La guerra social y política contra los trabajadores es parte de la guerra imperialista internacional. Nota de tapa de Política Obrera N°141 edición impresa.
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El “cese del fuego” acordado en la guerra imperialista contra Irán se encuentra, en palabras de Trump, “muy lejos de un acuerdo definitivo”. El enorme despliegue militar de Estados Unidos en el Golfo Pérsico y en el mar Arábigo -naval, aéreo y terrestre- sigue en pie. El Estado sionista prosigue la escalada criminal contra el Líbano y la ´limpieza étnica´ en Gaza y Cisjordania. Irán abrirá el estrecho de Ormuz, pero reforzará preventivamente su supervisión, porque es su arma de defensa en esta guerra no provocada que el imperialismo norteamericano ha lanzado contra el país. China, como lo reconoció Trump, ha impuesto este arreglo precario, bajo la amenaza de suspender la reunión postergada para mayo entre Xi Jinping y Trump. El terreno de la guerra se extiende al estrecho de Taiwán y al canal de Panamá, donde Trump logró la expulsión de la corporación china que controlaba sus puertos de entrada-salida.
Trump había amenazado hacer “desaparecer una civilización entera”, dando expresión a la barbarie capitalista y a la decisión de llegar a una tragedia humanitaria para salvaguardar la imposible hegemonía histórica del imperialismo norteamericano. Es un planteo que no tiene retorno. El alto mando militar de Estados Unidos, sin embargo, no quiere arriesgar a las fuerzas armadas norteamericanas a una guerra mundial, que percibe de autodestrucción. Uno de los objetivos fundamentales de la tregua, para Trump y Netanyahu, es recomponer a sus respectivos ejércitos, que carecen de reposición de los misiles usados en la guerra y, en el caso del Estado sionista, del agotamiento físico y moral de la reserva militar en tres años de masacres contra Gaza, Cisjordania, Líbano e Irán.
El destino político del gobierno de Javier Milei, un títere de Trump, está jugado. El régimen de delincuentes digitales y corruptos, o sea, de la lumpen burguesía, va barranca abajo, en medio de una crisis histórica del capitalismo.
En medio del aumento de la desocupación, que llega al 10 % en el conurbano bonaerense, Milei ha liquidado los planes sociales, congelados en unos miserables 78.000 pesos; la pobreza ha retomado su curso ascendente. Los jubilados, condenados a haberes de indigencia, soportan también el vaciamiento del PAMI, con graves implicancias para la salud. La crisis del transporte público ha explotado, sin subsidios y sin la posibilidad política de un supertarifazo. El lock out de los mayores monopolios del transporte se transformará en una huelga general de los choferes, por el pago de los salarios.
La universidad desfallece sin recursos, incluso cuando la justicia ha ordenado un financiamiento que el Gobierno desconoce. En Tucumán, centenares de familias son evacuadas a causa de la ausencia de las obras públicas para prevenir los efectos de las inclemencias naturales.
Jubilados, pasajeros, docentes, desocupados, inundados, son sacrificados en el altar del “resultado fiscal” que Milei y Caputo guardan con siete llaves.
El propósito de los liberticidas, cumplir con los banqueros y fondos que especulan con la deuda pública e intereses usurarios, lleva al default y el default a la hiperinflación.
Los acuerdos firmados con el Pentágono por el ministro de Defensa, Carlos Presti, el jefe en actividad del Ejército, convierten a Argentina en país beligerante en esta guerra que abarca a Europa, Medio Oriente y América Latina. Trump no ha renunciado a la invasión de Cuba.
