacios que trataban de sostener y organizar a las disidencias en tiempos adversos donde las tasas de suicidios adolescentes eran alarmantes en el norte de nuestro país. Allí, en diálogo con estudiantes secundarios, emergían relatos de violencias familiares, institucionales y sociales. Jóvenes que no encontraban salida, que enfrentaban discriminación, expulsión de sus hogares y una vida atravesada por la precariedad. Vinculábamos estas experiencias con una tendencia más general: el aumento de la crisis económica y con ella, el recrudecimiento de todas las formas de opresión.

La vida de Nacho también estuvo marcada por esas condiciones materiales. En un contexto donde la juventud se encuentra “en números rojos”, sin perspectivas, en medio de ajustes brutales, la sistemática quita de derechos laborales, la imposibilidad de conquistar una independencia económica, la precariedad se vuelve asfixiante. Nacho trabajó durante mucho tiempo como mozo en un bar frente al Hospital Padilla. Allí, su humanidad se hacía notar: se ganó el reconocimiento de quienes acompañaban a familiares internados, muchas veces durmiendo en la vereda sin recursos. Su trato solidario y atento fue tan significativo que llegó a ser entrevistado por un medio local.

También militó en el Plenario Universitario de Lucha (PUL, agrupación del PO en Filosofía y letras) defendiendo aguerridamente las posiciones en defensa de la educación pública junto a sus compañeros.

Las anécdotas que hoy compartimos quienes tuvimos la fortuna de conocerlo dan cuenta de esa sensibilidad que a veces se representaba en su afición por el arte: Nacho dibujaba y pintaba.

Una compañera recuerda cómo, en medio de una lucha de Familiares Víctimas de la Impunidad, al verla quebrarse por el dolor de los testimonios, Nacho se acercó en silencio a acompañarla. Otro compañero lo evoca en los campamentos de la juventud - activo y comprometido - ayudando en la cocina, contando cómo la militancia y las redes de afectos podían ayudar a sostenernos en tiempos cruentos — como la que construyó con su amiga Betina que militaba por aquel entonces en la Facultad de Odontología y quien le abrió las puertas de su casa durante años.

También sufrió en carne propia la discriminación estructural. Ante la expectativa por el cupo laboral trans, presentó su CV con ilusión. Sin embargo, la promesa nunca se concretó. Este episodio, lejos de ser anecdótico, expresa la brecha entre los derechos conquistados en el papel y su efectiva aplicación bajo un régimen que margina sistemáticamente.

Tras la expulsión de más de 1200 militantes del Partido Obrero, entre los que se encontraba Nacho, su participación política se vio afectada. Aun así, no dejó de poner el cuerpo en momentos clave, como cuando defendimos nuestro local ante los intentos de la burocracia del partido de vaciarlo. También colaboró en tareas de fiscalización para Política Obrera. Pero, como le ocurre a tantos, la necesidad de sobrevivir en condiciones cada vez más duras lo fue alejando de la organización.

En ese proceso, el aislamiento avanzó. En una época que empuja a la fragmentación, a la soledad, a la desorganización colectiva, los vínculos se resienten. No porque las personas “molesten”, sino porque es el sistema el que desgarra las redes sociales. Cuando la lucha retrocede y la vida se vuelve una carga individual, los dolores del mundo pesan más, y la sombra se hace presente.

Este sistema que nos obliga a trabajar cada vez más, pero que no garantiza trabajos genuinos ni ofrece perspectiva, que enferma a las juventudes masivamente, generando depresión, ansiedad, entre otros; que imposibilita el real acceso a la salud mental, que incluso recorta los recursos en salud mental, cuyas obras sociales son máquinas de estafar a los trabajadores de dicha área. Está claro que la lucha que hay que dar es enorme en su magnitud y en su importancia histórica.

Su muerte nos interpela. Nos obliga a sacar conclusiones políticas y humanas. La opresión de género que no está divorciada de la opresión capitalista, la precariedad material, la falta de perspectivas y el aislamiento no son problemas individuales: son el resultado de un orden social que no tiene nada para ofrecer a la juventud trabajadora.

Frente a esto, la tarea es redoblar la organización, reconstruir los lazos colectivos y dar una salida política a estas condiciones de vida insoportables. Por Nacho, y por todos los que quedan en el camino, levantamos la necesidad de una transformación social de raíz.

Hasta la victoria siempre, querido compañero y amigo.

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