Tucumán: el gobierno es responsable por la tragedia de las inundaciones

Escribe Daniel Blanco

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El 13 de marzo pasado Tucumán fue noticia nacional por la tormenta que, al cabo de varios días de lluvia, provocó la inundación de numerosos pueblos y ciudades, en particular del interior de la provincia. Fueron miles los evacuados. En aquella oportunidad, aunque no hubo víctimas fatales, los afectados sufrieron grandes pérdidas materiales. La respuesta del gobierno fue puramente cosmética. Por un lado, repartió alimento, colchones y chapas. Por el otro, se planteó retomar el trabajo de una comisión, resuelta en la legislatura en 2017, que luego de dos años, en 2019, estableció un diagnóstico, llamado “Lineamientos para la elaboración de los planes hídricos estratégicos para la provincia de Tucumán”. En él trabajó un equipo multidisciplinario integrado por profesionales y funcionarios del Estado provincial, de la Nación, de las universidades y de ONG. Contenía diagnósticos, estudios y marcaba varios puntos centrales para empezar a trabajar de inmediato. Sin embargo, todo ese esfuerzo fue cajoneado.

La historia vuelve a repetirse

Durante este sábado y domingo de Pascua, la historia volvió a repetirse, pero esta vez con tres muertos.

El sábado 4, una tormenta feroz de lluvia y viento que se prolongó hasta el domingo 5 volvió a inundar a los pueblos y ciudades cercanas al piedemonte, a lo largo de la ruta 38. Otro tanto ocurrió en el Este provincial, especialmente en el departamento de Cruz Alta, e importantes zonas del gran San Miguel como Tafi Viejo. Los pueblos que fueron más gravemente afectados fueron Alpachiri, Santa Emilia y Monte Rico, el Molino, Piedra Grande, Santa Ana, Alto Verde, Los Guchea, entre otros, fueron cubierto por las aguas.

En toda la zona pedemontana, en los últimos años, se ha llevado adelante un desmonte sistemático para extender la frontera limonera y de otros cultivos. Es lo que explica que los pueblos existentes hayan sido completamente inundados. El bosque nativo siempre fue un factor de contención, pero ahora las lluvias intensas, casi de inmediato, desbordan los ríos, arroyos y acequias, y anegan los campos, los pueblos y ciudades, arrasando con todo lo que se anteponga. El hecho de que las rutas construidas, que corren paralelas a la serranía, con ciertas alturas actúen como dique, se han transformado en un grave factor, porque impiden que el agua se escurra a zonas más bajas. En las cercanías de la capital, se ha desmontado para la construcción de countries, razón por la cual la capital tucumana también se vio inundada. La falta de obras de desagüe agrava la situación: según los especialistas, la población se triplicó desde los años 80, pero los desagües pluviales siguen teniendo la misma capacidad desde entonces.

En Aguilares se reportaron inundaciones en el barrio Alvear y desbordes de canales en Monte Bello, además de afectaciones en Los Sarmientos. El arroyo Barrientos creció e impactó en Villa Nueva, mientras que una acequia en El departamento Río Chico también presentó un panorama crítico.

El servicio eléctrico se vio afectado en gran parte de la provincia debido a las ráfagas de viento y descargas atmosféricas que provocaron la caída de postes y árboles. Las localidades más comprometidas fueron San Felipe, Santa Ana, Los Sarmientos, La Florida, Alderetes, Santa Rosa de Leales y El Cadillal y distintos barrios de capital, incluida la propia Casa de Gobierno, lo que da cuenta de paso de la precariedad de las instalaciones de la empresa a cargo de la construcción y mantenimiento de las redes e instalaciones.

Otro sector afectado fue el educativo, pues el temporal obligó a cerrar 96 escuelas. En la tormenta anterior, 200 escuelas dejaron de funcionar durante una semana.

Las muertes

Lisandro, de sólo 12 años, fue fulminado cuando intentaba cruzar una calle anegada que la precariedad de la conexión eléctrica convirtió en una trampa mortal. Es una zona, ubicada en el sur de la capital, donde funciona desde hace tiempo una feria informal, de la cual muchas familias subsisten. Los vecinos denuncian que cada tormenta intensa anega las calles con una mezcla de agua de lluvia y líquidos cloacales. “Es un problema de siempre”, repiten, al describir una zona que consideran olvidada por el gobierno provincial y el municipal especialmente en los sectores ubicados más allá de las avenidas principales.

Las otras dos víctimas ocurrieron en Tafí Viejo, cuando un matrimonio fue arrastrado en su auto sin posibilidad de escape. El hombre era empleado bancario y la mujer, empleado en la secretaria de Educación.

Los reclamos y las luchas

Los pobladores de Santa Rosa, afectado por el desborde del Rio Chico en la zona de Aguilares, decidieron cortar la ruta 38 denunciando que, en lo que va del año, es la cuartas vez que se inunda el pueblo. Otro corte se ha producido en la localidad de Alto Verde. En ambos casos reclaman obras.

Desde el gobierno afirman que sus funcionarios están en el territorio "solucionando los problemas". Sin embargo, frente a los cortes, la ´presencia territorial´ consisitió en desplegar un enorme aparato represivo.

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