Milei en Israel

Escribe Olga Cristóbal

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Sobre los miles de asesinados y mutilados, sobre las casas, hospitales, universidades, escuelas, caminos, cultivos arrasados en Gaza, Cisjordania, El Líbano, un fascista tan peligroso como trivial, el presidente argentino, cantó y bailó, bañado de sudor, “Libre”, la canción de Nino Bravo, ante un auditorio de genocidas y sus adherentes que lo aplaudieron rabiosamente e incluso bailaron con él.

A invitación del régimen de Benjamín Netanyahu, después del recital, Milei se convirtió en el primer extranjero que prendió una de las 12 antorchas de la ceremonia por el 78 aniversario de la Independencia de Israel. Una distinción ofrecida por criminales de guerra prófugos de la Justicia, “para agradecerle su incondicional respaldo en momentos de creciente aislamiento”, explicó LN (21/4).

El 9 de marzo, en la Universidad Yeshiva de Nueva York, Milei se había intitulado “el presidente más sionista del mundo” y anunció “somos enemigos de Irán”. Días después declaró a la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista y echó al encargado de negocios iraní, Mohsen Tehrani. Con esas ofrendas llegó a Tel Aviv y la respuesta fue un condensado de homenajes.

Milei no solo se involucró “en la cruzada del premier israelí para romper el aislamiento internacional en el que se encuentra con juicio por crímenes de guerra y genocidio” (LN, 20/4). También se mostró como el sonriente segundón de Estados Unidos e Israel en el contexto de la guerra mundial, como aplaudidor sin escrúpulos de quienes prometen llevar a Irán a la época de las cavernas y convertir al Líbano y a Cisjordania en una segunda Gaza.

La ceremonia oficial reflejó el tembladeral en el que se encuentra el gobierno de Netanyahu. Abucheos que la policía intentó acallar a los golpes interrumpieron su discurso mientras algunos sostenían carteles en repudio a “un gobierno de la muerte”. A fin de año hay elecciones y el gobierno pugna por aprobar antes una reforma del poder judicial y de ley de medios que le garanticen impunidad, desguace del sistema de Justicia tal como existe ahora y le deje las manos libres para sostener -y solventar- lo que se llama” la guerra eterna de Netanyahu”. No está fácil porque las movilizaciones contra las reformas y la guerra -aunque minoritarias- se repiten hace semanas a pesar de la feroz brutalidad policial, antes poco habitual contra manifestantes judíos. La descomposición social estalla en todos los frentes: soldados que estuvieron en Gaza y Cisjordania denuncian que los comandantes hacen la vista gorda ante los masivos saqueos de las viviendas y negocios por parte de sus subordinados. El ministro Gvir acaba de sortear en la cornisa un pedido de destitución. El 20% de la población está bajo la línea de pobreza (Haaretz, 22-23/4).

La irritación va más allá de los opositores tradicionales a Netanyahu. Los “festejos” oficiales en los que se pavoneó Milei fueron criticados por muchos municipios que cancelaron la celebración por razones de seguridad o en solidaridad con los municipios del norte, linderos a El Líbano.

Una coalición judeo-árabe contra la ocupación -que reclama un acuerdo de paz con los palestinos- impulsó un masivo petitorio para que la ceremonia no fuera transmitida en vivo. El texto señalaba que el país estaba “inmerso en el caos” mientras “el gobierno del 7 de octubre está tratando de reescribir la historia, presentar su ‘imagen de victoria’ y borrar su propia culpa” (Haaretz 21/4)

Los israelíes que prendieron las antorchas en el acto oficial, a los abrazos con la delegación argentina, son actores destacados tanto de la masacre en Gaza como del abandono gubernamental a los prisioneros israelíes en poder de Hamas. Entre ellos estuvo el funcionario que hostilizó a las familias de los rehenes cuando manifestaban contra el gobierno, y a los mismos rehenes después de que fueron liberados. Otro fue un orgulloso ejecutor del genocidio: Avraham Zarbiv, un juez rabínico que prendió su antorcha en honor a los bulldozers y las excavadoras (sic) que lo ayudaron a demoler, personalmente, cientos de casas en Gaza al punto que es conocido como “el aplanador de Jabalya”.

A la misma hora del acto oficial miles de personas realizaron un acto alternativo en Tel Aviv y otras ciudades. Denunciaron el «encubrimientos» y exigieron una investigación estatal sobre “los fallos del 7 de octubre” y la responsabilidad del gobierno de Netanyahu. También dijeron que muchos rehenes “murieron en los túneles, abandonados por el gobierno” o directamente fueron asesinados en Gaza por fuego israelí, como recordó la madre de uno de ellos, Ron Sherman (Haaretz, 22/4).

Milei había llegado el miércoles para cuatro días acompañado por su hermana, el canciller Pablo Quirno y el ministro de Justicia, Juan Mahiques. La prensa sionista dio poca relevancia a la visita con la excepción del Jerusalem Post que le dedicó una portada en español “Bienvenido hermano”. Los otros coincidieron en que era oxígeno para Netanyahu y permitía que “Israel pudiera mostrar que aún tiene aliados” (Maariv, Haaretz).

El “hermano”, que no perdió oportunidad de expresar su admiración por el sionismo y sus masacres, recibió varias menciones honoríficas. El presidente Isaac Herzog le entregó la “Medalla Presidencial de Honor”, en reconocimiento a su “inequívoco compromiso con el Estado de Israel” y por su “claridad moral” (sic).

La universidad Bar Ilan le otorgó un honoris causa que Milei agradeció con un discurso entre espeluznante y ridículo. La Torá, afirmó este judío autopercibido que cada día fue a llorar ante el Muro de los Lamentos, fue “el antídoto contra las ideas de izquierda”, calificó al marxismo como “satánico” y, la frutilla del postre, en un respaldo vergonzoso a la guerra contra Irán, escupió que “con determinadas culturas no vamos a poder convivir. Nosotros defendemos la vida y ellos nos van a querer matar”.

Los acuerdos de Isaac

No todo fue velita y discurso. El 19, Milei y Netanyahu firmaron en Jerusalén los Acuerdos de Isaac, que incluyen un memorándum antiterrorista con eje en la “seguridad”. El llamado “nuevo marco estratégico” de la asociación entre ambos países actuará “en defensa de la libertad y la democracia, y en la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico” (Infobae 19/4). Para ello, “incrementarán la coordinación contra organizaciones terroristas, con especial atención a los intentos de Irán de expandir sus redes y su presencia operativa en el hemisferio occidental”. Una explícita patente de corso a las agencias sionistas para violar las libertades públicas en el territorio nacional (Cl 19/4, Times of Israel).

Netanyahu imaginó los acuerdos como el puntapié inicial para construir una potente coalición política con Uruguay, Paraguay, Ecuador, Panamá, Costa Rica, en primera instancia, y después con Brasil, Colombia, Chile y El Salvador.

Según la prensa sionista, el canciller israelí Sa'ar fue gran impulsor del acuerdo, “previa discusión con el secretario de Estado Marco Rubio el verano pasado, en una reunión en la cual establecieron un grupo de trabajo para avanzar en el tema”. El embajador yanky en Israel, Mike Huckabee, participó con gran protagonismo del lanzamiento de los Acuerdos, “como si su país fuera una tercera pata”, y calificó a Milei y a Netanyahu como “dos de los mayores amigos del presidente Trump” (Clarín, Haaretz, Jerusalem Post, 21/4).

Otro aspecto del acuerdo es la cooperación en inteligencia artificial, con énfasis en ciberseguridad y algoritmos de defensa. La Argentina, dijo un experto sionista en Clarín, “tiene un capital humano subutilizado en matemáticas, física teórica y ciencias de la computación” que podría aportar… e integrarse así al andamiaje bélico del sionismo.

Sin ofrecer muchos detalles, Quirno indicó que abrieron, a través de la aseguradora estatal israelí ASHRA, “una línea de crédito de 150 millones de dólares” destinada a apoyar la participación de empresas israelíes en proyectos específicos en la Argentina.

La habilitación de un vuelo directo Tel Aviv-Buenos Aires también fue descripta en términos cuasi bélicos. “Alinearse con Estados Unidos es aritmética elemental de poder. Y alinearse con Israel, que es el aliado más denso de Washington en integración militar, tecnológica y de inteligencia, es alinearse dos veces con el mismo vector de poder”, Clarín 21/4.

Milei no solo injertó a la Argentina como una pieza en la estrategia imperialista de guerra mundial. También se ofrece como proveedor de recursos estratégicos y abre las puertas a la injerencia de los organismos de seguridad sionistas sin ningún control por parte de la población ni de las propias instituciones del Estado.

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