Escribe Iara Bogado
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La humanidad se encuentra ante un nuevo capítulo de la llamada "conquista del espacio", pero despojada de cualquier halo de romanticismo científico. Bajo el lema “esta vez regresaremos para quedarnos”, la NASA inaugura una era de exploración que tiene como objetivo central la explotación de los recursos lunares y el establecimiento de una presencia sostenida en el satélite como plataforma de lanzamiento hacia Marte. Sin embargo, detrás de las promesas de avance colectivo y los mensajes de “amor” y “alegría” difundidos por tripulantes como Jeremy Hansen, se esconde una realidad mucho más escabrosa: la complicidad directa de los magnates tecnológicos al complejo militar-industrial en los conflictos bélicos actuales.
La fase Artemis III, que prevé el aterrizaje lunar de naves, está proyectada para concretarse hacia mediados de 2027. No obstante, la agencia espacial espera alunizar a partir de 2028 con la misión Artemis 4. Para cumplir estos hitos, la NASA ha encargado el desarrollo de los aterrizadores lunares a las empresas de Elon Musk y Jeff Bezos.
A diferencia de la cápsula Orion, desarrollada por la propia NASA, las naves de SpaceX y Blue Origin todavía no han demostrado ser capaces de volar a la Luna y acumulan años de retraso. El caso de la Starship de Musk es el más llamativo: a pesar de haber prometido enviar una flotilla a Marte para finales de 2026, la nave todavía no ha logrado alcanzar una órbita terrestre baja y ha encadenado explosiones en serie durante sus pruebas (El País, 15/04/2026). Mientras SpaceX trabaja en una versión adaptada del cohete Starship de gran escala, Blue Origin desarrolla el módulo Blue Moon Mark 2, con objetivos técnicos similares (La Nación, 1/05/2026).
La vinculación de Elon Musk con el aparato de defensa de los Estados Unidos ha dejado de ser una colaboración logística para convertirse en una integración operativa. Su empresa SpaceX desarrolla actualmente Starshield, una red de satélites de baja órbita destinada al espionaje y contratada por 1.800 millones de dólares con la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO). Este programa permite un control de reconocimiento tal que fuentes de inteligencia sentenciaron que “nadie podrá esconderse”. La tecnología de Musk ya es un activo decisivo en la guerra. El sistema Starlink proveyó comunicaciones vitales a las fuerzas ucranianas para organizar ataques de precisión con drones y permite neutralizar misiles antisatélites. Sin embargo, Musk utilizó este poder de forma discrecional: en 2023, saboteó un ataque de Ucrania contra la flota rusa en Crimea al ordenar la desconexión de internet para los drones submarinos. Además, el Pentágono ya utiliza tecnología láser de SpaceX para transmitir datos a la velocidad de la luz entre satélites militares, facilitando el seguimiento y derribo de misiles.
En este contexto, la visita de Musk a Israel para participar en la Smart Mobility Summit 2026 el próximo 18 de mayo (Israel económico, 30/04/2026) adquiere un carácter político y bélico central. El diálogo con Benjamín Netanyahu busca integrar las capacidades de inteligencia artificial de sus empresas con la infraestructura local para convertir a Israel en un laboratorio global de sus tecnologías (Israel económico, 30/04/2026).
Jeff Bezos, dueño de Amazon y Blue Origin, no se queda atrás en su vinculación con el Pentágono. Desde la administración Obama, Bezos fue invitado a la Junta de Innovación de Defensa para asesorar al Secretario de Defensa. Amazon Web Services (AWS) ya gestiona un contrato de computación en la nube de 600 millones de dólares para la CIA y busca capturar contratos multimillonarios adicionales con el Pentágono (Infobae, 5/3/2018).
La faceta más oscura de esta colaboración es el Proyecto Nimbus, un acuerdo de 1.200 millones de dólares entre Amazon, Google y el gobierno de Israel (Página 12, 23/04/2024). Trabajadores de estas empresas denuncian que el proyecto las convierte en cómplices de los conflictos armados y del trato ilegal que el gobierno israelí da a los civiles palestinos. El ejército israelí utiliza estos servicios en la nube para obtener ventajas significativas en la batalla (Wired, 15/04/2024).
Informaciones vinculan este entramado tecnológico con el software Lavender, que permite identificar blancos humanos para aniquilarlos sobre el terreno o en sus propias viviendas (Página 12, 23/04/2024). Gaby Portnoy, jefe de la Dirección Nacional Cibernética de Israel, ha definido este marco de colaboración como la "Cúpula de Hierro de la cibernética" (Wired, 15/04/2024). La respuesta de las empresas ante las protestas ha sido la represión, llegando a despedir a 28 trabajadores que exigían el cese del acuerdo con el estado sionista (Página 12, 23/04/2024).
La militarización del espacio que comenzó en la década de los 90 con el GPS ha alcanzado un nuevo estadio bajo el mando de los magnates tecnológicos. La Luna y Marte no son destinos científicos, sino objetivos en un mapa de reconocimiento y espionaje. Mientras la propaganda oficial habla de "amor" por el avance de la humanidad, las naves y satélites de Musk y Bezos se consolidan como herramientas para la identificación de blancos en genocidios en curso. La carrera espacial de 2026 es, en última instancia, el despliegue técnico de la barbarie imperialista sobre la Tierra que en su debacle no ofrece más que exterminio de pueblos enteros.
Fuentes:
https://www.pagina12.com.ar/730856-israel-google-y-el-uso-de-la-inteligencia-artificial-en-gaza/
