Granja Tres Arroyos: suspensiones, salarios en cuotas y la necesidad de organización obrera

Escribe Gabriel Meggiotto

Tiempo de lectura: 2 minutos

Desde el 9 de abril, los trabajadores de Granja Tres Arroyos vienen atravesando reducciones en la jornada laboral, suspensiones y retrasos en los pagos. La patronal ha pedido 180 días para sanear sus deudas. En menos de un mes, la crisis ha escalado y se expresa con mayor intensidad en la planta de Pinazo, en la localidad de Pilar, Buenos Aires.

Luego de que la patronal liquidara la deuda que tenía con los trabajadores, quienes cobran por quincena a través de un esquema en cuotas (cinco cuotas por quincena, para ser exactos), la patronal avanzó con la suspensión de los trabajadores del sector de prefritos en la planta. En Pilar solo trabajan de lunes a miércoles, en algunos casos un día menos. Los días que no trabajan son pagados en un 50 %, es decir, un proporcional en función de los días trabajados. Esto se expresa en el bolsillo, ya que los compañeros apenas pueden cubrir unos días de vida, haciendo que recurran a préstamos y tarjetas de crédito, endeudándose cada vez más.

En la semana del 27 de abril, los trabajadores de GTA Pilar nos han señalado que la situación salarial ha empeorado. De las cinco cuotas que debía pagar la patronal, ha pagado una y la mitad de otra. No se ha abonado el total de la cuota aún teniendo en cuenta que el pago de salarios de manera fragmentada ha sido una medida impuesta por la empresa con complicidad de la burocracia sindical. La crisis de Granja Tres Arroyos se carga sobre las espaldas de los trabajadores, aún teniendo en cuenta que es producto de un pésimo manejo administrativo por parte del grupo empresario que controla la firma.

En el resto del país, ha habido recortes y suspensiones. En la planta de Concepción del Uruguay se redujo un día de la jornada laboral para la faena en la misma semana que se redujo en Pilar. Ha ocurrido lo mismo en la planta de Capitán Sarmiento, donde se han pagado dos cuotas y media de la quincena y se encuentra en crisis eléctrica. En resumidas cuentas, esta orientación por parte del grupo empresario que controla Granja Tres Arroyos es nacional. Responde, a su vez, a una estrategía del conjunto de la clase capitalista, que consiste en llevar adelante una guerra en contra de los trabajadores y provocar un cambio en el régimen laboral para maximizar la producción y las ganancias. Con o sin reforma laboral, esta estrategía necesita liquidar al activismo obrero.

Como producto de este avance patronal en contra de los trabajadores, crece la necesidad de organización en el interior de la planta. Plantea, además, pensar en los métodos que se utilizarán para llevar adelante la lucha en favor de los trabajadores. En principio, una asamblea de base que reúna a los compañeros de la planta serviría para que los trabajadores discutan cómo derrotar a la patronal e imponer el 100 % del pago de salario. Una lucha progresiva tiene que llevar a los trabajadores a plantear el control total de la planta y de las finanzas de la empresa, la única salida es la organización de los trabajadores, independiente de la burocracia sindical, que le arranque todas sus reivindicaciones a la patronal.

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