Trump y Xi agudizan la disputa por el control del Canal de Panamá y los principales puertos del Pacífico

Escribe El Be

Tiempo de lectura: 4 minutos

A principios de mayo, Donald Trump promovió un pronunciamiento, junto a Paraguay, Bolivia, Costa Rica, Guyana, Trinidad Tobago y Panamá, contra "la presión económica específica de China y las recientes acciones que han afectado a los buques con bandera de Panamá". "Estas acciones", reseña el texto, se producen "tras la decisión de la Corte Suprema independiente de Panamá con respecto a las terminales de Balboa y Cristóbal”, en referencia al desalojo de la china Hutchinson de esos puertos y su adjudicación a firmas norteamericanas. En represalia, China ha retenido buques de bandera panameña en los puertos que controla a través de todo el mundo. “Según la Comisión Marítima Federal de Estados Unidos, China detuvo en marzo a casi 70 buques con bandera panameña, una cifra que 'supera con creces los niveles históricos'”, informa Al Jazeera (29/4).

Panamá opera el mayor registro abierto de barcos del mundo, casi el 18% de los barcos mundiales. El registro de buques es un negocio importante para Panamá. Muchos armadores eligen Panamá porque tiene uno de los registros marítimos más grandes del mundo y suele ofrecer bajos impuestos y regulaciones flexibles. La acción de China significa un ataque a nodos críticos de las redes logísticas panameñas y su registro de buques, haciendo valer el peso de los puertos chinos, que incluyen, dentro de una extensa red portuaria, a siete de los diez puertos de contenedores más activos del mundo. En

Escalada

La escalada en el conflicto no es un asunto de segundo orden en la disputa mundial. El cierre del estrecho de Ormuz ha desnudado la importancia por el control de los pasos marítimos navegables como parte de la estrategia de guerra. Por el canal de Panamá transita aproximadamente el 5% del comercio marítimo mundial.

El presidente panameño, José Raúl Mulino, ha reclamdo el cese de las detenciones de buques. Estados Unidos aseguró que "sigue de cerca" las “acciones de represalia” de China. El secretario de Estado, Marco Rubio, posteó que “Estados Unidos está con Panamá contra cualquier acción de represalia contra su soberanía y siempre apoyará a nuestros socios ante la intimidación”. La bandera de la “soberanía” mal puede disimular que Estados Unidos convirtió a Panamá en un protectorado norteamericano. Además de obtener la firma de los presidentes derechistas Santiago Peña, de Paraguay, y Rodrigo Paz, de Bolivia, para suscribir el comunicado, consiguió pronunciamientos similares por parte de los gobiernos de Honduras, Perú, Costa Rica y Chile, y de Israel y Ucrania. Más recientemente, Portugal anunció su futura adhesión al Protocolo del Tratado de Neutralidad Permanente y Funcionamiento del Canal de Panamá, lo que es un intento de neutralidad ante los hechos consumados por Trump⁣. Javier Milei no ha suscripto el comunicado promovido por Trump debido a la necesidad de volver a renovar el swap de Argentina con China.

El presidente de la Cámara Marítima de Panamá, René Gómez, ha denunciado a China por llevar el registro marítimo panameño a un “momento crítico”. Apenas una semana después, el presidente de Israel, Isaac Herzog, visitó Panamá y firmó un acuerdo conjunto para “ampliar y reforzar su Tratado de Libre Comercio” y acuerdos de cooperación y asesorías en temas de manejo y tratamiento de agua, ciberseguridad, seguridad hídrica, logística y tecnología, entre otros. Según Infobae (6/5), “hace unos días, el canciller panameño sostuvo una conversación telefónica con su homólogo del Estado de Israel, Gideon Sa’ar, en medio de un contexto internacional marcado por tensiones en el Medio Oriente”. La agenda del presidente israelí continuó en Costa Rica, otro de los firmantes del comunicado de Trump, donde participó de la toma de posesión de la presidenta electa Laura Fernández Delgado, en una “agenda regional [que] busca reforzar la presencia diplomática de Israel en América Latina y ampliar su red de cooperación política, económica y tecnológica” (ídem).

Según el portal China en las Américas, “la decisión sobre los puertos [expulsión de China] no se tomó de forma aislada. Formó parte de un distanciamiento más amplio respecto a China. Durante el mismo periodo, Panamá también decidió retirarse de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, dando marcha atrás en algunos proyectos clave de infraestructura respaldados por China, y adoptó legislación que impedía el despliegue de tecnología china en ciudades clave”. Algunos analistas aseguran que Estados Unidos ahora pretende exportar el “modelo Panamá” de expulsión de China al resto del continente; es decir, desmantelar la infraestructura china y desplazar sus intereses estratégicos mediante el uso de los marcos legales locales y presiones de seguridad hemisférica. China canalizó las actividades que realizaba en Panamá principalmente a través del megapuerto de Chancay en Perú, del cual son propietarios parciales. Pero aún así no logra compensar la importancia del Canal de Panamá. “Algunos argumentan que el suceso puso de relieve una brecha estructural en la red logística de China: aunque Chancay es una alternativa en el Pacífico, China carece de un equivalente en el lado atlántico”, (ídem). Con su expulsión de Panamá, algunos analistas sugieren que China “podría redirigir su navegación desde el Atlántico Sur -principalmente Brasil, Argentina y Uruguay- a través de una ruta alternativa que transite por el Cabo de Buena Esperanza, el Océano Índico y el Estrecho de Malaca” (ídem).

Estados Unidos tiene en miras las actividades de China en el resto del continente. “Tres nodos logísticos clave (Chancay, Lázaro Cárdenas y Paranaguá) muestran los mismos focos rojos que parpadearon en Panamá antes del colapso de la concesión de Hutchison [en el Canal]” (ídem). En relación al puerto de México (Puerto de Lázaro Cárdenas), donde opera justamente uno de los gigantes chinos expulsados de Panamá (Hutchison), y que es clave en la logística de semiconductores y de la industria automotriz, está programada para dentro de dos meses la revisión del T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), donde el lugar de China va a ser el primer punto de la negociación. En Perú, en el megapuerto de Chancay, el gigante naviero estatal chino COSCO mantiene la exclusividad de servicios y Perú se encuentra en un ajustadísimo recuento del ballotage presidencial que es clave para la ofensiva norteamericana contra China. El Puerto de Paranaguá, el segundo mayor puerto de Brasil, es el puerto de graneles más grande de América Latina y el puerto de exportación de productos agrícolas más grande del país. Recientemente fue noticia porque China acaba de realizar el mayor desembarque de vehículos jamás registrada por el puerto, con la importación de 5.000 vehículos. Allí, la empresa china China Merchants Port (CMP) adquirió el 90 por ciento del Terminal de Containers de Paranaguá (TCP) por 30 años. Lula acaba de volver de Washington por una reunión bilateral con Trump, donde se discutió la cuestión del comercio (Estados Unidos mantienen las sanciones comerciales contra Brasil) y la injerencia del país del norte en la región.

China se ha convertido en el principal socio comercial de la mayoría de los países de América Latina y tiene asentadas gigantescas inversiones en infraestructura, minería y energía, además de ser un mercado de importación privilegiado para los productos de la región.

Suscribite al canal de WhatsApp de Política Obrera