Escribe Analía Reiynoso
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Las recientes elecciones del SUTEBA se desarrollaron bajo el signo de una profundización sin precedentes de la crisis que atraviesa la docencia bonaerense y el conjunto de la clase trabajadora. El ajuste descargado sobre educación, salud y discapacidad, los despidos, suspensiones, cierres de empresas y tarifazos, junto a la pulverización del salario, la sobrecarga laboral, el deterioro edilicio y el vaciamiento del IOMA, constituyeron el cuadro político y social de una elección que reflejó un creciente malestar de base contra la burocracia sindical.
A nivel provincial, la burocracia Celeste retuvo la conducción, pero lo hizo acusando un retroceso político significativo. La pérdida de distritos importantes y, sobre todo, el alto nivel de abstención puso de manifiesto el desgaste de una dirección que ha subordinado completamente el sindicato a la defensa del gobierno de Axel Kicillof, actuando como un engranaje del ajuste y no como una herramienta de organización y lucha de la docencia.
En Campana, este proceso se expresó con nitidez. Sobre un padrón cercano a los 600 afiliados votaron apenas 327 docentes. Este dato no expresa apatía sino una profunda crisis de representación sindical. La abstención revela el vaciamiento político de un sindicato cuya conducción ha dejado pasar una pérdida salarial superior al 60% del poder adquisitivo en poco más de dos años, sin convocar una sola medida de lucha consecuente ni abrir instancias reales de deliberación en las escuelas.
En este cuadro, la presentación de una lista opositora luego de décadas sin alternativa constituyó un hecho político de primer orden. La participación de la lista Naranja-Marrón significó la irrupción de una referencia clasista en el distrito, levantando un programa de independencia política frente a la adaptación completa de la burocracia Celeste al poder estatal.
Nuestra campaña se desarrolló en condiciones profundamente desiguales. La dirección oficialista utilizó todas las prerrogativas que le otorga su control del aparato sindical: acceso exclusivo al padrón, utilización de recursos y licencias gremiales y, según denunciaron compañeras, prácticas de presión y hostigamiento contra integrantes de nuestra lista y activistas de espacios autoconvocados.
Frente a ello, la campaña de la Tendencia Docente Clasista se apoyó exclusivamente en la militancia política y la difusión de un programa basado en los reclamos más sentidos de la docencia: salario igual a la canasta familiar -hoy superior a los $2.800.000-, aumento de emergencia del 100%, defensa del IOMA bajo dirección de sus trabajadores y afiliados, mejores condiciones laborales y edilicias, asambleas por escuela, autoconvocatorias y la preparación de una huelga por tiempo indeterminado para quebrar el ajuste.
El 13% conquistado por la lista Naranja-Marrón representa mucho más que un porcentaje electoral. Constituye un punto de apoyo político para desarrollar una oposición clasista en Campana. Expresa que un sector de la docencia comienza a sacar conclusiones frente al fracaso de la Celeste y busca una referencia de lucha e independencia de clase.
La elección dejó planteada la existencia de una tendencia, todavía embrionaria pero real, de cuestionamiento a la burocracia sindical. El proceso de desafiliaciones, el malestar generalizado y la receptividad encontrada en decenas de escuelas indican que se abre una posibilidad concreta para disputar políticamente a una dirección agotada.
El desafío inmediato es transformar este avance electoral en una construcción orgánica y permanente. Esto exige intervenir en todos los conflictos que atraviesan a la docencia del distrito: la violencia creciente en las escuelas, el cobro del peaje a las compañeras de Isla Talavera, la falta de pago a auxiliares, el vaciamiento del IOMA y cada expresión concreta del ajuste sobre la educación pública.
La preparación de una actividad política de presentación oficial de la Tendencia Docente Clasista aparece, en este sentido, como un paso necesario para consolidar esta experiencia y ampliar una referencia de lucha entre la docencia campanense.
El balance es claro: sin aparato, sin recursos y enfrentando maniobras del oficialismo, la Tendencia Docente Clasista dio en Campana un primer paso en la reconstrucción de una oposición de clase. La tarea que se abre ahora es convertir ese avance inicial en una fuerza organizada capaz de disputar la dirección política del sindicato y poner en pie un SUTEBA al servicio de la lucha docente y no de la contención del ajuste.
