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Según el informe del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés), el gasto militar mundial tocó un récord histórico en 2025 al llegar a 2,887 billones U$S, con una suba del 2,9% interanual. En este sentido, la tendencia al rearme mundial avanza a pasos agigantados. El gasto en defensa en Europa ha llegado a 864.000 millones U$S, con un crecimiento del 14% impulsado por la guerra de la OTAN contra Rusia y la presión de Estados Unidos para que los países de la OTAN incrementen su inversión militar. Alemania elevó su presupuesto un 24% hasta los 114.000 millones U$S; sus fuerzas armadas podrían alcanzar al medio millón de soldados. Lo anunció la semana pasada el ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius.
El plan de rearme alemán, orientado a convertir a Alemania en la potencia militar dominante de Europa hacia 2039, a cien años del inicio de la Segunda Guerra Mundial, en un proceso similar al de Japón. Pretende incrementar el presupuesto de defensa al 3,5% del PBI para 2035 y llegar a los 152.800 millones de euros anuales, además de pasar de 185.000 a 260.000 soldados activos en la próxima década. El objetivo oficial implica ampliar tanto la tropa activa como los cuadros de reservistas: pasar de 60.000 a 200.000 en 2033 y conformar una fuerza de 460.000 efectivos disponibles para una eventual movilización, [política que se viene llevando a cabo] (https://politicaobrera.com/15102-el-imperialismo-aleman-se-rearma-y-amplia-su-reclutamiento).
Con una nueva ley, el Bundestag (Congreso) aprobó en enero de 2026 un proceso más ágil para la adquisición de material de defensa. Alemania apuesta a combinar desarrollos propios con compras puntuales en el extranjero. El plan integra una inversión de 355.000 millones de dólares hasta 2041 solo en material y 500.000 millones de dólares en infraestructura, con adquisiciones de tanques Leopard 2, vehículos Puma y Boxer, más de 5.000 unidades, aviones F-35, helicópteros, buques, submarinos y sistemas Arrow 3 y Patriot.
La realización de un sistema de defensa aérea eficaz se ha vuelto una prioridad. El objetivo es generar un escudo defensivo escalonado. El sistema de defensa Arrow 3 está creado para interceptar misiles balísticos en una fase muy temprana, incluso cuando aún se encuentran en el espacio. El IRIS-T SLM, un sistema de defensa aérea diseñado en Alemania, está preparado para derribar aviones, helicópteros, drones y misiles de crucero a distancias de hasta 40 kilómetros. El objetivo es crear, en estrecha coordinación con la OTAN, una sólida red defensiva capaz de hacer frente a amenazas a distintas alturas y distancias. Además, el ejército alemán ha encargado 20 nuevos cazas Eurofighter.
El desarrollo de drones por parte de start-ups alemanas como Helsing está captando mucha atención. Se están testeando, entre otros, sistemas de munición merodeadora: drones desechables con explosivos que patrullan una zona y atacan únicamente cuando reciben una orden específica. A su vez, se están llevando a cabo pruebas con enjambres de drones, en los que las tareas de reconocimiento, control y ataque están conectadas digitalmente. Los nuevos satélites de radar permitirán detectar movimientos en tierra incluso de noche o con mal tiempo. El ejército de tierra también es una prioridad, con la compra de 200 blindados Puma adicionales y una renovación a fondo de su artillería. Se espera que los nuevos obuses autopropulsados puedan cubrir distancias más largas. En el mar, la Marina amplía su capacidad operativa con nuevos helicópteros embarcados y aeronaves no tripuladas, pensadas para vigilar amplias zonas oceánicas y apoyar en la caza de submarinos. Por último, las compañías armamentísticas Rheinmetall y MBDA están trabajando en el desarrollo de innovadoras armas láser, destinadas entre otras cosas a la defensa frente a drones.
Los gobiernos están recortando el gasto social para financiar el rearme. Los investigadores del SIPRI advirtieron que el desvío de recursos nacionales supondrá recortes en los servicios sociales, la atención médica y la ayuda al desarrollo. En síntesis, la guerra imperialista mundial es una expresión del estallido de todas las contradicciones sociales del capitalismo.
En el ataque al gasto social, la coalición de democristianos y socialdemócratas ha llegado al acuerdo de reducir los gastos sanitarios en 38.000 millones de euros en 2030, mediante un plan que contiene un golpe al seguro sanitario y se suma al recorte de ayudas públicas y de las pensiones. El canciller Friedrich Merz, que apenas llegó al Gobierno declaró que el estado de bienestar alemán era “insostenible”, lo está recortando como no se hacía en este país desde la Agenda 2010 de Gerhard Schröder, en el año 2000.
Se acaba, por ejemplo, la gratuidad de la seguridad social para los cónyuges. La reforma incluye casos de dificultades para familias con varios hijos de hasta siete años, padres de niños discapacitados, pensionados y personas que cuidan de familiares dependientes. Pero quienes no cumplan estos requisitos tendrán que pagar una contribución mínima del 2,5 por ciento de los ingresos del cónyuge asegurado a partir del momento en que las medidas entren en vigor.
Suben además los copagos por medicamentos y hospitalización, además de cambios de reglas en la financiación que sobrecargarán a las Cajas del Seguro, las Krankenkassen, cuyo déficit se sitúan en torno a los 3.300 millones anuales. En su totalidad, el paquete de austeridad prevé un ahorro estatal de 19.300 millones de euros el próximo año. Para 2030, el ahorro total crecerá hasta 38.300 millones de euros, con el foco puesto en la reducción del gasto en consultas, clínicas y medicamentos.
El resultado se suma al cercenamiento de las ayudas públicas a los desocupados de tiempo prolongado y a la reforma de las pensiones, que, según ha declarado Merz recientemente, quedarán convertidas en una “cobertura básica” para la vejez y ya no serán suficientes para garantizar el nivel de vida a largo plazo.
Merz también planea podar la ayuda a más de 850.000 niños a los que sus padres no pagan la cuota alimentaria, reduciendo el límite de edad a los 12 años y dejando a los chicos de entre 12 y 18 con las manos vacías. El ahorro de esta medida, todavía por concretar, sería de alrededor de mil millones de euros y afectaría a un grupo de población que ya vive al límite: padres solteros justo por encima del límite de ingresos para recibir la prestación social básica.
La burguesía alemana argumenta que la natalidad ha caído a mínimos históricos mientras la población envejece rápidamente, lo que desemboca en el aumento en la presión sobre sanidad y pensiones. De lo que se trata, sin embargo, es de financiar la guerra mundial en beneficio del imperialismo alemán.
